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Cirugía de derivación no daña la capacidad cognitiva

Un reciente estudio halla que el procedimiento cardiaco está libre de déficits duraderos

LUNES 25 de abril (HealthDay News/HispaniCare) -- La cirugía de derivación coronaria no parece dañar la memoria o la capacidad de los pacientes para procesar y responder a la información clara, rápida y efectivamente, sugiere una nueva revisión a gran escala de investigaciones recientes.

Investigadores de la Universidad Johns Hopkins afirman ahora que aunque algunos pacientes pueden experimentar declives en las habilidades mentales y en la rapidez motora inmediatamente después de la cirugía, tales efectos secundarios negativos se aplacan en cuestión de meses.

"Un pequeño subgrupo de pacientes, mayormente los que son muy viejos y con riesgos de enfermedad vascular, podrían sufrir un declive cognitivo pasajero luego de la cirugía", afirmó el Dr. Ola A. Selnes, profesor de neurología de la Hopkins y coautor del estudio. Pero "este declive cognitivo es generalmente ligero y reversible a los tres meses".

Los hallazgos fueron publicados en la edición en línea del 25 de abril de Annals of Neurology.

Selnes y un colega de la Hopkins (el profesor de neurología Dr. Guy M. McKhann) analizaron los hallazgos de docenas de estudios anteriores que exploraban el impacto que la cirugía de derivación puede tener tanto en la función cognitiva a corto plazo como en la de largo plazo.

La cirugía de derivación del corazón se realizó exitosamente por primera vez en 1953 como un medio para restaurar el flujo sanguíneo apropiado a los corazones de los pacientes cuyas arterias se habían obstruido coagulado debido a una acumulación de plaquetas. Si no se tratan, tales bloqueos pueden finalmente provocar el inicio tanto del dolor en el pecho (en forma de angina) como de ataques al corazón.

Típicamente, el procedimiento involucra la extracción de un vaso sanguíneo de la pierna o pecho del paciente. Entonces, una punta del vaso se une a la arteria coronaria del paciente por debajo del lugar bloqueado, mientras que la otra punta se une a la aorta, la arteria de mayor tamaño del corazón, según la American Heart Association.

Actualmente, cada año se realizan en los Estados Unidos más de medio millón de cirugías de derivación coronaria.

Pero aunque la cirugía en sí está ahora firmemente anclada en la práctica médica habitual, llegar a un consenso sobre su impacto no ha sido fácil. Los autores del estudio advierten que no se ha establecido un método de investigación claro y uniforme para evaluar la influencia de la cirugía sobre el funcionamiento cognitivo. Esto puede hacer que la revisión de estudios pasados sea tan frustrante como comparar manzanas con naranjas.

Los diferentes estudios analizaron diferentes técnicas quirúrgicas, anotaron Selnes y McKhann. Algunos se concentraron en el procedimiento de derivación más convencional "con bomba", el cual involucra detener el corazón y la asistencia mecánica para los latidos cardiacos. Otros, sin embargo, se basaron el la técnica relativamente nueva de derivación "sin bomba", en la cual el cirujano opera en un corazón que late sin asistencia.

Además, los estudios revisados no siempre observaron al mismo tipo de paciente del corazón, con amplias diferencias en la salud mental, historial de enfermedades y edad de los hombres y mujeres que se sometían a cirugía cardiaca.

Sin embargo, un cuidadoso análisis de cada estudio reveló que la cirugía de derivación sí parece tener un impacto negativo de corto plazo en las funciones cognitivas básicas como la percepción, el reconocimiento, y la capacidad para recordar, razonar, imaginar y procesar información, apuntaron los autores.

En particular, Selnes y McKhann confirmaron algo que se ha creído por mucho tiempo, que los pacientes tienden a experimentar problemas en la memoria a corto plazo y visuales-espaciales luego de un derivación.

Sin embargo, encontraron que estos declives son a menudo ligeros y reversibles, y, en algunos casos, duran incluso dos semanas.

Si bien los investigadores encontraron evidencia de declive a más largo plazo en la ejecución rápida de las capacidades motoras (que duraban hasta cinco años luego de la cirugía) concluyeron que no estaba claro si tal declive se debía a la cirugía del corazón en sí o a otros factores mitigantes.

Además, concluyeron que la investigación disponible tampoco puede aún distinguir específicamente entre pacientes de cirugía derivación del corazón y otra serie de procedimientos quirúrgicos en cuanto a cómo uno u otro podrían dañar la cognición a largo plazo.

Los investigadores también apuntaron que a medida que la cirugía de derivación se ha hecho más común, el tipo de paciente ha envejecido. Señalaron que esto aumenta la posibilidad de que los problemas cognitivos de plazo más largo podrían no ser el resultado de la cirugía en sí ni del uso de la anestesia durante la operación, sino una función del proceso de envejecimiento normal o del desarrollo de la enfermedad de Alzheimer u otras enfermedades neurológicas crónicas.

Si bien los autores citaron la necesidad de investigación más a fondo sobre estas cuestiones, concluyeron que la cirugía de derivación parece ser un procedimiento cada vez más seguro con un impacto cognitivo a largo plazo mínimo.

"Estamos hablando sobre problemas de memoria (relacionados con el juicio, la función del lenguaje, la velocidad para hacer las cosas), las cuales caen en una compleja red de funciones cognitivas", apuntó McKhann. "Y no pensamos que haya evidencia muy convincente de que haya efectos a largo plazo o efectos retardados sobre estas funciones cognitivas debido a la cirugía coronaria".

Más información

Para más información sobre la cirugía de derivación, visite la American Heart Association.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare
FUENTES: Ola A. Selnes, Ph.D., professor of neurology in the Division of Cognitive Neuroscience, Johns Hopkins University, Baltimore; Guy M. McKhann, M.D., professor in the Department of Neurology, Johns Hopkins University, Baltimore; Robert Lower, M.D., chief of cardiothoracic surgery at SUNY (State Univeristy of New York) Downstate Medical Center, New York City; April 25, 2005, Annals of Neurology
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