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Injertos de células musculares y de médula espinal reviven corazones lesionados

Los trasplantes brindan células saludables a corazones cicatrizados

Domingo, 17 de noviembre (HealthDayNews) -- Inyectar médula ósea en corazones cicatrizados de pacientes de ataques cardiacos pueden revertir el daño y hacer que los músculos que se contraen funcionen mejor, ha encontrado un reciente estudio.

El estudio realizado por investigadores británicos añade la evidencia creciente de que las células generadoras de músculos pueden rejuvenecer corazones que han perdido su vigor debido a infartos, o pérdida de sangre del tejido. Previamente, los científicos habían considerado ese daño irreversible.

"Ha habido la creencia general de que se nace con un número fijo [de células musculares cardiacas], y que cuando mueren, mueren para siempre", sostuvo el doctor Manual Galinañes, un cirujano cardiaco en la Universidad de Leicester y líder del esfuerzo investigativo. "Esto ha sido cambiado".

Los científicos han demostrado en animales que el músculo cardiaco puede recuperarse de ataques, y el más reciente trabajo brinda estos hallazgos a personas. Galinañes presentó los resultados hoy en una asamblea en Chicago de la Asociación Americana del Corazón.

Los investigadores injertaron la médula ósea en los corazones de 12 hombres y dos mujeres a quienes se realizaron procedimientos de derivación que no eran de emergencia para abrir el flujo sanguíneo a áreas restringidas. Cada inyección contenía 32 millones de células, extraídas de los pacientes mismos para evitar problemas de rechazo, que produjeron un total de 34 parches de cicatrices del músculo cardiaco afectado por un infarto.

Utilizando una medida llamada movimiento de pared que refleja la capacidad del corazón para contraerse el grupo de Galinañes encontró que la puntuación de las pruebas de ejercicios mejoró significativamente en un tiempo tan corto como seis semanas. Continuaron mejorando en más semanas de observación.

Sin embargo, los investigadores encontraron que sólo las áreas con mejor actividad muscular fueron las que recibieron las inyecciones y el nuevo flujo sanguíneo de la derivación. "Tiene mucho sentido", dijo Galinañes. "Cuando se planta un jardín, pero no se riega, o se hace a la inversa, no se obtienen consecuencias".

En un estudio no relacionado, también presentado hoy en la asamblea del corazón, los científicos de Arizona encontraron que los injertos de músculo esquelético de los brazos y piernas también pudieron revivir el tejido cardiaco cicatrizado. Como en el trabajo británico, los paciente de Arizona quienes pasaron tanto por el procedimiento de derivación como fueron objeto de un implante para ayudar a su corazón fallido recibieron sus propias células, obviando la posibilidad de una reacción inmunológico contra el injerto.

El procedimiento, en el cual los doctores transplantaron desde 100 millones a 300 millones de células, conducidos a casi una mejoría promedio en el poder de bombeo de aproximadamente 60 por ciento en 16 pacientes cardiacos.

El doctor Nabil Dib, director de investigación cardiovascular en el Instituto Cardiaco de Arizona y líder del estudio, dijo que no está claro cuánto de esto se debió a los injertos y cuánto a las otras operaciones. Sin embargo, afirmo, "ciertamente esas células [trasplantadas] no deterioran la función cardiaca".

Pruebas de imágenes llevadas a cabo a comienzos de esta semana demuestran que luego de seis meses de seguimiento, las células nuevas están con vida y establecidas en el corazón, agregó. El grupo de Dib tampoco vio señales de que los tejidos causaran latidos irregulares, un potencial efecto secundario. El próximo paso será ver si el procedimiento impulsa realmente la capacidad de bombeo.

Qué hacer

Para más sobre ataques cardiacos, visita la Asociación Americana del Corazón o la Red de Información del Corazón.

Fuentes: Manuel Galinañes, M.D., profesor, cirugía cardiaca, Universidad de Leicester, Inglaterra; Nabil Dib, M.D., director, investigación cardiovascular, Instituto Cardiaco de Arizona, Phoenix; 17 de noviembre de 2002, presentaciones, asamblea de sesiones científicas de la Asociación Americana del Corazón, Chicago
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