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Muestras de sangre revelan anormalidades en niños autistas

Hallazgos podrían llevar a pruebas para diagnósticos más oportunos, según los investigadores

JUEVES 5 de mayo (HealthDay News/HispaniCare) -- Los niños autistas tienen proteínas en la sangre y componentes del sistema inmunológico que difieren significativamente de los niños sin el trastorno, según reportan los investigadores.

Si los hallazgos son respaldados por estudios de mayor tamaño que involucren a más niños, tales investigaciones podrían llevar un día a una prueba para diagnosticar el autismo en la infancia. Actualmente, el trastorno sólo puede ser diagnosticado mediante la observación de la conducta, pero el diagnóstico no puede hacerse de manera confiable hasta que el niño tiene entre 2 y 3 años de edad, según los investigadores.

El estudio fue uno de varios presentados el jueves que ofrecen esperanza en las áreas del diagnóstico, tratamiento y, posiblemente, prevención del autismo. Las presentaciones se hicieron en la Cuarta Reunión Internacional de Investigación del Autismo en Boston.

Desarrollar una prueba de sangre podría llevar a una detección más temprana del trastorno, lo cual sería invaluable por varias razones, apuntó David Amaral, coautor del estudio y director de investigación del Davis M.I.N.D Institute de la Universidad de California.

Un diagnóstico más temprano permitiría un tratamiento más oportuno, durante un periodo en que el cerebro de un niño joven está en rápido desarrollo. Tal herramienta podría también ayudar a prevenir el autismo regresivo, un tipo de autismo que parece ocurrir cuando un niño vulnerable al trastorno es expuesto a un desencadenante ambiental, señaló Amaral.

"Si uno pudiera detectar a los niños que son vulnerables al nacer y, al mismo tiempo, comprender cuál es el desencadenante en el ambiente, sería posible evitar que el niño experimente el desencadenante", apuntó Amaral.

Para este estudio, los investigadores tomaron muestras de sangre de 70 niños entre cuatro y seis años a los que se les había diagnosticado autismo, y de 35 niños saludables. Se llevaron a cabo tres niveles de análisis en cada muestra, células inmunes, proteínas y pequeñas moléculas llamadas metabolitos.

"Encontramos sorprendentes diferencias en los tres niveles", dijo Amaral. Por ejemplo, el número de células B productoras de anticuerpos presentaba un aumento del 20 por ciento en el grupo de autismo. "Parece que el sistema inmune está desregulado, lo que corrobora la idea de que deberíamos invertir más tiempo y atención en los factores inmunes" como contribuyentes al autismo, afirmó Amaral.

"Aún no hemos llegado al punto de tener un marcador diagnóstico", advirtió. "Puede ser que ninguna de las proteínas que vemos ahora como diferentes se conviertan en tal marcador. Pero el estudio nos da la confianza de que ésta es una buena estrategia. Y lo es si queremos, al final, desarrollar un marcador diagnóstico".

El autismo es un trastorno potencialmente devastador que generalmente se diagnostica entre los dos y los cuatro años de edad. Los niños afectados pueden volverse aislados; en los casos severos, no son capaces de comunicarse con sus seres queridos ni con ningún otro aspecto del mundo que los rodea.

Por razones desconocidas, ha habido un aumento en la prevalencia del autismo. El trastorno afecta actualmente hasta a uno de cada 166 niños en los Estados Unidos.

Las causas, y por tanto, cualquier esperanza de una cura para el autismo se mantienen elusivas. Sin embargo, es cada vez más claro que muchos factores probablemente contribuyen al trastorno.

Un segundo estudio presentado el jueves en la conferencia encontró que los niños autistas tienen diferentes respuestas del sistema inmunológico que los niños saludables, un hallazgo que también podría contribuir a diagnóstico y tratamiento avanzado para este trastorno.

Los investigadores analizaron células inmunes en la sangre tomada de 30 niños con autismo y 26 niños sanos, todos entre los dos y los cinco años. Entonces, los científicos expusieron a las células a agentes bacterianos y virales, incluidos antígenos de vacuna, los cuales típicamente activan a las células T, las células B y los macrófagos, todos parte del sistema inmune.

Las respuestas inmunes en el grupo de autismo fueron claramente diferentes de las de los niños sanos. En particular, hubo niveles más bajos de unos compuestos llamados citoquinas en el grupo de autismo.

"Las citoquinas son moléculas que llevan a cabo una conversación entre los diferentes tipos de células. Son importantes comunicadoras", explicó Judy Van de Water, coautora del estudio y profesora asociada de reumatología, alergias e inmunología clínica de la Facultad de Medicina Davis y del Davis M.I.N.D. Institute de la Universidad de California. Entre otras cosas, las citoquinas afectan el sueño y muchos niños autistas tienen estos trastornos.

"Todavía falta mucho para que podamos decir cuál es la disfunción inmune y qué papel podría desempeñar. Sin embargo, esto nos da una buena pista de que hay algo en estos niños a nivel biológico", apuntó Van de Water.

Los autores resaltaron que el uso de los antígenos de vacuna en el estudio no tuvo nada que ver con las controvertidas afirmaciones de algunas personas de que las vacunas infantiles causan autismo. "En este punto, es algo que no podemos ni confirmar ni negar en cuanto a las vacunas y el autismo", afirmó Van de Water.

"Nuestros hallazgos hasta este momento en realidad ni niegan ni Respaldan la idea de que las vacunas están desregulando el sistema inmune", añadió Amaral.

Más información

El National Institute of Child Health and Human Development puede darle más información sobre el autismo.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare
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