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'¿Qué me está pasando?' Los sobrevivientes jóvenes a la COVID luchan contra síntomas persistentes

The Speals: Olivia, David, Jennifer and Natalie
The Speals: Olivia, David, Jennifer and Natalie


MARTES, 23 de febrero de 2021 (HealthDay News) -- Ya hace casi un año que David Speal, de 38 años, enfermó inicialmente de COVID-19, pero un latido cardiaco acelerado sigue siendo un recordatorio regular de su enfrentamiento con el nuevo coronavirus.

La más mínima cosa (no comer en el momento adecuado, no beber suficiente agua, hacer demasiado ejercicio, un encuentro estresante) hace que el pulso de Speal se dispare a incluso 150 latidos por minuto.

"Mi sistema nervioso autonómico está descontrolado del todo. No puedo controlar mi respuesta de lucha o huida", comentó el residente de la ciudad de Nueva York. "Ya no soy dueño de mi vida".

La COVID-19 es un virus respiratorio, pero se ha hecho notorio porque produce el tipo de problema de salud a largo plazo que en general no se asocia con el resfriado común o la gripe, señalan los expertos.

Ha habido una "gran constelación de síntomas" vinculados con la COVID-19 que pueden persistir durante meses después de que una persona se recupera, comentó la Dra. Allison Navis, directora de la clínica de neurología de la Escuela de Medicina Icahn de Mount Sinai, en la ciudad de Nueva York.

Los expertos han encontrado que esos síntomas "persistentes" abarcan desde lo físico hasta lo psicológico.

Por ejemplo, Mark Robbins se queja de una fatiga y unas lagunas mentales continuas tras su episodio de COVID, que lo llevó al hospital durante tres semanas y requirió ventilación mecánica para que siguiera respirando. Pero también está afrontando cierto estrés postraumático.

"A veces es la memoria a corto plazo. A veces es sentirme estresado por una situación", comentó Robbins, de 49 años, asesor financiero de Fishers, Ind. "Sin duda hay fatiga. Mi esposa diría que no estoy tan bien como pienso, que es probable que todavía necesite descanso, aunque no lo crea. Al final del día, estoy bastante agotado".

Y esos síntomas a largo plazo no se limitan necesariamente a las personas que han sobrevivido a una COVID grave.

Hasta 1 de cada 3 personas que sufrieron infecciones entre leves y moderadas y no necesitaron hospitalización de cualquier forma se enfrenta a varios síntomas meses tras la enfermedad, según un nuevo estudio, que se publicó la semana pasada en la revista JAMA Network Open.

"Ciertamente estamos viendo a personas que nunca fueron hospitalizadas y que llegan con síntomas persistentes", aseguró la Dra. Kathleen Bell, presidenta de medicina física y rehabilitación del Centro Médico del Suroeste de la UT, en Dallas. "Hay muchas personas que han cuidado de sí mismas y que han hecho cuarentena en casa que quizá hayan estado enfermas dos, tres, cuatro o cinco semanas, con una enfermedad aguda, pero que se las arreglaron en casa. Estas personas están viniendo".

Un virus más 'malo'

Este patrón confirma que el virus SARS-CoV-2 que provoca a la COVID-19 es "un poco más malo que muchos otros virus con los que hemos tenido que lidiar", apuntó el Dr. Ravindra Ganesh, internista de la Clínica Mayo en Rochester, Minnesota.

Esos síntomas a largo plazo en general se asocian con virus como el Epstein-Barr, el Nilo Occidental y la chikungunya, todos los cuales son mucho menos infecciosos que el nuevo coronavirus, dijo Ganesh.

"Tiene una gravedad que se acerca más a la de los patógenos virales más comunes", aseguró.

Entre los síntomas persistentes más comunes relacionados con la COVID se encuentran la fatiga, la falta de aliento, la tos, el dolor de las articulaciones y el dolor de pecho, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU.

"La fatiga parece ser el más común", aseguró Navis. "La causa de la fatiga no está muy clara".

Otros síntomas reportados incluyen las lagunas mentales, la depresión, el dolor muscular, el dolor de cabeza y las palpitaciones cardiacas, señalan los CDC. Estos síntomas parecen afectar a varios sistemas distintos del cuerpo: el cardiovascular, el respiratorio, el renal, el dermatológico, el neurológico y el psiquiátrico.

Algunas personas se han quejado de entumecimiento y hormigueo por todo el cuerpo, sarpullidos y olores anómalos, dijo Navis.

"En realidad no sabemos qué provoca estos síntomas, pero ahora mismo son un foco importante de investigación", aseguró Navis.

Es probable que los síntomas persistentes estén siendo provocados por distintos aspectos del coronavirus en sí o la forma en que la COVID-19 afecta al cuerpo, plantearon los expertos.

Por ejemplo, hay varias teorías rivales que explican a las lagunas mentales de las que se quejan Robbins y muchos otros pacientes de COVID persistente.

"Un paciente me contó la semana pasada que antes de enfermar tenía un empleo a tiempo completo, pero que tras desarrollar la COVID le da miedo quedarse solo en la cocina", comentó el Dr. Sikandar Khan, científico investigador del Centro de Investigación sobre el Envejecimiento del Instituto Regenstrief de la Universidad de Indiana, en Indianápolis.

"Hay veces en que ha dejado el grifo abierto, otras veces ha dejado el fogón encendido, y su esposa llega del trabajo y descubre que las cosas están encendidas porque tiene tantas dificultades con la memoria a corto plazo", apuntó Khan.

Esta confusión mental podría vincularse de forma directa con el virus, dijo, y señaló a autopsias realizadas por investigadores alemanes que pudieron aislar al coronavirus en las células del cerebro de pacientes que fallecieron de la COVID.

"Sabemos que el virus provoca una invasión directa en el cerebro que causa dificultades para los pacientes", apuntó Khan.

Los problemas preexistentes empeoran

Pero las lagunas mentales también podrían estar siendo provocadas por la inflamación de la COVID-19, que exacerba los problemas circulatorios existentes en los cerebros de las personas con afecciones preexistentes, como la diabetes, la hipertensión o la obesidad, planteó Bell.

"Las personas quizá encuentren que habían estado compensando muy bien por problemas que tenían antes, quizá con cierto deterioro cognitivo, pero cuando el cuerpo se somete a un trauma y a un estrés como este, podría en realidad empujarlo a que se convierta en algo sintomático para ellas", añadió.

Otra explicación posible de las lagunas mentales podría ser el estrés y la ansiedad por la infección con la COVID, agregó Bell.

"En realidad estamos observando unas reacciones de salud mental en un alto porcentaje de estas personas", dijo. "Hay un número bastante alto de personas que están demostrando todos los síntomas del trastorno por estrés postraumático, la ansiedad y la depresión".

La atención médica que las personas recibieron durante la infección con la COVID constituye otra explicación potencial para algunos de los síntomas persistentes, dijo Bell.

Por ejemplo, la práctica de la "pronación" de los pacientes (ponerlos boca bajo para ayudar a facilitar su respiración) podría provocar algunos daños nerviosos accidentales, apuntó Bell.

"Esto presiona mucho a los nervios que en general no reciben presión en el cuerpo", apuntó Bell. "Atendemos a muchas personas con neuropatía periférica tras recuperarse de la COVID en el hospital, debido a la forma en que las colocan, boca abajo. Podrían acabar con debilidad o parálisis en el brazo o las piernas debido a la presión en los nervios".

Problemas cardiacos en el barco

Como resultado de la COVID, Speal sufrió una neumonía, y acabó en el hospital, con coágulos en los pulmones, un par de semanas tras su enfermedad inicial.

"Honestamente, si hubiera esperado más para ir al hospital, no sé si habría sobrevivido a la noche siguiente", contó Speal.

Los anticoagulantes eliminaron los coágulos, y Speal no necesitó ventilación mecánica en ningún momento, pero ya en el hospital comenzó a sufrir de un latido cardiaco acelerado. Los médicos le dieron de alta con bloqueadores beta para manejar su frecuencia cardiaca, y Speal intentó volver a su vida normal.

"Si podía levantarme de la cama para ir al baño era todo un logro. Siendo honesto, no podía ni bañarme solo. Estuve así todo un mes o un mes y medio", dijo Speal. "Comencé a mejorar. Daba paseos por el apartamento. En un momento por fin salí y caminé hasta la esquina, y entonces comencé a dar más paseos".

Speal se dio cuenta de que había estado enfrentando unos síntomas persistentes cuando intentó volver a uno de su pasatiempos favoritos, la pesca en el mar.

"Quise sacar el bote y hacer lo que me gusta. Ya estaba recuperado. Todo iría bien", comentó Speal. "Allí estaba, y mi corazón comenzó a acelerarse... 140, 150 latidos por minuto. '¿Qué me está pasando?'".

Los médicos diagnosticaron a Speal con el síndrome de taquicardia ortostática postural (STOP), una afección en que el cuerpo no puede regular el latido cardiaco de forma adecuada, sobre todo si alguien pasa de estar sentado a estar de pie.

Se sabe que otras enfermedades virales provocan el STOP, y parece que la COVID también, comentó el Dr. Ruwanthi Titano, un cardiólogo que trabaja con Speal en el Centro de Atención Post COVID de Mount Sinai, en la ciudad de Nueva York.

"Hemos visto un número notable de pacientes con un STOP de nuevo inicio que antes de esto estaban muy sanos y eran muy activos", aseguró Titano.

A emergencias justo a tiempo

Robbins acabó en el hospital junto antes de Acción de Gracias, tras días de fiebre y una acelerada reducción en los niveles de oxígeno en la sangre. Se había resistido a los ruegos de su esposa de que buscara atención de emergencia, "como en general hacemos los hombres", recordó.

"Ella envió un mensaje de texto a toda la familia, y ellos me presionaron en grupo mediante un mensaje de texto", dijo Robbins. "En retrospectiva, me alegro de que lo hicieran, porque los médicos fueron muy claros conmigo. Me dijeron que en unas horas más no hubieran podido garantizar qué habría sucedido".

Para salvar su vida, los médicos tuvieron que intubar a Robbins y mantenerlo sedado durante dos semanas. Pasó un total de tres semanas en el hospital, seguidas por semanas en un centro de rehabilitación.

"Tuve que aprender a sentarme de nuevo, a caminar con un andador, y luego a caminar sin un andador" debido a la atrofia muscular que sufrió mientras estuvo confinado en cama, dijo Robbins. "Fueron unas semanas de mucha locura".

Los hospitales de todo el país han abierto centros de atención posterior a la COVID, para ayudar a las personas a afrontar los problemas de salud persistentes, señalaron Navis y Bell.

"Fue apenas hace tres o cuatro semanas cuando los CDC reunieron a muchas personas de todo el país para comenzar a hablar sobre sus modelos y la forma en que lo estaban haciendo", dijo Bell. "Fue bastante interesante ver que los distintos centros comenzaron en distintos lugares, y que todos estamos comenzando a parecernos, a pesar de que todos comenzamos en distintos lugares y con distintas personas".

Estos centros reúnen a expertos en la respiración, cardiólogos, especialistas en rehabilitación, psicólogos y muchos otros expertos en la salud, aseguró Bell.

Imprevisibilidad

Una de las señales más preocupantes sobre la COVID persistente es que nadie sabe cuánto durarán estos síntomas.

"Lamentablemente, creo que hay un grupo de pacientes que, dependiendo de sus otros problemas médicos al llegar esta pandemia, probablemente sigan teniendo síntomas persistentes y que podrían ser permanentes", advirtió.

Muchos síntomas postvirales, como el STOP, tienden a desvanecerse con el tiempo cuando son provocados por otros patógenos, dijo Titano, pero el STOP puede exacerbarse con cualquier nueva lesión o afección en el cuerpo, incluso años después.

"La esperanza es que, con el tiempo, esas exacerbaciones se vuelvan menos frecuentes e intensas, y que podamos manejarlas y rehabilitarlos sobre la marcha", dijo Titano.

Speal dijo que, estos días, su STOP se exacerba con poca cosa.

"Cualquier tipo de estrés, incluso estrés positivo como cuando hago presentaciones o hablo con mis clientes, puede desencadenarlo", comentó Speal, que trabaja como asesor de paternidad de la Universidad de la Ciudad de Nueva York. "A veces es difícil realizar las actividades cotidianas, incluso llevar a mis hijas andando a la escuela".

Speal ha estado trabajando con técnicas de respiración que ralentizan su frecuencia cardiaca, y usando ejercicios modificados para mejorar su salud. Come mejor, y bebe mucha agua.

"Pero si me salto un paso o no cumplo con el protocolo, mi cuerpo vuelve justo a ese estado de shock", aseguró Speal.

Los momentos de la 'crema de limón'

Cuando Robbins salió del hospital por primera vez, necesitaba oxígeno suplementario de forma constante, pero ahora solo lo necesita para dormir.

Sin embargo, sigue realizando rehabilitación respiratoria ambulatoria de dos a tres veces por semana.

"Básicamente es como ir al gimnasio, excepto que el terapeuta revisa los niveles de oxígeno", dijo Robbins. "Desde esa perspectiva, intentan averiguar cuándo pueden quitarte el oxígeno suplementario".

Robbins sigue sufriendo fatiga y lagunas mentales, y no está seguro de cuánto durarán.

"Hay momentos en que agarro el teléfono, lo miro y no sé para qué lo tengo en la mano", dijo Robbins.

También tiene lo que su familia llama momentos de "crema de limón".

Inspirados por un programa de pastelería de la televisión, Robbins y su hija de 15 años decidieron hornear un pastel suizo de crema de limón. Pero Robbins y su esposa tuvieron un malentendido: él pensó que ella iba a comprar la crema de limón para la receta en la tienda, y ella pensó que él planificaba hacer la crema de limón él mismo.

"En una situación normal, no es gran cosa, pero sentía cómo mi nivel de estrés comenzaba a aumentar", recuerda Robbins. "Mi respiración comenzaba a estresarse. Mi hija me miraba, porque sabía que estaba comenzando a sentirme nervioso porque no tenía la crema de limón y tendría que hacerla, y nunca la había hecho antes".

La esposa de Robbins lo calmó y fue a la tienda a comprar la crema de limón. Y ahora se ha convertido en un código para la familia: "No tengas un momento de crema de limón".

Más información

Los Institutos Nacionales de la Salud de EE. UU. ofrecen más información sobre la COVID-19 persistente.

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

FUENTES: David Speal, New York City; Mark Robbins, Fishers, Ind.; Allison Navis, MD, neurology clinic director, Icahn School of Medicine at Mount Sinai, New York City; Kathleen Bell, MD, chair, physical medicine and rehabilitation, UT Southwestern Medical Center, Dallas; Ravindra Ganesh, MBBS, MD, internist, Mayo Clinic, Rochester, Minn.; Sikandar Khan, DO, research scientist, Indiana University Center for Aging Research, Regenstrief Institute, Indianapolis; Ruwanthi Titano, MD, cardiologist, Mount Sinai's Center for Post-COVID Care, New York City; JAMA Network Open, Feb. 19, 2021

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