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La 'hormona de la felicidad' no alivia el autismo de los niños, encuentra un estudio

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JUEVES, 14 de octubre de 2021 (HealthDay News) -- A pesar de los indicios en la investigación inicial, un nuevo ensayo clínico no encuentra ninguna evidencia de que los niños con autismo se beneficien de aerosoles nasales que contienen la hormona del "amor", la oxitocina.

Los investigadores dijeron que los hallazgos son decepcionantes.

Pero señalaron que el estudio también ofrece una información importante: algunos padres de niños con autismo ya utilizan aerosoles nasales de oxitocina con la esperanza de que respalden el desarrollo social de sus hijos.

Esta esperanza se vio fomentada por los hallazgos positivos de algunos estudios de tamaño reducido, que evaluaron versiones sintéticas de la oxitocina, que es una hormona natural del cuerpo que respalda a la vinculación, ya sea entre madre e hijo o en la pareja.

Pero el nuevo ensayo encontró que, a lo largo de seis meses, los niños que recibieron oxitocina no mostraron mayores avances en sus capacidades sociales que los que recibieron un aerosol nasal de placebo.

"La conclusión de este estudio es que, cualquiera que sea el beneficio que los padres pudieran observar con estos aerosoles nasales, es probable que no se relacionen con la oxitocina", comentó la investigadora principal, la Dra. Linmarie Sikich. "Es probable que se relacione con otras cosas en el ambiente del niño".

La buena noticia es que no aparecieron problemas de seguridad durante el ensayo, apuntó Sikich, profesora asesora asociada de la Facultad de Medicina de la Universidad de Duke en Durham, en Carolina del Norte.

"Los padres que han usado oxitocina no deben preocuparse de que haya hecho daño", anotó.

Lamentablemente, apuntó Sikich, "no hubo evidencias de que sea útil".

Los hallazgos se publicaron en la edición del 14 de agosto de la revista New England Journal of Medicine.

El autismo es un trastorno cerebral del desarrollo que afecta a alrededor de uno de cada 54 niños en Estados Unidos, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU.

El trastorno es complejo y varía mucho de una persona a otra. Pero un denominador común es que las personas con autismo presentan, en diversos grados, dificultades con la comunicación y la interacción social.

La terapia conductual, sobre todo cuando se comienza a una edad temprana, puede ayudar a los niños a desarrollar habilidades sociales, comentó el Dr. Daniel Geschwind, profesor de genética, neurología y psiquiatría de la Universidad de California, en Los Ángeles.

"La mayoría de los niños responden", aseguró, "pero no todos. Y la respuesta es dramática solo en algunas personas".

La idea básica subyacente de la administración de la oxitocina es que podría facilitar una mejor respuesta a las intervenciones conductuales, según Geschwind, autor de un editorial que se publicó con el estudio.

No está convencido de que el ensayo signifique el final de la oxitocina como una opción para el autismo. Por un lado, dijo, el estudio no emparejó el tratamiento con la terapia conductual.

"La oxitocina tiene una vida media corta en el cuerpo", aclaró Geschwind. "Y sus efectos depende de la situación en que está la persona".

Comparó administrar oxitocina sin una terapia conductual bien coordinada con un deportista que tome esteroides sin hacer entrenamiento de fuerza.

En el ensayo participaron 290 niños y adolescentes con autismo de 3 a 7 años, que se asignaron al azar para que usaran un aerosol de oxitocina o de placebo, hasta dos veces al día, durante seis meses.

Se permitió que todos los participantes del estudio continuaran cualquier terapia conductual o medicamento que estuvieran recibiendo antes del ensayo.

Durante el estudio, los padres completaron unos cuestionarios estándar sobre la conducta de sus hijos, lo que incluye las interacciones sociales. El equipo de Sikich encontró que, en promedio, los niños de ambos grupos del estudio mostraron una mejora en sus habilidades sociales con el tiempo... pero no hubo ninguna diferencia entre los grupos.

Un estudio anterior había apuntado a un factor que podría ser crucial: el nivel inicial de oxitocina en la sangre de los niños. Es decir, quizá la oxitocina sintética solo ayude cuando los niveles naturales son bajos.

Pero Sikich dijo que su equipo no encontró evidencias de que el aerosol nasal funcionara mejor en los pacientes del estudio que tenían unos niveles más bajos de oxitocina. También es posible que la táctica pudiera ser más efectiva a principios del desarrollo de los niños. Pero una vez más, apuntó Sikich, los hallazgos no fueron distintos en los niños más pequeños del ensayo.

Sin embargo, añadió que no se puede concluir nada sobre el uso de la oxitocina antes de los 3 años.

Geschwind apuntó a la complejidad del autismo, lo que incluye la variedad de genes vinculados con el trastorno. Anotó que ciertas mutaciones genéticas se han vinculado con unos niveles bajos de oxitocina.

Ningún tratamiento en particular será efectivo para un trastorno cerebral tan complejo, enfatizó Geschwind. "Es como esperar que todos los tipos de cáncer respondan a la misma terapia", explicó.

Pero es posible que la oxitocina, en conjunto con la terapia conductual, pueda ayudar a algunos niños con autismo, según Geschwind. Dijo que espera que los ensayos futuros evalúen el método en unos grupos con una definición más estricta.

No hay aerosoles de oxitocina aprobados para el tratamiento del autismo. Pero su uso no se ha prohibido. Algunos padres pueden comprarla en línea, comentó Sikich, mientras que en otros casos un médico podría recetarla y se obtiene a través de una farmacia de compuestos magistrales, que provee la oxitocina en forma de aerosol nasal.

Más información

El Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de EE. UU. ofrece más información sobre el autismo.

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

FUENTES: Linmarie Sikich, MD, associate consulting professor, department of psychiatry and behavioral sciences, Duke University School of Medicine, Durham, N.C.; Daniel Geschwind, MD, PhD, professor, human genetics, neurology and psychiatry, David Geffen School of Medicine, University of California, Los Angeles; New England Journal of Medicine, Oct. 14, 2021

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