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Los antibióticos no combaten la enfermedad cardiaca

Dos estudios no hallan efectos en los medicamentos diseñados para combatir la infección crónica

MIÉRCOLES 20 de abril (HealthDay News/HispaniCare) -- Una teoría que se veía bien en el laboratorio, que administrar antibióticos a las personas con problemas cardiacos podría reducir el riesgo de ataque cardiaco o apoplejía, ha fallado en ensayos de la vida real.

A los pacientes cardiacos que también tenían infecciones de largo plazo de chlamydia pneumoniae, una bacteria que causa enfermedad respiratoria, no les fue mejor con dosis frecuentes de antibióticos que a aquellos pacientes que no las recibieron, según dos estudios que aparecen en la edición del 21 de abril del New England Journal of Medicine.

La chlamydia pneumoniae es distinta de la clamidia más conocida que es uno de los agentes infecciosos de transmisión sexual más comunes. La infección de C.pneumoniae, como se le llama formalmente, es mucho más común y más del 80 por ciento de los estadounidenses cuentan con anticuerpos contra la bacteria, según explicó el Dr. Christopher P. Cannon, cardiólogo del Hospital Brigham and Women's, quien ayudó a realizar uno de los estudios.

La infección de C.pneumoniae generalmente causa síntomas transitorios parecidos a los del resfriado común, pero luego la bacteria toma residencia permanente en el cuerpo, en donde puede afectar las arterias.

"Se trata de una sustancia foránea a la que el cuerpo reacciona", explicó Cannon. "Se mete en las arterias y causa inflamación, que puede contribuir a la ruptura de placas".

La placa arterial está compuesta por depósitos grasos ricos en colesterol que pueden bloquear las arterias. Un ataque cardiaco, apoplejía u otro evento cardiovascular importante, pueden tener lugar cuando las rupturas de placa bloquean una arteria.

Los expertos han hecho teorías por mucho tiempo de que los medicamentos que reducen la infección crónica también pueden reducir los riesgos de enfermedad cardiaca.

En el ensayo del Birgham and Women's participaron cerca de 4,200 personas que habían sido hospitalizadas por un evento de ese tipo. A la mitad se le administraron dosis frecuentes del antibiótico gatifloxacina durante dos años, mientras que la otra mitad recibió un placebo. Hubo una ligera reducción en las muertes y eventos cardiovasculares serios para quienes recibieron el antibiótico, aunque ni siquiera estuvo cerca de lo que se considera estadísticamente significativo, 23.7 por ciento en el grupo del antibiótico y 25.1 por ciento para el grupo del placebo.

Quizá el tratamiento con antibióticos sea demasiado poco y muy tarde para estos pacientes, especuló Cannon. Las personas que han sido hospitalizadas por afecciones cardiacas generalmente tienen una gran variedad de factores de riesgo, como niveles altos de colesterol y tensión arterial y, quizás, "intentar tratar una parte del problema no hace mucha diferencia", dijo.

Otra explicación es que una infección de clamidia podría ayudar a iniciar el proceso de bloqueo arterial, "pero luego, 20, 30 ó 40 años después, sea demasiado tarde para tratar el problema", aseguró Cannon.

El segundo estudio, dirigido por investigadores de la Universidad de Washington, utilizó otro antibiótico, la acitromicina, en una población distinta de pacientes, 4,012 con enfermedad coronaria arterial estable. De nuevo, un seguimiento de cuatro años no encontró diferencia en la aparición de eventos coronarios como ataques cardiacos entre quienes recibieron el medicamento y los que recibieron un placebo.

El Dr. J. Thomas Grayston, profesor emérito de epidemiología que dirigió el estudio, se mostró filosófico acerca del resultado.

"Los ensayos en realidad no estaban diseñados para estudiar si la chlamydia pneumoniae estaba involucrada con la enfermedad cardiaca", dijo. "En cambio, nos fuimos a ver si los antibióticos funcionaban. Si lo hacían, sería un enorme descubrimiento. Si no, sería un ensayo que no le haría daño a nadie".

Al explicar los resultados, "hay dos posibilidades", declaró el Dr. Jeffrey L. Anderson, profesor de medicina de la Universidad de Utah que escribió un editorial acompañante y ha realizado estudios de laboratorio sobre la clamidia y la enfermedad cardiaca. "Una es que toda esta idea de que la infección aumenta el riesgo de enfermedad cardiaca y apoplejía está equivocada. Lo que yo creo es que hemos tomado un camino equivocado. Darle antibióticos a todos no va a funcionar".

Los estudios en la vida real y en el laboratorio corroboran la relación entre la infección y la enfermedad cardiaca, aseguró Anderson. Varios artículos detallan que existe una mayor incidencia de ataque cardiaco y apoplejía en las semanas posteriores a una infección. Además, estudios con animales en el laboratorio de Anderson han hallado que el proceso de bloqueo arterial resulta acelerado en conejos infectados con clamidia a los que se les administró una dieta alta en grasas.

"Quizá lo que pasó es que usamos antibióticos equivocados o la enfermedad estaba tan avanzada que ya era demasiado tarde" en las pruebas con seres humanos, supuso Anderson. O quizá la clamidia se oculta bien dentro de la placa arterial y el antibiótico no alcanza a llegar, continuó.

De cualquier modo, volvemos al diseño y la preparación, se lamentó Anderson. "Necesitamos establecer cómo se presentan el riesgo y cómo reducirlo".

Quizá la intervención deba comenzar mucho antes, dijo Cannon. "Una idea intrigante es que si tuviéramos una vacuna que previniera la infección desde el principio, se podría reducir el daño", dijo. "Pero es algo que no se puede ni crear ni comprobar fácilmente".

Más información

Los U.S. Centers for Disease Control and Prevention tienen una hoja de datos sobre la chlamydia pneumoniae.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare
FUENTES: Christopher P. Cannon, M.D., cardiologist, Brigham and Women's Hospital, Boston; J. Thomas Grayston, M.D., emeritus professor, epidemiology, University of Washington, Seattle; Jeffrey L. Anderson, professor, medicine, University of Utah, Salt Lake City; April 21, 2005, New England Journal of Medicine
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