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El tabaquismo resurge durante la pandemia

man smoking

MARTES, 16 de marzo de 2021 (HealthDay News) -- Katie Rodgers tenía apenas 15 años cuando comenzó a fumar, y a principios de la veintena se convirtió en un hábito más significativo.

Para Rodgers, dejar de fumar resultó difícil, pero logró abandonar el hábito a los 33 años durante una pandemia global, porque sabía que fumar aumentaría su ansiedad y la pondría en un mayor riesgo de enfermar de gravedad con la COVID-19.

Su logro fue inusual en un momento en que las compras de cigarrillos han aumentado ligeramente en Estados Unidos, y las solicitudes de servicios de cesación del tabaquismo se han reducido de forma dramática.

"Le tengo una fuerte aversión a los hospitales, y a que un virus me deje desamparada. Y sabía que, sobre todo porque afecta al sistema respiratorio, si seguía fumando aumentaría mis probabilidades de ir por una ruta del todo distinta y sufrir una enfermedad extrema, a pesar de ser una persona relativamente sana", dijo Rodgers.

Durante un panel de debate reciente, expertos en cesación del tabaquismo y la adicción plantearon preocupaciones sobre el aumento en el consumo de tabaco, y enfatizaron la urgente necesidad de revertirlo.

"Los investigadores notaron que esto cambió también respecto al consumo de alcohol y otras sustancias, y han sugerido que el estrés y la ansiedad que han resultado de la pandemia podrían ser factores que fomenten el aumento en el consumo del tabaco, el alcohol y otras sustancias", señaló Linda Bailey, presidenta y directora ejecutiva del Consorcio Norteamericano de Líneas de Ayuda para Dejar de Fumar (North American Quitline Consortium, NAQC).

"En el consorcio, creemos que... el estrés y la ansiedad también han contribuido a la disminución en el número de personas que buscan ayuda para dejar de usar tabaco", dijo Bailey.

En Estados Unidos, cada año mueren unas 480,000 personas por enfermedades relacionadas con el tabaco, lo que lo convierte en la principal causa prevenible de mortalidad en el país.

Y el SARS-CoV-2, que provoca la COVID-19, ha puesto a los usuarios de tabaco en un riesgo añadido. Unos investigadores británicos encontraron que es más probable que los fumadores sufran unas variantes más graves de la enfermedad. Otro estudio identificó un vínculo entre fumar y una mayor gravedad y riesgo de muerte entre los pacientes hospitalizados por la COVID-19.

En Estados Unidos, las tasas de tabaquismo se redujeron de un 42 por ciento en 1965 a un 25 por ciento en 1997 y un 14 por ciento en 2019. Todavía no hay datos disponibles de 2020.

Lo que los expertos sí saben es que las llamadas a las líneas de ayuda para dejar de fumar se redujeron en un 27 por ciento en Estados Unidos en 2019. En el primer trimestre del año pasado, las llamadas se redujeron en un 6 por ciento, y luego se desplomaron en un 39 por ciento entre abril y junio.

Desde 2012 hasta 2020, las líneas de ayuda para dejar de fumar recibían de unas 700,000 a más de 900,000 llamadas al año, según el NAQC.

Y las ventas de cigarrillos en los primeros 10 meses de 2020 aumentaron en más o menos un 1 por ciento, lo que acabó con un declive anual de entre un 4 y un 5 por ciento desde 2015, según los datos del Departamento del Tesoro de EE. UU.

Dejar de fumar nunca ha sido más urgente, enfatizó Anne DiGiulio, directora nacional de políticas pulmonares de la Asociación Americana del Pulmón (American Lung Association).

"El Cirujano General de EE. UU. ha vinculado de forma concluyente fumar con la supresión del sistema inmunitario", advirtió DiGiulio. "Y, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU., fumar aumenta el riesgo de enfermedad con el virus que provoca a la COVID-19. Ante esto, dejar de fumar nunca ha sido tan importante".

Catherine Saucedo, subdirectora del Centro de Liderazgo en la Cesación del Tabaco de la Universidad de California, en San Francisco, anotó que fumar con frecuencia afecta a las personas que son más vulnerables por otros motivos, entre ellos los ingresos y el nivel educativo. Casi la mitad de las personas que llaman a las líneas de ayuda para dejar de fumar tienen afecciones de la salud conductual.

"Cuando alguien deja de fumar sí, mejora su salud física, pero al mismo tiempo en realidad mejora su salud mental, algo que nos vendría bien a todos ahora mismo", enfatizó Saucedo. "El efecto es similar a un antidepresivo. No todo el mundo se da cuenta de que tiene un impacto tan grande".

Bailey, DiGiulio y Saucedo participaron en un panel que examinó el tema hace poco. Otros panelistas incluyeron al Dr. Brian Hurley, el presidente electo de la Sociedad Americana de Medicina de la Adicción (American Society of Addiction Medicine), que ocupará el cargo en 2021; y el Dr. Ken Duckworth, director médico de la Alianza Nacional sobre Enfermedades Mentales (National Alliance on Mental Illness). Matt Pierce, director de programa de la Robert Wood Johnson Foundation en Princeton, Nueva Jersey, fue el moderador.

Duckworth anotó que podría haber una larga lista de problemas de salud mental que surjan de la pandemia, y Hurley sugirió adaptar el tratamiento para la cesación del tabaquismo a los individuos. Las estrategias incluyen combinar las opciones médicas con una mezcla de medicamentos, consejería y respaldo.

DiGiulio dijo que la cobertura de seguro para los programas que ayudan a las personas a dejar de fumar, además de la consejería y los medicamentos, están entre las claves para ayudar a reducir el uso de tabaco.

Bailey apuntó que los aumentos en los impuestos sobre el consumo que animan a las personas a no fumar, y las prohibiciones de fumar en los lugares públicos, también han resultado útiles. Trabajar desde casa durante la pandemia podría haber hecho que para las personas fumar fuera más fácil, planteó, porque las normas implementadas para los lugares públicos no se lo impiden.

A finales de mes comenzará una iniciativa que busca reencaminar la cesación del tabaquismo. Rodgers dijo que se presentará en las próximas campañas en los medios sociales que buscan reducir el tabaquismo mediante unos mensajes más empáticos y de apoyo.

Rodgers comentó que se animó a dejar de fumar, en parte, porque un amigo que trabaja en investigación sobre la adicción le dijo que los cigarrillos pueden empeorar los síntomas de ansiedad o depresión. Las imágenes de principios de la pandemia, de personas en camillas o usando respiradores, hicieron que deseara reducir sus propios riesgos.

Rodgers utilizó técnicas que aprendió en la meditación para que la ayudaran a dejar de fumar, junto con el respaldo de familiares y amigos. Tener la seguridad de un trabajo con un salario y beneficios también la ayudaron, al hacer que la vida fuera más fácil, apuntó.

"Creo que podría ser un componente importante de por qué la gente sigue fumando: cuando no se tienen los medios económicos para sentirse seguro, es muy difícil cuidar de uno mismo y de su salud", añadió Rodgers.

Más información

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. ofrecen más información sobre cómo dejar de fumar.

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

FUENTES: Linda Bailey, JD, MHS, president/CEO, North American Quitline Consortium, Phoenix; Katie Rodgers, teacher, Oakland, Calif.; Anne DiGiulio, national director, lung health policy, American Lung Association, Washington, D.C.; Catherine Saucedo, deputy director, Smoking Cessation Leadership Center, University of California, San Francisco; Ken Duckworth, MD, chief medical officer, National Alliance on Mental Illness, Arlington, Va.; Brian Hurley, MD, MBA, 2021 Incoming President-Elect, American Society of Addiction Medicine, Los Angeles; Matt Pierce, senior program officer, Robert Wood Johnson Foundation, Princeton, N.J.

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