Tomar complementos de aminoácidos no es bueno tras un ataque cardiaco

Investigación halla que podría incluso aumentar el riesgo de muerte en pacientes mayores

MARTES 3 de enero (HealthDay News/HispaniCare) -- Tomar el complemento de aminoácidos L-arginina tras un ataque cardiaco no mejoró la función cardiaca y podría estar relacionado con un mayor riesgo de muerte, según halla un nuevo estudio.

Se considera que la L-arginina tiene beneficios para las personas con presión arterial elevada, angina, insuficiencia cardiaca y disfunción sexual. Estudios anteriores han sugerido que la L-arginina tiene el potencial para reducir la rigidez de los vasos sanguíneos.

El último informe, que contradice esa investigación, aparece en la edición del 4 de enero del Journal of the American Medical Association y procede de un ensayo clínico que finalizó prematuramente luego de que fallecieran seis pacientes.

"La administración de la L-arginina no mejoró el remodelamiento cardiaco en un periodo de seis meses", dijo el Dr. Gary Gerstenblith, coautor del estudio y profesor de medicina de la Escuela de Medicina Johns Hopkins de Baltimore. "La L-arginina no tiene beneficios sobre la función cardiaca".

Los investigadores esperaban que la L-arginina promoviera la disponibilidad del óxido nítrico, lo que podría reducir la carga sobre el corazón y los vasos sanguíneos a medida que el corazón se cura tras un infarto. "Nuestra hipótesis era que la L-arginina sería beneficiosa", señaló Gerstenblith.

En su estudio, Gerstenblith y sus colegas asignaron aleatoriamente a 153 pacientes de ataque cardiaco a 3 gramos de L-arginina o a un placebo diariamente durante seis meses. A los seis meses, los investigadores hallaron que la L-arginina no reducía la rigidez vascular ni mejoraba la fracción-expulsión ni los resultados clínicos.

De hecho, hallaron un mayor riesgo de mortalidad en pacientes mayores que tomaban L-arginina en comparación con aquéllos que tomaban un placebo. Seis pacientes en el grupo de L-arginina murieron durante los seis meses del estudio, mientras que ninguno lo hizo en el grupo del placebo. Esto hizo que los investigadores suspendieran el ensayo de forma prematura.

"La terapia con L-arginina no debería ser administrada a los pacientes tras un infarto del miocardio", escribieron los autores. "No altera las medidas no invasivas de rigidez vascular ni mejora la función ventricular izquierda. La terapia con L-arginina en pacientes mayores con aterosclerosis difusa podría empeorar los resultados clínicos".

Un experto que ha hecho su propia investigación sobre los beneficios cardiacos de la L-arginina piensa que la razón por la que la L-arginina no tuvo efectos fue que la dosis era demasiado baja.

"En nuestro estudio, pensamos que necesitábamos administrar 20 gramos de L-arginina al día para lograr algún efecto", dijo el Dr. Stuart D. Katz, profesor asociado de medicina interna de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale. "No pudimos encontrar una forma razonable de administrar los 20 gramos".

Katz enfatizó que para tomar 20 gramos de L-arginina al día serían necesarias 40 cápsulas. "Nadie tomará 40 cápsulas diarias", señaló. "Nos dimos por vencidos porque no creíamos que existiera una forma de administrar una dosis que fuera beneficiosa".

Debido a que las dosis del estudio actual no tenían efectos sobre los niveles de la L-arginina en la sangre, Katz no cree que la L-arginina estuviera relacionada con una mayor mortalidad entre los pacientes que la tomaban. "Pudo haber sido una mera casualidad", destacó.

No se sabe si la dosis podría ser perjudicial, agregó Katz. Pero teniendo en cuenta los hallazgos de este estudio, existe esa posibilidad.

"Pone de manifiesto la advertencia de que este complemento, y tal vez otros, necesitan ser evaluados con atención", declaró. "No recomendaría el uso de complementos de L-arginina como un medio para mejorar la salud cardiovascular, basándome en este estudio".

Más información

La American Heart Association tiene más información sobre los ataques cardiacos.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare
FUENTES: Gary Gerstenblith, M.D., professor, medicine, Johns Hopkins Medical School, Baltimore; Stuart D. Katz, M.D., associate professor, internal medicine, Yale University School of Medicine, New Haven, Conn.; Jan. 4, 2006, Journal of the American Medical Association
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