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La atención de la salud tras la COVID: un nuevo enfoque en las enfermedades infecciosas

La atención de la salud tras la COVID: un nuevo enfoque en las enfermedades infecciosas


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MARTES, 16 de febrero de 2021 (HealthDay News) -- Cuando la ciudad de Nueva York era el epicentro de la pandemia del coronavirus la primavera pasada en Estados Unidos, el hospital cercano Mount Sinai South Nassau trataba a más de 400 pacientes con COVID-19 a la vez, recuerda el Dr. Aaron Glatt.

Durante años, los expertos en enfermedades infecciosas habían advertido sobre el potencial de otra pandemia, pero la escala de esta pandemia no tiene precedentes, según Glatt, jefe de enfermedades infecciosas y epidemiólogo del hospital.

Desde entonces, los expertos han provisto directrices sobre el uso de las máscaras, el lavado de las manos y el distanciamiento social, mientras que muchos negocios y escuelas han pasado al mundo virtual para frenar la propagación de la enfermedad.

Han cambiado muchas cosas, ¿pero la pandemia ha cambiado a las personas permanentemente?

Si el hecho de sobrevivir a la crisis de la COVID puede cambiar la forma en que los estadounidenses abordarán a las futuras pandemias sigue siendo una pregunta abierta.

"Ciertamente es mi esperanza", dijo Glatt. "Creo que uno se da cuenta de la seriedad de una pandemia cuando la ve".

"Pienso que el público quizá se haya dado cuenta de que aunque de algunas formas tenemos una tecnología muy avanzada, un sencillo bloqueo (lavarse las manos, usar máscaras y el distanciamiento social) puede ser mucho más efectivo que algunas de las cosas de alta tecnología que siempre pensamos que resolverán todos nuestros problemas", añadió.

Glatt sí considera que algunas conductas podrían durar más que otras. Quizá en el futuro haya un rol para el uso de máscaras, después de que la COVID-19 esté bajo control, pero quizá sea en un metro hacinado durante la temporada de gripe, y no mientras uno camina por la calle, apuntó.

Las personas quizá sean más conscientes de que no deben ir al trabajo si están enfermas, dijo Glatt.

Ahora, la mayoría de las personas comprenden mejor cómo se comparte una enfermedad respiratoria, lo que tiene unas implicaciones tremendas para otras enfermedades infecciosas, como la gripe, planteó Glatt.

"Creo que las personas entenderán mejor la forma en que las bacterias y los virus se pueden propagar mediante el contacto a través de la ruta oral-fecal", dijo Glatt. "Pienso que las personas se lavarán las manos mejor, al comprender que el hecho de que algo sea invisible no significa que no se puede transmitir".

Unos nuevos hábitos

Una encuesta nacional del Centro Médico Wexner de la Universidad Estatal de Ohio, publicada la semana pasada, encontró que un 90 por ciento de los 2,000 estadounidenses encuestados planificaban continuar con un lavado de manos y un uso de desinfectante frecuentes después de que la pandemia pase. Más o menos un 80 por ciento dijeron que seguirían evitando las multitudes. Alrededor de un 72 por ciento seguirían usando máscaras en público.

La encuesta sugirió que estas conductas ayudarían a las personas con la ansiedad al volver a los espacios públicos.

Uno de los ejemplos más claros sobre cómo tomar medidas para proteger de las enfermedades infecciosas es efectivo es el impacto de esta conducta en los casos de gripe en esta temporada.

La curva está plana, aseguró la Dra. Courtney Gidengil, investigadora sénior de políticas de los médicos de RAND Corp., y médica experta en enfermedades infecciosas pediátricas de Boston. Incluso en una temporada de gripe retrasada, ya debería haber más casos, dijo.

También hay menos casos del virus sincitial respiratorio (VSR), una infección común de la niñez, añadió Gidengil.

"Estoy segura de que el público también se está dando cuenta", dijo. "No es difícil percibir la conexión entre esto y que quizá las personas consideren las máscaras de una forma distinta después de esto, cuando vean que sus hijos no enferman con tanta frecuencia".

Las conductas cambiantes en respuesta a esta situación podrían significar que los padres quizá sean menos propensos a mandar a sus hijos a la escuela cuando tengan síntomas de una enfermedad, y que estén más dispuestos a confrontar a otros cuando lo hagan, dijo Gidengil, y anotó que esto requeriría una red de soporte que no existe ahora para las familias que trabajan.

La concienciación de los niños también ha cambiado.

"Es probable que veamos una generación futura que crezca con unas ideas muy arraigadas y distintas sobre cómo mantenerse sanos y evitar las infecciones, para bien y para mal", dijo Gidengil. "Supongo que la pregunta es qué tanto durarán esos efectos a largo plazo".

Antes de que se desarrollara la vacuna contra la polio en los años 50, los brotes cambiaron los hábitos de las personas, pero esto no duró para siempre, apuntó Gidengil. Hay una tendencia a que esa conciencia hiperactiva desaparezca.

"Por otro lado, vivimos en una época muy distinta, con los medios sociales y la amplificación de la mensajería", indicó Gidengil. "Muchas de esas cosas de verdad afectan a los niños de formas muy prominentes. Están en un periodo muy formativo de sus vidas".

Decisiones sobre las vacunas

A finales de la semana pasada, Estados Unidos tenía más de 27 millones de casos de COVID-19 y más de 470,000 muertes, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU.

Pero las personas ya ven el camino para salir de la pandemia.

En Estados Unidos ya se han administrado más de 46 millones de dosis de las vacunas de Pfizer y Moderna, y una tercera vacuna, de Johnson & Johnson, está esperando la revisión para el uso de emergencia de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de EE. UU.

Para algunos, la renuencia a las vacunas y el sentimiento antivacunas continúan. No es probable que vivir una pandemia cambie las actitudes de las personas que son firmemente antivacunas, comentó el Dr. Paul Offit, director del Centro de Educación sobre las Vacunas y médico tratante de la división de enfermedades infecciosas del Hospital Pediátrico de Filadelfia.

Offit apuntó a una protesta reciente en el Estadio de los Dodger, en Los Ángeles, donde los manifestantes bloquearon la entrada para prevenir que otras personas se pusieran la vacuna.

"Esto le dice a uno todo lo que hay que saber sobre el movimiento antivacunas. Por más que hablen sobre permitir a las personas tomar decisiones informadas, básicamente estaban decidiendo por las personas que intentaban vacunarse para prevenir una pandemia letal", lamentó Offit.

Pero estos últimos meses podrían tener un impacto en las personas que solo se muestran escépticos ante las vacunas.

"Las personas están desesperadas por esta vacuna. Ven esta vacuna como lo que es: una forma de salir de esta pandemia", enfatizó Offit.

"Si no aprendemos de esta pandemia, no sé qué podría hacer que aprendamos", añadió. "Este virus nos ha pulverizado".

Una encuesta de Gallup publicada la semana pasada encontró que alrededor de un 71 por ciento de los adultos estadounidenses afirman ahora que están dispuestos a vacunarse. Este representa un aumento respecto a un 50 por ciento en septiembre, antes de que hubiera alguna vacuna disponible.

La política, que ha afectado a las conductas de los estadounidenses, desde el uso de las máscaras hasta el distanciamiento social, también tuvo cierto impacto en la disposición a recibir la vacuna. La encuesta encontró que un 91 por ciento de los demócratas expresaron estar dispuestos a vacunarse, mientras que apenas un 51 por ciento de los republicanos lo hicieron.

Gidengil dijo que ve paralelismos entre la vacuna contra la COVID-19 e investigaciones anteriores sobre la aceptación de la vacuna contra la H1N1 durante esa pandemia de 2009. La RAND encontró que el mayor factor de predicción de si una persona recibió la vacuna fue si había recibido una vacuna contra la gripe en los años anteriores.

"Encontramos que, en general, cuando alguien se vacuna, esto se convierte en parte de su conducta", aseguró Gidengil. "No sabemos el motivo exacto, pero es probable que sea por sentirse cómodo con la experiencia".

Inversiones futuras

En 2018, antes de la COVID, Gidengil fue autora de un artículo de RAND que preguntaba "¿Estados Unidos debe fortalecer el sistema de atención para las enfermedades infecciosas?".

Los autores concluyeron que había una necesidad imperiosa de un sistema de atención como ese, porque la infraestructura de salud pública había sido desmantelada y sus fondos recortados en Estados Unidos, apuntó Gidengil.

"Es difícil realizar esas inversiones cuando no se puede ver un retorno inmediato, pero creo que esto podría aclarar por qué dichas inversiones valen la pena", argumentó Gidengil.

Hasta 2020, la memoria colectiva de los estadounidenses sobre la amenaza de las enfermedades infecciosas se estaba perdiendo. Antes de la COVID-19, la experiencia más reciente del país de una pandemia fue durante el brote de gripe H1N1 en 2019, que acabó con las vidas de unas 12,500 personas en Estados Unidos en un año, según los CDC. La devastadora pandemia de influenza de 1918-1919 fue mucho más letal, pero también sucedió mucho antes.

En 2014, el ébola alcanzó proporciones epidémicas en África occidental, pero solo cuatro personas fueron diagnosticadas con la enfermedad en Estados Unidos, según los CDC.

Pero entonces llegó la COVID-19. La pandemia del nuevo coronavirus ya ha "tocado a la vida de cada persona de alguna forma", aseguró el Dr. Amesh Adalja, experto sénior del Centro de Seguridad de la Salud Johns Hopkins, en Baltimore. "Ha alterado a cada aspecto de la vida moderna. Creo que se dan cuenta de que es importante pensar sobre la amenaza de las enfermedades infecciosas, no como algo de una época pasada, sino como algo que es un peligro inminente".

Adalja espera que las personas hayan desarrollado un respeto por sus agencias de salud pública locales, y lo que hacen para mantener a las personas sanas, y que presionen para que tengan los recursos que necesitan.

También le gustaría ver a las personas insistir en que el gobierno federal tenga un método más sostenible para combatir a las amenazas de enfermedades infecciosas.

"Creo que la mayor lección es que se trata de algo respecto a lo que se debe exigir que el gobierno tenga competencia, porque cuando se observa la pandemia, la mayor historia es que es un fracaso del gobierno", advirtió Adalja. "Creo que debe ser algo que el estadounidense promedio encuentre intolerable, y que demande una solución, y que se responsabilice a las personas que cometieron eso errores".

Más información

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. ofrecen una amplia información sobre la COVID-19.

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

FUENTES: Aaron Glatt, MD, chief, infectious diseases, and epidemiologist, Mount Sinai South Nassau, Oceanside, N.Y.; Courtney Gidengil, MD, senior physician policy researcher, RAND Corp., Boston; Paul Offit, MD, director, Vaccine Education Center, and attending physician, division of infectious diseases, Children's Hospital of Philadelphia; Amesh Adalja, MD, senior scholar, Johns Hopkins Center for Health Security, Baltimore; "Does the United States Need to Strengthen the System of Care for Infectious Diseases?", RAND Corp., 2018; "Survey: Most Americans Say They'll Continue Health Precautions After COVID-19," Ohio State University Wexner Medical Center, Feb. 6, 2021; American Journal of Public Health, Feb. 16, 2012; "Two-Thirds of Americans Not Satisfied With Vaccine Rollout," Gallup poll, Feb. 10, 2021

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