La prueba del VPH supera al frotis de Papanicolaou en estudios

Expertos debaten respecto a si es tiempo de cambiar las prácticas de exploración del cáncer de cuello uterino

MIÉRCOLES 17 de octubre (HealthDay News/Dr. Tango) -- Una prueba para detectar el virus del papiloma humano (VPH), que causa la mayoría de cánceres de cuello uterino, logra mejores resultados que el frotis de Papanicolaou estándar en la detección de malignidades, según hallan dos estudios recientes.

Lo que no está claro, sin embargo, es si la prueba del VPH debería ocupar o no el lugar del frotis de Papanicolaou, ya que puede dar origen a una tasa ligeramente alta de falsos positivos, y no es tan efectiva en mujeres jóvenes.

"Aún quedan muchas preguntas sin responder relacionadas con el uso de la prueba del VPH como principal herramienta de exploración", dijo Debbie Saslow, directora de cáncer de mama y ginecológico de la American Cancer Society. "En estos momentos, la FDA no ha aprobado el uso exclusivo de la prueba del VPH (sin la prueba de frotis de Papanicolaou) como herramienta principal de exploración, y por tanto la American Cancer Society no recomienda tal método".

No obstante, apuntó Saslow, "el mensaje más importante sigue siendo el mismo, que las mujeres deben ser examinadas con una de las siguientes opciones: un frotis de Papanicolaou convencional, citología cervical líquida (Papanicolaou en base líquida) o Papanicolaou más la prueba del VPH. Para las mujeres que tienen acceso a la prueba del VPH, ésta prueba ofrece más beneficios adicionales que [el frotis de Papanicolaou] solo".

El frotis de Papanicolaou ha sido la prueba de exploración estándar para el cáncer de cuello uterino en los últimos 60 años. Más recientemente, se introdujo la prueba de Papanicolaou en base líquida o citología cervical líquida. En un principio se pensó que esta nueva tecnología iba a superar a la prueba Papanicolaou tradicional con ventajas significativas. Sin embargo, los estudios no han encontrado de forma concluyente un beneficio sustancial para la nueva prueba. Debido a que la mayoría de los cánceres de cuello uterino son causados por el VPH, la prueba para detectar la infección del VPH es también otra opción de exploración además del frotis de Papanicolaou.

La investigación más reciente que ha comparado estas pruebas de exploración aparece en la edición del 18 de octubre del New England Journal of Medicine. El primer estudio, realizado en Canadá, compara el uso de la prueba de Papanicolaou convencional sola con el uso exclusivo de la prueba del VPH.

En el estudio participaron más de 10,000 mujeres entre 30 y 69 años que fueron asignadas de manera aleatoria a una de las pruebas. La prueba del VPH detectó el 94.6 por ciento de los bultos anormales que pueden conducir al cáncer de cuello uterino, mientras que la prueba de Papanicolaou identificó solamente el 55.4 por ciento de esas anormalidades. Las mujeres que tenían un resultado anormal fueron remitidas a otras pruebas. Cuando la prueba de Papanicolaou se combinaba con la del VPH, se detectaban el 100 por ciento de las anormalidades. La tasa de falsos positivos para la prueba del VPH fue apenas 2.7 por ciento más alta que la tasa del frotis de Papanicolaou, de acuerdo con el estudio.

"Aunque la prueba de Papanicolaou funcionó, tenemos una prueba que la supera, y en los próximos años, podremos cambiar a la del VPH y posiblemente se pueda examinar a las mujeres cada tres o quizá cinco años y obtener el mismo nivel de protección", señaló la autora del estudio, la Dra. Marie-Helene Mayrand, profesora asistente de obstetricia y ginecología, y medicina preventiva y social en la Universidad de Montreal. Mayrand era una candidata doctoral de la Universidad McGill de Montreal en el momento del estudio.

En el segundo estudio, realizado en Suecia, participaron más de 12,000 mujeres que tenían entre 30 y 39 años y que fueron asignadas de manera aleatoria para recibir o bien sólo la prueba de Papanicolaou o la del VPH más frotis de Papanicolaou.

Los investigadores hallaron cambios anormales en el cuello uterino en 51 por ciento más de las mujeres que se sometieron a ambas pruebas que en el grupo que sólo recibió la prueba de Papanicolaou. En las exploraciones subsiguientes, se detectaron alrededor de 40 por ciento menos lesiones cancerosas en las mujeres que se sometieron a ambas pruebas en comparación con las que sólo recibieron el frotis de Papanicolaou, lo que sugiere que el diagnóstico exagerado de la prueba del VPH no es un problema tan grande como algunos expertos temían.

"Incorporar la prueba del VPH al frotis de Papanicolaou en la exploración de rutina del cuello uterino ofrece una protección prolongada contra lesiones severas precursoras del cáncer de cuello uterino en comparación con usar sólo la prueba de Papanicolaou", afirmó el coautor del estudio, el Dr. Joakim Dillner, profesor de virología en la Universidad de Lund y el Hospital Universitario de Malmo, en Malmo, Suecia.

"En las mujeres de 30 años en adelante es probable que con el tiempo se sustituya la prueba de Papanicolaou. El mayor beneficio de la prueba del VPH es que, en comparación con la prueba de Papanicolaou, permite prolongar el intervalo de exploración de manera sustancial", apuntó Dillner.

Sin embargo, aún quedan en el aire varias preguntas. Una es cómo puede compararse la prueba del VPH con la citología cervical líquida, dado que ninguno de los estudios utilizó esta nueva prueba. Y, señaló Saslow, un grupo emergente de mujeres jóvenes serán vacunadas contra el VPH, y no está claro cómo esto podría afectar la fiabilidad de la prueba del VPH en el futuro.

Más información

Para conocer más sobre la prevención del cáncer de cuello uterino, visite el National Cancer Institute.


Artículo por HealthDay, traducido por Dr. Tango
FUENTES: Joakim Dillner, M.D., Ph.D., professor, virology, Lund University and Malmo University Hospital, Malmo, Sweden; Marie-Helene Mayrand, M.D., assistant professor, obstetrics and gynecology and social and preventive medicine, University of Montreal; Debbie Saslow, Ph.D., director, breast and gynecologic cancer, American Cancer Society, Atlanta; Oct. 18, 2007, New England Journal of Medicine
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