Los cambios en el estilo de vida afectan a los genes del cáncer

Un estudio encuentra que una dieta sana, el ejercicio y la reducción del estrés provocan alteraciones saludables en el ADN

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Reportera de Healthday

MARTES 17 de junio (HealthDay News/Dr. Tango) -- Cuando se trata del riesgo de cáncer, los genes tal vez no controlen su destino por completo, según un estudio reciente en hombres que tenían cáncer de próstata.

La nueva investigación sugiere que cambios estrictos en la dieta, hacer más ejercicio y practicar reducción del estrés puede cambiar la expresión de cientos de genes. Algunos de estos cambios afectan positivamente a genes que ayudan a combatir el cáncer, mientras que otros ayudan a desactivar genes que promueven el desarrollo del cáncer, según el estudio, que aparece en la edición de esta semana de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

"Estos hallazgos son muy emocionantes. Contradicen el nihilismo genético que escucho con tanta frecuencia. La gente dice que todo está en los genes y que no hay nada que pueda hacer, pero en realidad sí hay mucho", afirmó el autor principal del estudio, el Dr. Dean Ornish, presidente del Instituto de medicina preventiva y profesor clínico de medicina en la Universidad de California, en San Francisco.

Estudios epidemiológicos anteriores han encontrado que la incidencia de cáncer de próstata es significativamente más baja en áreas del mundo donde la gente consume una dieta más basada en plantas y baja en grasa, en lugar de la dieta rica en grasas y proteína que con frecuencia se consume en EE.UU. Debido a estos hallazgos, Ornish y sus colegas buscaban inicialmente ver si alterar la dieta y el estilo de vida podía disminuir la cantidad de antígeno prostático específico (APE) en hombres que habían sido diagnosticado con cáncer de próstata inicial. El APE es un marcador sanguíneo del crecimiento de la próstata.

En septiembre de 2005, reportaron que tras cambios intensivos en el estilo de vida, como consumir una dieta vegana con alrededor del diez por ciento de las calorías de la grasa, caminar 30 minutos seis veces a la semana y practicar gestión del estrés una hora al día, los hombres que tenían cáncer de próstata inicial disminuyeron sus puntuaciones de APE en cuatro por ciento, mientras que los hombres que estaban en el grupo de control experimentaron un aumento de seis por ciento en la puntuación del APE.

Pero según Ornish, los investigadores no sabían qué mecanismo subyacía el cambio. El estudio actual se diseñó para dilucidar los motivos de la mejora.

30 hombres diagnosticados con cáncer de próstata inicial se inscribieron en el estudio. Los hombres eran predominantemente blancos (84 por ciento), con una edad promedio de 62.3 años, y una puntuación promedio de APE de 4.8 nanogramos por mililitro (ng/ml). Sus puntuaciones Gleason (otra medida de la gravedad del cáncer) eran de seis en promedio.

Todos los hombres ya habían declinado cirugía, terapia hormonal o radioterapia inmediatas. En vez de ello, eligieron que sus tumores fueran monitorizados periódicamente para asegurar que seguían teniendo un crecimiento lento.

Las intervenciones de estilo de vida comenzaron con un retiro residencial de tres días, seguido por consultas telefónicas semanales y una sesión de respaldo en grupo de una hora cada semana. A los participantes del estudio se les proveyó con toda su comida y se les pidió que siguieran una dieta basada en plantas que contenía alrededor de diez por ciento de calorías de la grasa. También se les indicó que caminaran treinta minutos al día seis días a la semana.

Además, los voluntarios del estudio practicaron gestión del estrés por 60 minutos al día. Entre las técnicas de gestión del estrés se incluían estiramientos basados en yoga, ejercicios de respiración, meditación, imaginería y relajación progresiva. Los voluntarios del estudio también recibieron soya, tres gramos de aceite de pescado, cien unidades de vitamina E, 200 miligramos de selenio y dos gramos de vitamina C adicionales al día.

Los investigadores compararon la expresión genética de muestras de línea base a las tomadas tras tres meses de la intervención del estudio, y encontraron cambios positivos en más de 500 genes, según Ornish.

"Pensaba que la gente más joven con enfermedad más leve mostraría más mejora, pero ni la edad ni la gravedad de la enfermedad hizo tanta diferencia como la adherencia", apuntó Ornish. Eso significa que mientras más pudo cambiar la gente, mejor. Y estos hallazgos sugieren que nunca se es demasiado viejo para hacer cambios que pueden afectar la salud positivamente.

"Es animador ver que consumiendo una dieta muy baja en grasa se puede cambiar la expresión genética en la próstata misma, pero tan sólo porque los cambios pueden darse, no se sabe aún si significa algo para el riesgo de cáncer", advirtió el Dr. Simon J. Hall, director del Centro Deane de salud e investigación de la próstata, y presidente de urología en la Escuela de medicina Mount Sinai en la ciudad de Nueva York.

Hall apuntó que le gustaría ver que siguieran a estos hombres por mucho tiempo para ver qué significan eventualmente estos cambios genéticos.

Ornish apuntó que los hallazgos del estudio fueron "muy inesperados, y hemos planteado más preguntas de las que hemos contestado".

En cualquier caso, Hall añadió que está claro que si uno puede hacer cambios en el estilo de vida como los del estudio, definitivamente se puede mejorar la salud cardiovascular.

Más información

Para más información sobre cómo la comida y el ejercicio pueden afectar el riesgo de cáncer, visite la American Cancer Society.


Artículo por HealthDay, traducido por Dr. Tango

FUENTES: Dean Ornish, M.D., president and founder, Preventive Medicine Research Institute, and clinical professor of medicine, University of California, San Francisco; Simon J. Hall, M.D., director, Deane Prostate Health and Research Center, and chairman of the department of urology, Mount Sinai School of Medicine, New York City; June 16-20, 2008 Proceedings of the National Academy of Sciences

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