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Vacunas basadas en genes podrían combatir la enfermedad de Alzheimer

Expertos afirman que retrasan la acumulación de placas en ratones, pero que el éxito en humanos será la prueba verdadera

LUNES 12 de mayo (HealthDay News/HispaniCare) -- En lo que podría resultar un gran avance contra la enfermedad de Alzheimer, investigadores japoneses han creado una nueva vacuna basada en genes que trató de manera eficaz a ratones con una forma animal de esta enfermedad que causa el deterioro del cerebro.

Esta nueva vacuna podría ser un avance importante porque no causa los efectos secundarios observados en otras vacunas, de acuerdo con el Dr. Yoh Matsumoto, cuyo equipo desarrolló y evaluó la vacuna en el Instituto Metropolitano de Neurociencia de Tokio.

Matsumoto dijo que su equipo ahora está evaluando la vacuna de ADN en monos de edad avanzada. "Si obtenemos resultados satisfactorios, entonces estaremos listos para los ensayos clínicos", destacó.

Los hallazgos aparecen en la edición de esta semana de Proceedings of the National Academy of Sciences.

La nueva vacuna se dirige a los genes responsables de la sobreproducción de péptidos beta-amiloides, pequeñas proteínas que forman placas en el cerebro. Muchos investigadores creen que la acumulación de estas placas es el origen de la enfermedad de Alzheimer, aunque esta teoría no goza de aceptación universal.

Las llamadas vacunas anti-amiloides llevan el péptido amiloides al cuerpo para provocar una respuesta inmune anti-amiloides, lo que prepara al sistema inmunológico para reconocer y destruir las placas posteriormente.

"Las vacunas de ADN se administran por medio de una inyección intramuscular, lo que estimula la producción de anticuerpos anti-beta-amiloides", explicó Matsumoto.

En el estudio, Matsumoto y sus colegas describen cómo utilizaron dos tipos de régimen, preventivo y terapéutico, para evaluar la eficacia de la vacuna en los ratones. Durante el régimen preventivo, los ratones empezaron a recibir inyecciones a la edad de 3 a 4 meses, antes que desarrollaran cualquier tipo de placa. Durante el régimen terapéutico, los ratones recibieron inyecciones a partir de los 12 meses de edad, seis meses después de que empezara la formación de placas.

En la parte preventiva del estudio, los investigadores hallaron que los ratones vacunados tenían 15.5 por ciento menos acumulación de placas a los siete meses de edad, y 38.5 por ciento menos a los 18 meses que los que no fueron vacunados. En la parte terapéutica del estudio, hallaron que los ratones vacunados tenían entre 40 y 50 por ciento menos de acumulación de placas a los 18 meses de edad que los ratones no vacunados.

Sin embargo, no todas las investigaciones de vacunas para el Alzheimer han funcionado bien en los humanos. Otra vacuna anti-amiloides contra la enfermedad de Alzheimer mostró resultados prometedores similares, pero después causó efectos secundarios preocupantes. Ese ensayo humano realizado en Inglaterra, que consistía en una vacuna de péptidos activos con anticuerpos beta-amiloides ya preparados, fue suspendido en 2002 porque el 6 por ciento de los participantes desarrolló encefalitis, una inflamación cerebral peligrosa. Algunos participantes también experimentaron un encogimiento del cerebro.

Con la esperanza de evitar estos efectos secundarios, investigadores de la Universidad de Michigan están experimentando con una versión modificada de la vacuna, una forma "pasiva" de inmunización que induce el cuerpo a producir sus propios anticuerpos.

Durante el estudio japonés, los investigadores hallaron que la administración a largo plazo de las vacunas de ADN, que no contienen anticuerpos preparados, no causó encefalitis. "A diferencia de la vacuna con péptidos, la vacuna de ADN induce bajos niveles de anticuerpos por un periodo relativamente largo, de forma que la estimulación del sistema inmunológico es bastante leve", explicó Matsumoto. "Es muy importante evitar efectos secundarios como la encefalitis que se desarrolló tras la vacuna de péptidos".

Matsumoto tiene la esperanza de que algún día las vacunas de ADN sean usadas para prevenir la enfermedad de Alzheimer en pacientes de alto riesgo y que se pueda tratar tanto la etapa inicial de la enfermedad como la avanzada.

"En la fase inicial, teníamos altas expectativas de que la vacuna de ADN impedirá la progresión de la enfermedad y, con algo de suerte, normalizara la función cerebral", aseveró. "En los casos avanzados, sin embargo, la pérdida neuronal y la atrofia cerebral son muy severos e irreversibles. Así que es probablemente difícil obtener una mejora clínica con la vacuna de ADN".

No todas las vacunas en fase de desarrollo para tratar la enfermedad de Alzheimer se basan en anticuerpos. En 2005, los investigadores del Hospital Brigham and Women de Boston publicaron los resultados de un estudio en el que los ratones eran tratados con una vacuna de aerosol nasal que contenía Protollin y acetato de glatiramer, medicamentos que han sido aprobados para tratar dolencias como la esclerosis múltiple. Esta vacuna activa las células microgliales, que engullen las placas beta-amiloides. El equipo de Boston halló que la vacuna reducía la acumulación de placas en ratones en 73 por ciento y que no causaba encefalitis.

"Sus mecanismos de acción son diferentes a los de nuestras vacunas de ADN", señaló Matsumoto. "Sin embargo, en los datos que no publicamos, también observamos una activación microglial similar tras la administración de nuestras vacunas de ADN. Así que el objetivo final, la reducción de las beta-amiloides, podría ser el mismo para esta vacuna y la nuestra".

El Dr. Sam Gandy, presidente del Consejo de Asesoría Científica y Médica de la Alzheimer's Association, señaló que "cualquiera de estas vacunas podría resultar ser segura y efectiva. Pero aún estamos lejos de ver su uso generalizado en la práctica clínica, aunque tal vez nos encontremos a sólo tres años".

"Los datos japoneses apuntan hacia una nueva estrategia para la aplicación de la vacuna", aseguró Gandy. "Pero no podemos predecir con precisión qué estrategias tendrán efectos secundarios. Tal como ocurre con el incidente reciente del Reino Unido, nunca estaremos seguros hasta que no probemos la vacuna en humanos".

Gandy, quien es director del Instituto Farber de Neurociencias en la Universidad Thomas Jefferson de Filadelfia, agregó que las estrategias anti-amiloides es muy probable que rindan sus mayores beneficios como tratamientos profilácticos.

"La prevención podría ser más exitosa que el tratamiento", aseguró. "Aún no sabemos qué tan bien un cerebro envejecido puede recuperarse del daño causado por las amiloides".

Más información

Para más información sobre la investigación del Alzheimer, visite la Alzheimer's Association.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare
FUENTES: Yoh Matsumoto, M.D., department of molecular neuropathology, Tokyo Metropolitan Institute for Neuroscience, Japan; Sam Gandy, M.D., chairman, Medical and Scientific Advisory Council, Alzheimer's Association, Washington, D.C., also director, Farber Institute for Neurosciences, Thomas Jefferson University, Philadelphia; June 12-16, 2006, Proceedings of the National Academy of Sciences
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