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¿Tiene problemas para concentrarse en el trabajo? El aire de su oficina podría tener la culpa

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MARTES, 14 de septiembre de 2021 (HealthDay News) -- Es justo decir que la mayoría de los jefes desean que sus empleados tengan una alta productividad.

Lamentablemente, el aire que respiran los empleados de oficina podría frenar el pensamiento y el trabajo rápido.

Un estudio reciente encontró que un aumento en las concentraciones de materia particulada fina, llamada PM2.5, y unas tasas de ventilación más bajas se vinculaban con unos tiempos de respuesta más lentos y una reducción de la precisión.

"La PM2.5 es un contaminante muy desagradable. Puede explicar 9 millones de muertes en todo el mundo", dijo José Guillermo Cedeño Laurent, autor principal e investigador del departamento de salud ambiental de la Facultad de Salud Pública T.H Chan de la Universidad de Harvard.

Cedeño Laurent afirmó que las concentraciones de PM2.5 ya se relacionan con el deterioro neurodegenerativo, como la enfermedad de Alzheimer, la demencia y el Parkinson, pero esos estudios se centraron sobre todo en los adultos mayores y en exposiciones que podrían considerarse crónicas o a largo plazo.

"En este caso, lo que encontramos fue que estos efectos estaban presentes en una población mucho más joven", afirmó Cedeño Laurent. La edad media de los participantes del estudio era de 33 años, la edad de máximo rendimiento. Pero "siempre que las concentraciones diarias o inmediatas aumentaban, la función cognitiva se reducía", dijo.

El estudio de un año incluyó a más de 300 empleados de oficina de entre 18 y 65 años de ciudades de China, India, México, Tailandia, Reino Unido y Estados Unidos. Cada uno de los trabajadores tenía un lugar de trabajo permanente en la oficina y trabajaba al menos tres días a la semana.

El estudio utilizó las concentraciones de dióxido de carbono (CO2) como indicador de la ventilación.

Los investigadores instalaron un sensor ambiental en cada área de trabajo para monitorizar las concentraciones de PM2.5, la temperatura y la humedad relativa. Los participantes también disponían de una aplicación diseñada a medida en su teléfono. Los investigadores podían gestionar pruebas cognitivas y encuestas a través de las aplicaciones.

El equipo instaba a los trabajadores a participar en las pruebas y las encuestas en momentos ya programados, y cuando los niveles de CO2 y PM2.5 sobrepasaban o caían por debajo de ciertos umbrales.

Los participantes realizaron dos tipos de pruebas. Una les pedía que identificaran el color de las palabras que se mostraban, poniendo a prueba la velocidad cognitiva y la habilidad para centrarse en lo que era relevante cuando también se presentaba algo irrelevante. La otra prueba valoraba la velocidad cognitiva y la memoria de trabajo con preguntas básicas de matemáticas.

Cuando los niveles de PM2.5 y CO2 eran altos, las respuestas en las pruebas de color fueron más lentas y menos precisas. El aumento de CO2 también se relacionó con respuestas más lentas a las preguntas de matemáticas.

Los participantes contestaban menos preguntas de forma correcta cuando aumentaban los niveles de PM2.5 y CO2.

El estudio encontró una función mental o cognitiva deteriorada con concentraciones que son comunes en ambientes en interiores. Cedeño Laurent consideró que esta es un área de investigación importante, debido a la cantidad de tiempo que pasan las personas en ambientes cerrados, en especial las personas que trabajan en oficinas bajo techo.

Cedeño Laurent dijo que los efectos negativos de la PM2.5 sobre la salud se atribuyen a la inflamación. Investigaciones anteriores han mostrado que estas partículas pueden atravesar la barrera hematoencefálica, una membrana que protege al cerebro, señaló.

Abrir una ventana no ayudaría. La contaminación dentro de las oficinas es sobre todo contaminación exterior, afirmó Cedeño Laurent.

"En ciudades con una gran contaminación atmosférica, habría que confiar en una ventilación mecánica que tenga un nivel de filtración más alto ", añadió.

Invertir un poco más en adaptar los edificios para que tengan una mayor eficiencia energética y una menor propensión a permitir la entrada de aire exterior en el interior ayudaría, planteó Cedeño Laurent.

La idea de una buena ventilación es ahora un tema candente a causa de la COVID-19. Prestar más atención a la ventilación sería beneficioso para los empleados preocupados por la calidad del aire de su oficina.

La COVID ha hecho que las personas sean más conscientes de cómo el ambiente y las personas alrededor repercuten en la salud del día a día, dijo Caitlin Donovan, directora sénior de relaciones públicas de la National Patient Advocate Foundation.

"En este momento en especial, es de esperar que muchas oficinas estén mejorando los sistemas de filtración del aire de todos modos a causa de la COVID, así que por suerte es un primer paso positivo", afirmó Donovan, que no formó parte del estudio. "Pero como podemos ver cada día en las noticias, no hay una aceptación total y estoy segura de que es un proceso costoso".

¿Qué pasa si su empresa no tiene la intención de actualizar el sistema de aire?

Es posible que la legislación futura sea útil para exigir un aire más limpio en la oficina, sugirió Donovan, cuya organización trabaja para ayudar a eliminar obstáculos para los pacientes que necesitan atención de la salud.

"Siempre habrá edificios que no se actualicen", concluyó Donovan. "Y también siempre hay personas, y es muy probable que sean personas con ingresos más bajos o históricamente excluidas, que seguirán siendo las más desfavorecidas".

El estudio se publicó en la edición en línea del 9 de septiembre de la revista Environmental Research Letters.

Más información

La Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. ofrece más información sobre la PM2.5.

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

FUENTES: Jose Guillermo Cedeno Laurent, ScD, research fellow, Department of Environmental Health, Harvard T.H. Chan School of Public Health, Boston; Caitlin Donovan, senior director, public relations, Patient Advocate Foundation and National Patient Advocate Foundation, Hampton, Va.; Environmental Research Letters, Sept. 9, 2021

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