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Enfriando el cuerpo para salvar el cerebro

Bajar la temperatura reduce el daño en un paro cardiaco, según estudio

Miércoles, 20 de febrero (HealthDayNews) -- Investigadores en Europa y Australia dicen que enfriar el cuerpo a 92 grados aproximadamente reduce el daño cerebral y posiblemente mejora la supervivencia a las personas que sufren de paro cardiaco.

Aun cuando las personas son llevadas a la sala de urgencia luego de un paro cardiaco, la cifra de muerte y de daño cerebral es común. Hasta ahora, ningún tratamiento ha sido probado en la prevención de daño cerebral luego de un paro cardiaco.

Sin embargo, los dos estudios que aparecen en la edición de mañana de la revista especializada "New England Journal of Medicine" prueban que la hipotermia enfriamiento del cuerpo puede preservar la función cerebral en muchos pacientes, dijeron los investigadores.

La investigación europea fue llevada a cabo por Hypothermia After Cardiac Arrest Study Group, con sede en Viena, Austria. Incluyó 273 personas que sufrieron paro cardiaco su corazón se detuvo debido a un latido anormal llamado fibrilación ventricular. La mitad fue mantenido en una temperatura normal mientras los otros fueron expuestos a aire frío que bajó sus temperaturas a 92 grados.

En general, 75 de los 136 pacientes de hipotermia vivieron, con muy poco o ningún daño cerebral, seis meses después. Esto comparado con 54 de los 137 pacientes cuyas temperaturas no fueron bajadas.

La cifra de muerte para los que mantuvieron la temperatura normal fue 55 por ciento. En ese grupo, 76 de los 137 murieron, comparado con una cifra de muerte de 41 por ciento, o 56 muertes entre los 136 pacientes, para el grupo de hipotermia.

Los investigadores australianos utilizaron una técnica de enfriamiento diferente, aplicando paquetes de hielo en la cabeza y en el cuerpo, con resultados similares en un pequeño grupo de pacientes. Sólo nueve de los 34 pacientes con temperatura normal sobrevivieron con poco o ningún daño cerebral, comparado con 21 de los 43 tratados con hipotermia.

"Lo emocionante del avance es que una intervención relativamente simple puede ayudar a lograr un buen resultado neurológico", dijo el doctor Gregory D. Curfman, director ejecutivo de "New England Journal of Medicine" y autor de un comentario que acompaña la investigación.

El doctor Peter Safar, profesor distinguido de medicina de resucitación en la Universidad de Pittsburg, proponente por mucho tiempo de la hipotermia y autor de un editorial que acompaña la investigación, dijo que los resultados eran de esperarse.

Safar dijo que los nuevos estudios, junto con extensas pruebas animales que él y otros han realizado, claramente demuestran que la hipotermia cerebral o corporal debe utilizarse en pacientes con paro cardiaco.

Sin embargo, el método no es ampliamente utilizado en los Estados Unidos, dijo Safar, mayormente debido a que no se recomienda en las guías de tratamiento establecidas por la Asociación Americana del Corazón y por el Colegio Americano de Cardiología. La hipotermia aparece en las guías europeas, explicó.

Los nuevos estudios pueden conducir a una reconsideración de la guía estadounidense, dijo Curfman.

"Dos estudios realizados más o menos simultáneamente en dos continentes diferentes, utilizando dos métodos de enfriamiento, añadieron credibilidad a la idea", dijo. "Además hace que los clínicos se sienten y tomen nota y consideren aplicar esta metodología". Puede que en los Estados Unidos no ocurra un cambio súbito, dijo Curfman, debido a que "las guías siempre tardan un tiempo en ponerse al día". Sin embargo, mientras continúan la investigación sobre hipotermia, "debemos considerar aplicar este método ahora", dijo.

Qué hacer

Para más sobre paro cardiaco y sus causas, efectos y tratamiento, visita la Asociación Americana del Corazón o la Biblioteca Nacional de Medicina.

Fuentes: entrevistas con Gregory D. Curfman, M.D., director ejecutivo, New Englad Journal of Medicine, Boston; Peter Safar, M.D., profesor distinguido, medicina de resucitación, Universidad de Pittsburg; 21 de febrero de 2002, "New England Journal of Medicine"
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