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La decisión sobre la prueba de APE es mejor que la tomen los pacientes y los médicos

Las repercusiones de dos estudios enfrentan a los expertos

JUEVES, 19 de marzo (HealthDay News/Dr. Tango) -- Luego de la publicación de ayer de dos estudios importantes sobre la prueba de antígeno prostático específico (APE) para detectar el cáncer de próstata, uno que halló que salva vidas y otro que halló que no, los hombres estadounidenses podrían estarse preguntando si vale la pena hacerse la prueba.

Los estudios, publicados en la New England Journal of Medicine, quizá no terminen con la larga controversia sobre esta prueba de sangre a la que millones de hombres se han sometido rutinariamente durante años.

Aunque un APE elevado podría indicar cáncer potencialmente mortal, también podría detectar tumores mucho más lentos que nunca causarían la muerte. Debido a que los médicos aún no pueden saber la diferencia, con frecuencia se ordenan tratamientos que pueden perjudicar la calidad de vida de los hombres, lo que ha causado que muchos expertos se pregunten si la prueba de APE se está usando en exceso.

Por un lado, la American Cancer Society actualmente no recomienda la prueba de APE para todos los hombres.

Desde 1997 dejamos de hablar de esta evaluación y hemos abogado por la toma de decisiones informadas", señaló el Dr. Otis Brawley, director médico de la sociedad. "Recomendamos que el médico ofrezca la prueba y le informe a los hombres sobre los riesgos y los beneficios potenciales de la evaluación".

Uno de los estudios de la NEJM, que le dio seguimiento a cerca de ochenta mil estadounidenses durante siete años, no halló reducción en las muertes por cáncer de próstata entre los que se hacían regularmente las pruebas, en comparación con los que no hicieron esfuerzos especiales por someterse a ellas. Sin embargo, otro estudio en el que participaron 182,000 hombres europeos halló una reducción del veinte por ciento en las muertes por cáncer de próstata entre los hombres que se sometieron a dichas evaluaciones.

"Al menos inicialmente, esto no va a cambiar nuestras recomendaciones", dice Brawley de la ACS. Sin embargo, "vamos a reunir a nuestro comité asesor de cáncer de próstata para discutir el tema", agregó.

Según Brawley, los hombres en mayor riesgo de cáncer de próstata, como los que tienen antecedentes familiares y los estadounidenses de origen africano, deben hablar con su médico a los 45, aunque la mayoría puede esperar hasta los 50.

Los estadounidenses de origen africano tienen más incidencia de cáncer de próstata y más probabilidades de morir por su causa.

El Dr. Judd Moul, director del Centro de próstata de la Universidad de Duke, de todos modos le ve fallas al estudio estadounidense (que sostiene que no hay beneficios para la mortalidad) que considera que invalidan sus hallazgos.

"En el estudio estadounidense, el grupo de control se encontraba bajo atención médica rutinaria y en ese grupo, la mitad de los hombres se había sometido a evaluación del APE", aseguró Moul, "Entonces, se trataba de evaluación comparada con casi evaluación".

Además, no hubo provisión en el estudio estadounidense de que los hombres que tenían niveles elevados de APE deban buscar tratamiento, señaló Moul. "No es una prueba de evaluación si no va seguida de tratamiento", advirtió.

Moul reconoció tener interés personal en el tema porque su suegro murió de cáncer de próstata. Además, dijo, tiene memorias vívidas de la época anterior al uso de la prueba de APE, en la que la mayoría de los pacientes de la enfermedad solo recibían el diagnóstico en una etapa avanzada y difícil de tratar.

"No quiero tener que regresar a los días en el que tenía el pabellón del hospital lleno de pacientes que morían de doloroso cáncer de próstata metastásico", comentó Moul.

Por eso, prefiere las recomendaciones de la Red completa de atención contra el cáncer, conformada por los principales centros oncológicos estadounidenses, de que todos los hombres se sometan a la primera prueba de APE a los 40 para conocer el riesgo de desarrollar la enfermedad y otras de seguimiento a los 45. "Después de los cincuenta, yo seguiría la recomendación de la American Cancer Society", aseguró Moul.

Además, las pruebas de APE sin duda deberían terminar a los 70, según el Dr. Derek Raghavan, presidente del Instituto oncológico Taussig de la Clínica Cleveland, pero con una salvedad. Si las pruebas anuales anteriores han mostrado aumentos en el nivel de APE, una proteína producida por la próstata, las pruebas deberían continuar, sugirió Raghavan.

"Los estudio ciertamente le han avivado la controversia sobre las pruebas de APE", agregó Raghavan. Es una controversia que comienza al saber que la prueba de APE no es específica para el cáncer. Si la lectura es elevada, se debe hacer seguimiento con una biopsia para detectar la presencia de cáncer.

El hallazgo del cáncer también le abre las puertas al siguiente nivel de controversia, porque los tumores de próstata son notoriamente variables. Algunos podrían desarrollarse de manera agresiva y mortal. Muchos crecen tan lentamente que no son un riesgo para la vida. Sin embargo, ninguna prueba disponible actualmente puede distinguir entre el cáncer de próstata potencialmente mortal y el indolente.

Por otro lado, el tratamiento agresivo del cáncer de próstata conlleva sus propios peligros, como posible incontinencia e impotencia. Raghavan anotó que la supervivencia general en el ensayo europeo fue igual para los que se sometieron a evaluación que para los que no, aunque Brawley no estaba muy contento con el hallazgo europeo de que 48 hombres debían ser tratados para salvar una vida.

"Los datos que han surgido muestran apenas un beneficio relativo mínimo", señaló Raghavan. "Para quienes buscan un argumento en favor de la evaluación, no hay".

Moul rebatió que "podríamos estar detectando muchos cánceres que nunca amenazan la vida. Pero estamos salvando vidas".

Más información

Hay más información sobre el cáncer de próstata en el Instituto Nacional del Cáncer.


Artículo por HealthDay, traducido por Dr. Tango
FUENTES: Otis Brawley, M.D., chief medical officer, American Cancer Society, Atlanta; Judd Moul, M.D., director, Duke Prostate Center, Durham, N.C.; Derek Raghavan, M.D., chairman, Taussig Cancer Institute, Cleveland Clinic, Ohio
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