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Algunos estadounidenses no tienen acceso a la telemedicina, muestra un estudio

Algunos estadounidenses no tienen acceso a la telemedicina, muestra un estudio

MIÉRCOLES, 6 de enero de 2021 (HealthDay News) -- La telemedicina se expandió con rapidez durante la pandemia de la COVID-19, a medida que las personas recurrían a sus teléfonos y computadoras en lugar de salir de sus hogares en busca de atención de la salud.

Pero algunos grupos de personas se quedaron atrás en el auge de la telemedicina, informa un estudio reciente.

Las personas de mediana edad y las mayores son mucho menos propensas a completar sus visitas de telemedicina programadas, además de los recipientes de Medicaid y aquellos cuyo primer idioma no es el inglés, apuntaron los investigadores.

Muchos grupos tampoco pueden participar en las videoconsultas, lo que incluye a las personas de mediana edad y mayores, las mujeres, los negros e hispanos, y los que tienen unos ingresos familiares más bajos, según los autores del estudio.

La pandemia ha revelado una "división digital" en la atención de telemedicina, en que algunas personas no pueden aprovechar del todo el servicio porque carecen de acceso a la tecnología o les resulta demasiado compleja, comentó el investigador principal, el Dr. Srinath Adusumalli, cardiólogo y profesor asistente de medicina clínica del Hospital de la Universidad de Pensilvania, en Filadelfia.

"Gran parte de la atención que históricamente hemos administrado de forma presencial se puede prestar a través de la telemedicina, y por tanto creo que la telemedicina se mantendrá", dijo Adusumalli. "Ahora, nuestra meta es comenzar a refinar ese proceso".

En este estudio, Adusumalli y sus colaboradores evaluaron los expedientes de casi 150,000 pacientes que programaron consultas de telemedicina en Penn Medicine entre mediados de marzo y mediados de mayo de 2020, en el pico de la primera ola de la pandemia.

Apenas un 54 por ciento de los que programaron una consulta de telemedicina en realidad la completaron, encontraron los investigadores.

Además, solo alrededor de un 46 por ciento de los que usaron telemedicina realizaron una consulta a través de video, que en general se considera lo mejor, apuntó Adusumalli. Los demás realizaron consultas telefónicas.

La edad tuvo mucho que ver con si una persona completaba o no una visita de telemedicina o usaba video durante su visita.

  • Las personas de 55 a 64 años tenían un 15 por ciento menos de probabilidades de completar una visita, y un 21 por ciento menos de probabilidades de usar video.
  • Las personas de 65 a 74 años tenían un 25 por ciento menos de probabilidades de completar una consulta de telemedicina, y un 22 por ciento menos de probabilidades de usar video.
  • Los adultos mayores de a partir de 75 años tenían un 33 por ciento menos de probabilidades de participar en la telemedicina, y un 51 por ciento menos de probabilidades de intentarlo con video.
  • Las personas que no hablaban inglés tenían un 16 por ciento menos de probabilidades de completar una visita de telemedicina, y las personas con Medicaid tenían un 7 por ciento menos de probabilidades, mostraron los hallazgos.

También se observó un menor uso del video entre las mujeres (un 8 por ciento menos de probabilidades), los negros (un 35 por ciento), los hispanos (un 10 por ciento) y las familias con unos ingresos bajos (un 43 por ciento menos de probabilidades si los ingresos familiares eran inferiores a los 50,000 dólares).

Los hallazgos se publicaron en una edición reciente en línea de la revista JAMA Network Open.

El video permite a los médicos examinar visualmente a los pacientes, comprobar su ambiente y ver directamente qué medicamentos toman o los resultados de dispositivos de automonitorización como los esfigmomanómetros o los glucómetros, aclaró Adusumalli.

"El saber común es que el video siempre es mejor, pero creo que es mejor en ciertas situaciones críticas", planteó Adusumalli. "He realizado muchas visitas de telemedicina, y estoy de acuerdo en que el video enriquece el encuentro. Permite conectar más con el paciente".

Adusumalli cree que varios factores podrían contribuir a la brecha en el acceso a la telemedicina.

Muchas personas no tienen acceso a un buen servicio de banda ancha, ya sea a través de cable o inalámbrico, o quizá tengan un teléfono o una computadora sin capacidad de video, indicó.

Otros podrían carecer de la capacidad técnica para instalar un programa o aplicación de telemedicina en su dispositivo, registrarlo y utilizarlo de forma adecuada.

"Los sistemas que usamos deben ser lo más sencillos posible", añadió.

Adusumalli anotó que el proveedor de video de su hospital ha refinado el software hasta el punto en que las personas no necesitan descargar una aplicación. Al contrario, pueden acceder a la telemedicina directamente desde el navegador de internet de su computadora o teléfono.

"Esto elimina otra barrera, y esperamos que aumente la accesibilidad de las videoconsultas", comentó Adusumalli.

Las visitas de telemedicina conformaron más o menos un 35 por ciento de todas las visitas de atención primaria entre abril y junio, según un estudio de Johns Hopkins que se publicó en la edición de octubre de la revista JAMA Network Open.

"En general, los pacientes lo encuentran conveniente", aseguró Adusumalli. "No hay que pagar parqueo. No hay que pedir tiempo libre en el trabajo. No hay que buscar a alguien que cuide a los niños".

Pero la presidenta del Colegio Americano de Médicos (American College of Physicians), la Dra. Jacqueline Fincher, no está del todo complacida con el cambio a la telemedicina.

"Sin duda, la telesalud no es ideal. No supera a nada, pero en términos de intentar de verdad evaluar a los pacientes, sobre todo los que tienen problemas de salud crónicos, lo hace más difícil", señaló Fincher, que es proveedora de atención primaria en la parte rural de Georgia.

El video ayuda en una evaluación de telemedicina, dijo Fincher, pero añadió que muchas personas en las áreas rurales simplemente no tienen el acceso a la banda ancha o a un dispositivo con una buena cámara.

"En la práctica privada, conocemos a nuestros pacientes. Hace mucho que están con nosotros. Cuando a mi paciente no le va bien y hace 30 años que lo trato, puede verlo y saber que no le va bien o que está enfermos", dijo Fincher respecto al video.

Pero es probable que los dispositivos de automonitorización, como los esfigmomanómetros o los glucómetros y las básculas precisas sean incluso más importantes para administrar una buena atención remota, planteó.

"Cada día de mi vida trato a la hipertensión, la diabetes y la insuficiencia cardiaca, y contar con esos dispositivos de automonitorización es extremadamente útil para ayudar a determinar lo que debemos resolver", enfatizó Fincher.

Las compañías aseguradoras deberían cubrir el costo de estos servicios, que pueden ayudar a evitar las emergencias médicas entre las personas con afecciones crónicas, añadió.

"Con una sola visita a emergencias se destruye un presupuesto", dijo Fincher. "Si evita una visita a emergencias, ya hay cientos de monitores de la presión arterial pagos".

Más información

La AARP ofrece más información sobre el uso de la telemedicina.

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com


FUENTES: Srinath Adusumalli, MD, MSc, cardiologist and assistant professor, clinical medicine, Hospital of the University of Pennsylvania, Philadelphia; Jacqueline Fincher, MD, president, American College of Physicians; JAMA Network Open, Dec. 29, 2020, online

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