La comedia es la fuente del dolor para Jerry Lewis (Primera de dos partes)

Indica que personas como él con dolor constante nunca estarán solas

Miércoles, 13 de noviembre (HealthDayNews) -- Jerry Lewis puede tener 76 pero su firme apretón de manos continúa mucho después del saludo. Es un genial anfitrión en su suite en Waldorf-Astoria en la ciudad de Nueva York, donde se ha estado alojando "ya que puedo pagarla" y donde ha venido a discutir el compromiso de personas enfermas sin un defensor.

No son niños con distrofia muscular, una causa que Lewis hizo la propia en 1948 y para la cual ha recaudado $1.8 mil millones. Aunque Lewis no discutirá por qué adoptó los Jerrys Kids como su misión filantrópica que dijo que es el único secreto que mantendrá habla libremente acerca de su interés en el dolor crónico. Aunque no puede hablar personalmente acerca de la debilidad de la distrofia muscular, Lewis se cuenta entre los 70 millones de estadounidense quienes despiertan cada mañana y van a la cama cada noche con dolor.

Un mapa de cualquier conversación con Lewis se asemeja a un plano de vuelo de una aerolínea: todas las líneas rojas regresan inevitablemente a que el centro de mando es su hija adoptiva de 10 años, Danielle. Fue Dani, dijo, quien salvó su vida hace dos años cuando estaba apunto de terminar con ella.

Destrozado emocional y físicamente, Lewis pensó que estaba solo en su casa de Las Vegas cuando se sentó en el baño a un brazo de distancia de su revolver. Pero Dani entró y lo sorprendió. "Me miró y me dijo: 'No, papi, no' ", relató el comediante.

El dolor ha sido la factura que Lewis ha pagado por su éxito en el negocio de los espectáculos, un negocio faustiano con los dioses de la comedia que lo hizo ser rico y famoso más allá de lo esperado. Su clasificación del humor es la torpeza, nacida de que el cuerpo es tan gracioso como la lengua. Lewis pasó muchos de sus 16 filmes de su célebre asociación con Dean Martin arrastrándose de las caídas de cartón corrugado, sólo para tumbarse de nuevo jubiloso si el truco funcionaba. Se lanzaba en autos y de edificios de dos pisos con la promesa de que el público lo amaría por la molestia.

"Cuando puedes hacer reír, adelante", recalca Lewis.

Las caídas continuaron luego de separarse de Martin, y la lista de lesiones aumentó; se ha roto ambas piernas, ambos brazos, ambos omoplatos y varios otros huesos al menos una vez.

Lo peor sucedió el 20 de marzo de 1965. Lewis estaba ejecutando el Sands en Las Vegas, cerrando un espectáculo cuyo final era una elaborada caída de un piano. Para impresionar a su orquesta, Lewis realizó "el mejor salto doble de mi vida" directamente al conector de metal del micrófono. "Creí que estaba paralizado", indicó. Fue llevado de inmediato al hospital, donde los doctores le indicaron que estuvo a punto de perder la columna vertebral.

Lewis dijo que el dolor era todo menos tolerable, excepto cuando estaba en escena. "Era la adrenalina", explicó.

La adrenalina puede hacer mucho, pero el telón eventualmente caerá. Durante estos años, Lewis se tornó adicto al Percodan. Comenzó con dosis bajas, pero por último, comentó, incluso le dolía luego de una docena de pastillas diarias. En el punto más bajo de su vicio, mientras estaba en Londres para una presentación ordenada por la Reina Isabel II, se encontró en Soho comprando 10 tabletas de la mercancía a $200 cada una. "Era un drogadicto de primera clase", afirmó.

En mayo de 2001, Lewis fue diagnosticado con fibrosis quística, que cicatriza el tejido de los sacos de aire de los pulmones. Los doctores lo pusieron bajo tratamiento del esteroide prednisona, que le ayudaba a respirar, pero que le aumentó 50 libras (22.7 kg) e infló su cintura de 33 a 51 pulgadas (84 a 130 cm). "Lucía como un luchador de sumo judío", bromeó.

Para el Día del Trabajo de ese año, se sentía tan enfermo que tuvo que sentarse en todo el telemaratón anual de la Asociación de la Distrofia Muscular (MDA, por sus siglas en inglés), y su imagen motivó un flujo de cartas de espectadores preocupados. Una mujer incluso añadió $75 dólares a su contribución anual destinados especialmente para su cuidado.

En abril de ese año, uno de los doctores de Lewis le sugirió que considerara probar el neuroestimulador electrónico. Luego de cuarto días de prueba en los cuales no sitió dolor, Lewis se implantó el artefacto permanentemente.

Lewis se emociona con facilidad en especial si el tema en discusión es él o su familia. Dices palabras soeces con la fluidez de un buscavidas callejero. Nació en Newark, Nueva Jersey, que "lucía como Beirut" la última vez que lo visité, declara con vestigios de lamentación.

Mientras habla, tose en su puño, un efecto de la enfermedad pulmonar.

Ahora traído de vuelta de lo impensable por medio de amonestación filial, Lewis nunca está lejos de otro artefacto, uno al que también da crédito de salvarle la vida. Es un control remoto rojo del tamaño de un teléfono celular.

Cuando lo toma y aprieta un botón, un estimulador electrónico injertado en su abdomen hace correr por su espina dorsal una corriente de bajo voltaje. Esto previene que el dolor alcance el cerebro y evita la incomodidad que puede tornarse paralizante.

El dispositivo, llamado neuro-estimulador eléctrico, es fabricado por Medtronic y hoy día es utilizado por casi 110,000 estadounidenses. Medtronic contrató a Lewis como portavoz para su campaña Tame the Pain (Domina el Dolor) para levantar conciencia del problema de dolor crónico y sus tratamientos. La Fundación Americana del Dolor y la Sociedad Nacional de Dolor Crónico también están involucradas en el esfuerzo.

"Hay esperanza, hay ayuda, hay respuestas para las personas con dolor crónico", sostuvo Helen Dearman, fundadora de la Sociedad Nacional de Dolor Crónico, una organización sin fines de lucro con base en Houston. Dearman ha estado lidiando con el dolor diariamente desde 1975, cuando cayó de espaldas de un cuarto piso. Afirmó que los pacientes necesitan saber que "tienen el derecho a buscar el cuidado adecuado. Muchas personas no se dan cuenta de que pueden ver a un especialista en manejo del dolor".

Dearman tiene un tipo de implante diferente al de Lewis, éste es una bomba de opio que dosifica su médula espinal con analgésicos cada vez que lo necesita. Tanto Dearman como Lewis enfatizan que los implantes no son para todo el mundo, y muchas personas con dolor crónico responden mejor a tratamientos menos agresivos tales como relajantes musculares y drogas antiinflamatorias no esteroídicas.

Cuando Medtronic se acercó para que fuese el portavoz para la mencionada campaña, Lewis accedió rápidamente. "No puedo soportar el pensar que existen 70 millones de personas que sufren de dolor crónico", indicó. Lewis recibe paga por su tiempo, aunque dijo que todo el dinero va a una corporación que estableció para su hija.

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