Seis años después, siguen las preguntas de salud sobre el 11-S

La confusión y la falta de datos frustra a los trabajadores de rescate y a los expertos médicos

MARTES 11 de septiembre (HealthDay News/Dr. Tango) -- Nadie tiene dudas sobre el impacto del desastre de las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001 sobre los corazones, pulmones y mentes de los trabajadores de rescate y limpieza.

En primer lugar, los trabajadores inhalaron una mezcla tóxica de hollín, metales y otras partículas hacia la profundidad de sus pulmones durante turnos de 12 horas que duraron semanas. El esfuerzo de limpieza también cobró un precio psicológico, sobre todo a aquellos que estaban menos preparados para afrontarlo.

"Hay muchas historias muy intensas de trabajadores que recibían una carga de escombros para tirarlos y que encontraban, por ejemplo, una mano humana. Y luego no podían procesar de manera adecuada lo que estaban experimentando", apuntó Alison Geyh, científica de salud ambiental de la Universidad de Johns Hopkins que pasó semanas en el lugar, una experiencia que afirma que con frecuencia la dejaba turbada.

Sin embargo, cuando se trata del impacto a largo plazo sobre la salud de los trabajadores, nada es seguro, a pesar de numerosos informes altamente publicitados de agencias gubernamentales y privadas.

"Es un comentario real que aquí podamos tener la mayor catástrofe de este tipo provocada por el hombre y que tengamos tan pocos datos ambientales", afirmó Jeanne Stellman, profesora de medicina preventiva del Centro médico Downstate de la Universidad estatal de Nueva York, en esa ciudad.

"Es un comentario realmente triste de la manera en que lo manejamos", señaló Stellman, quien participó en un histórico estudio del Centro médico Mount Sinai como subdirectora del Centro Selikoff de medicina ocupacional y ambiental del Mount Sinai en la ciudad de Nueva York.

El estudio, publicado por el centro justo antes del quinto aniversario del 11-S, encontró que el 69 por ciento de los 9,442 encuestados examinados informaron sobre "síntomas respiratorios nuevos o que han empeorado".

Casi la mitad de los encuestados, el 46.5 por ciento, sufrió síntomas respiratorios más graves en las vías inferiores , incluso la "tos de las Torres Gemelas", llena de flema, según encontró el estudio. Poco menos del 63 por ciento afirmó haber sufrido de síntomas más leves desde que terminó la limpieza en abril de 2006, como picazón en los ojos o escurrimiento nasal.

Y al menos dos personas han muerto de enfermedades que los expertos han relacionado con exposiciones del 11-S. Felicia Dunn-Jones, abogada de 42 años, sucumbió a una enfermedad parecida a la sarcoidosis cinco meses después de los ataques y James Zadroga, un detective de la policía de la ciudad de Nueva York de 34 años de edad, murió de enfermedad pulmonar a principios de 2006.

Otros estudios también han sugerido efectos respiratorios al menos a corto plazo, entre ellos un estudio del Departamento de salud de la ciudad de Nueva York publicado el mes pasado que encontró que los primeros que respondieron al ataque tienen ahora un riesgo de asma 12 veces mayor que el de la población general.

Pero los datos disponibles tal vez nunca sean adecuados para revelar el cuadro completo, afirmaron los expertos.

"En primer lugar, no sabemos nada sobre los tipos de contaminantes que había en los días después del evento, porque no había vigilancia", apuntó Geyh.

El estudio de su equipo, que aparece en la edición de mayo del New England Journal of Medicine, encontró niveles relativamente altos de partículas finas de menos de 2.5 micrómetros en muestras de aire tomadas en la zona de los ataques a finales de septiembre y en octubre de 2001. Estas minúsculas partículas pueden ubicarse en la profundidad de los pulmones y causar potencialmente problemas de salud durante años.

Geyh apuntó que la U.S. Environmental Protection Agency no pudo instalar un equipo de monitorización del aire en las Torres Gemelas hasta cerca del final de septiembre de 2001. Además, enfatizó que ninguna muestra puede ofrecer una idea adecuada de la calidad general del aire. "Variaba de un día para otro", señaló. "Pensamos que tuvo que ver con la agresividad de los incendios o qué tan agresiva era la actividad de limpieza de los escombros".

Stellman, quien testificó ante el Senado de los EE.UU. sobre la calidad del aire en la zona y sobre el esfuerzo de limpieza, afirmó que determinar el nivel exacto de contaminantes a los que podría haber estado expuesto cualquier trabajador en particular será casi imposible. "El aire cambiaba de un momento, lugar y día a otro", anotó. "Sólo tenemos un pequeño número de medidas de qué había allí".

El nivel de protección de los trabajadores también variaba, algo que Geyh afirma haber visto ella misma. Se veía diversidad de mascarillas (desde las blancas comúnmente vendidas hasta versiones más sofisticadas que cubren la mitad de la cara y vienen equipadas con filtradores), dijo. Pero los trabajadores recibieron pocas indicaciones sobre cómo usarlas o qué mascarilla podría ser más apropiada para su nivel de exposición particular. "Estaba muy claro para nosotros que la gente que se suponía que debía usar máscaras no podía encontrar la información muy fácilmente", señaló Geyh.

Otro experto apunto a la discordancia que existe entre las muestras de aire de la EPA y las obtenidas por firmas de evaluación privadas. Tales firmas fueron contratadas por bancos y otras corporaciones para evaluar si era seguro que los trabajadores regresaran a sus oficinas en la parte sur de Manhattan en las semanas que siguieron el 11-S.

Esos servicios de evaluación ambiental privados "encontraron una lista que era más larga de contaminantes, y en mayores concentraciones, durante semanas después y posiblemente incluso más tiempo" en comparación con los datos de la EPA, señaló el Dr. Len Horovitz, neumólogo del Hospital Lenox Hill de la ciudad de Nueva York. "Hay una contradicción entre la información que obtuvimos en ese momento y lo que las compañías privadas obtenían".

Sin embargo, Stellman refutó ese argumento y afirmó que Horovitz comparaba "peras con manzanas". Dijo que mientras que la EPA tomaba muestras de la calidad del aire exterior, la mayoría de las muestras de las firmas privadas se tomaban dentro de los edificios.

"Es muy difícil hacer esas comparaciones porque no creo que la EPA tuviera muchos datos de la calidad de aire interior", apuntó Stellman.

Y la crítica del programa de investigación de Mount Sinai continúa. En un artículo que apareció el 7 de septiembre de 2007 en The New York Times, varios críticos afirmaron que los hallazgos del centro Selikoff (fundado en los 80 con respaldo político de los sindicatos laborales) están sesgados a favor de aumentar la cantidad de trabajadores que se piensa que resultaron afectados por contaminantes.

Los que apoyan al centro, entre quienes se incluye Stellman, contrarrestaron con la afirmación de que los esfuerzos del equipo del Mount Sinai se vieron impedidos al principio debido a una falta de fondos federales y al énfasis del gobierno de que la evaluación de salud de los trabajadores, y no la investigación, fuera el centro de sus esfuerzos en el lugar.

Entonces, las preguntas sobre los efectos a largo plazo para la salud de esas semanas de agotador trabajo en la zona siguen sin respuesta y tal vez nunca sean respondidas debido a la falta de datos, señalaron los expertos.

"Lo que no sabemos ciertamente pesa mucho más que lo que sí sabemos", según Horovitz.

Una cosa que los científicos si entienden, afirmó, es que las particular menores de 2.5 micrómetros pueden permanecer en los canales más minúsculos de los pulmones durante años y causar potencialmente enfermedad pulmonar, ateroesclerosis e incluso cáncer.

Muchas de esas enfermedades podrían no aparecer durante décadas. "Definitivamente, es demasiado pronto para saber qué sucederá en el futuro con, por ejemplo, el cáncer", añadió Stellman.

Considera que tal vez nunca se sepa con certeza si la exposición en la zona fue carcinogénica. "Porque, aunque [el 11-S] fue trágico y horroroso, la población expuesta tal vez nunca sea lo suficientemente grande [en términos estadísticos] para darnos en realidad una respuesta definitiva", explicó Stellman.

Sin embargo, las consecuencias psicológicas para los trabajadores se hacen cada vez más claras. En otro informe del departamento de salud de la ciudad de Nueva York, publicado en agosto, los investigadores encontraron que uno de cada ocho encuestados y trabajadores ha desarrollado trastorno por estrés postraumático (TEPT).

Los riesgos para la problemática afección parecen correlacionarse con el tiempo de permanencia de los trabajadores en en lugar de las Torres Gemelas, qué tan rápido llegaron después del desastre y su nivel de capacitación para el afrontamiento de eventos traumáticos, encontró el estudio.

Todos los datos, tanto sobre salud mental como física, apuntan a una conclusión, afirmaron los expertos: los trabajadores tendrán que ser monitorizados y atendidos por varias décadas.

"Son la gente que se arriesgó para ayudar a sanar al país", afirmó Geyh. "Debemos ser vigilantes para asegurarnos de que comprendemos lo que les sucede".

Más información

Para más información sobre la salud de los trabajadores de la zona de los ataques del 11-S, visite el World Trade Center Health Registry.


Artículo por HealthDay, traducido por Dr. Tango
FUENTES: Jeanne Stellman, Ph.D., professor, preventive medicine, SUNY Downstate Medical Center, New York City; Len Horovitz, M.D., pulmonary specialist, Lenox Hill Hospital, New York City; Alison Geyh, Ph.D., assistant professor, department of environmental health sciences, Johns Hopkins University Bloomberg School of Medicine, Baltimore; Sept. 7, 2007, The New York Times
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