Senior man having a headache while working on laptop computer long covid
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LUNES, 22 de mayo de 2022 (HealthDay News) -- La terapia ocupacional o el ejercicio de bajo impacto podrían ser la clave para aliviar los síntomas de la COVID prolongada, como la fatiga extrema, la falta de aliento y las lagunas mentales, sugieren dos nuevos estudios de Irlanda.

Los estudios reflejan dos métodos distintos, y de algunas formas opuestos, para gestionar los síntomas que tienden a afligir a los pacientes con COVID prolongada.

Un estudio enseñó a los pacientes con COVID prolongada, a través de un programa de cuatro semanas de terapia ocupacional, a gestionar mejor su fatiga, con un énfasis en la planificación de la energía, la gestión del estrés y la higiene del sueño.

El otro intentó mejorar los síntomas prolongados mediante un programa de ejercicio de seis semanas, que buscaba incrementar la resistencia de los pacientes de manera gradual.

"El principal problema de la fatiga extrema es que es continua", señaló Louise Norris, investigadora principal del primer estudio y terapeuta ocupacional sénior del Hospital de St. James, en Dublin. "Las personas piensan que necesitan descansar más en esta situación, pero en realidad un exceso de descanso es igual de malo que muy poco. Introducir una rutina equilibrada para prevenir los altibajos del consumo de energía es clave".

Al menos uno de cada 10 pacientes con COVID sufre síntomas que persisten durante meses después de su infección inicial, según los estimados de monitorización de la Facultad de Salud Pública Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore.

Estas personas sufren de un letargo posterior a la infección similar al de pacientes con enfermedad de Lyme o síndrome de fatiga crónica, comentó David Putrino, director de innovación en rehabilitación del Sistema de Salud Mount Sinai, en la ciudad de Nueva York.

En los estudios, dos grupos distintos de investigadores del Hospital de St. James intentaron aliviar estos síntomas al pedir a los pacientes que participaran en programas virtuales de semanas de duración, según los hallazgos, que se presentaron la semana pasada en el Congreso Europeo de Microbiología Clínica y Enfermedades Infecciosas, en Lisboa, Portugal. Ese tipo de investigación se considera preliminar hasta que se publique en una revista revisada por profesionales.

El programa piloto de Norris reclutó a 53 pacientes con COVID prolongada, de los cuales casi todos reportaban una fatiga de moderada a intensa que afectaba a su capacidad de participar en las actividades cotidianas. Casi tres de cada cuatro dijeron que tenían dificultades para respirar, mientras que la mitad sufrían lagunas mentales.

Participaron en tres sesiones grupales de 1.5 horas, administradas en línea por un terapeuta ocupacional a lo largo de un periodo de tres semanas.

Se enfatizó ayudar a los participantes a identificar los límites de su cuerpo y su cerebro durante las actividades cotidianas, para que pudieran conservar su energía y descansar antes de llegar al punto del agotamiento.

"El programa ayudará a la persona a ajustar sus demandas personales de energía para revenirlo. Por ejemplo, un problema común era la dificultad para hacer la compra de la semana sin olvidar artículos esenciales. Aconsejamos a las personas que intentaran hacer la compra en línea, ya que pueden volver y añadir más artículos a la canastilla si recuerdan algo", apuntó Norris.

"Algunas personas experimentan un agotamiento total y no tienen la energía para vestirse, otras tienen lagunas mentales por la COVID y no pueden pensar con claridad en el trabajo o desentrañar el horario de los autobuses. Algunas personas tienen una combinación de fatiga tanto física como mental en distintos momentos el día", continuó Norris.

"Entonces, es importante comprender desde el principio cómo su propio cuerpo responde a las demandas diarias de energía. Saberlo da al individuo la confianza de determinar cuál hora del día es óptima para ciertas actividades", explicó. "Esta es la primera lección de verdad valiosa, y da confianza al individuo".

Un análisis preliminar de los resultados mostró que los participantes experimentaron mejoras significativas en sus niveles de fatiga, en la calidad de vida y en la preocupación sobre su bienestar, reportó Norris.

"Al final del programa, las personas tenían el sentimiento subjetivo de que podían controlar los niveles de fatiga por su cuenta", aseguró Norris.

En el otro estudio participaron 60 pacientes con COVID prolongad del Hospital de St. James, a quienes se pidió que participaran en dos clases virtuales de ejercicio de 50 minutos por semana durante un mínimo de seis semanas. La intensidad de las sesiones aumentó de forma gradual con el tiempo, a medida que los pacientes desarrollaron su tolerancia al ejercicio.

Los datos preliminares de los primeros 40 pacientes que completaron el programa encontraron un aumento significativo en la distancia que los pacientes podían caminar en seis minutos. Al final del estudio, podían caminar, en promedio, un 34 por ciento más, y se observó una mejora significativa en más de nueve de cada 10 pacientes, indicaron los investigadores.

Los pacientes también experimentaron mejoras en su falta de aliento, fatiga y calidad de vida. Por ejemplo, reportaron que podían realizar mejor las actividades cotidianas, como subir por las escaleras o llevar la compra.

Los niveles de fatiga mejoraron de forma significativa en más de un 70 por ciento de los pacientes, mientras que un 23 por ciento no experimentaron ningún cambio en la fatiga. Ninguno estaba más fatigado que antes, anotaron los investigadores.

Putrino aseguró que tiene mucho sentir usar la terapia ocupacional para ayudar a los pacientes con COVID prolongada a gestionar ellos mismos sus niveles de energía.

"Conversamos con personas con COVID prolongada sobre conceptos como los niveles de energía y técnicas de conservación de energía", dijo Putrino. "Educamos sobre la idea de que el esfuerzo no necesariamente significa esfuerzo físico, sino que puede ser esfuerzo motivacional, puede ser esfuerzo cognitivo [mental], y ser consciente de todos estos hechos mientras planifica su día y su gasto de energía para asegurar que permanece dentro de esos niveles".

Pero Putrino expresó cierto escepticismo respecto a usar un programa de ejercicio para mejorar la resistencia de los pacientes con COVID prolongada.

Putrino anotó que las personas con enfermedad de Lyme o síndrome de fatiga crónica tienden a tener un bajón extremo un par de días tras el ejercicio, un fenómeno conocido como malestar posesfuerzo o exacerbación de los síntomas posesfuerzo.

"Uno puede estar bien en el momento en que realiza un esfuerzo, y no es hasta dos días más tarde que experimenta estos síntomas", comentó Putrino. "Estos métodos de rehabilitación basados en el ejercicio fomentan el ejercicio aeróbico y hacen que la gente traspase sus barreras de energía, en lugar de respetar las limitaciones de actividad y esfuerzo de las personas... el tradicional método de 'sufrir para mejorar'", explicó.

"Temo que estamos ignorando por completo a décadas de literatura que se han publicado sobre las personas con otras enfermedades asociadas con las infecciones, como la enfermedad de Lyme y la encefalomielitis miálgica/síndrome de fatiga crónica", siguió Putrino. "Solo repetimos los errores del pasado".

Ambos programas sí compartieron un método innovador que podría llevar la terapia para la COVID prolongada a muchos pacientes de forma rentable, aseguró el Dr. Siddharth Singh, director de la Clínica de Cardiología Posterior a la COVID-19 del Instituto Cardiaco Smidt de Cedars-Sinai, en Los Ángeles.

"Pudieron llegar a múltiples personas a la vez en un ambiente virtual. Quizá esto no sea tan costoso como el entrenamiento de uno en uno", planteó Singh.

Pero Singh anotó que ninguno de los estudios incluyó un grupo de control con el cual comparar a las personas que recibieron la terapia, y que ambos dependieron de los autoinformes de los pacientes sobre sus síntomas, en lugar de utilizar medidas objetivas.

"Lo importante será replicar esto en una muestra de mayor tamaño con un grupo de control, y entonces también utilizar algunas medidas más objetivas" de la actividad física, la fatiga y la capacidad cognitiva, añadió Singh.

Más información

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. ofrecen más información sobre la COVID prolongada.

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com


FUENTES: Louise Norris, senior occupational therapist, St. James' Hospital, Dublin, Ireland; David Putrino, PhD, director, rehabilitation innovation, Mount Sinai Health System, New York City; Siddharth Singh, MD, director, Post-COVID 19 Cardiology Clinic, Smidt Heart Institute at Cedars-Sinai, Los Angeles; European Congress of Clinical Microbiology & Infectious Diseases annual meeting, Lisbon, Portugal, April 23 to 26, 2022

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