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Los pacientes de Parkinson se enfrentan grandes malabarismos por someterse al tratamiento

El temblor de Michael J. Fox, según los expertos, es causado por el uso prolongado de medicamentos, no por la enfermedad

MARTES 31 de octubre (HealthDay News/HispaniCare) -- El actor Michael J. Fox apareció la semana pasada en un controvertido anuncio de televisión en temporada de elecciones para apoyar la investigación con células madres. Apareció mostrando movimientos agitados y descontrolados.

Como reacción al anuncio de Missouri, los oponentes políticos de Fox en el debate de células madre le acusaron de estar actuando o de no haberse tomado sus medicamentos intencionalmente para lograr la simpatía del público.

Según los expertos en Parkinson, no hay nada más alejado de la realidad. De hecho, los movimientos desordenados de Fox, una afección que se conoce como disquinesia, se deben principalmente a que se ha estado tomando sus medicamentos para controlar el Parkinson, dijeron.

Para Fox y otros pacientes de Parkinson, esto es preferible a los síntomas de la enfermedad en sí, lo que típicamente implica muy poco movimiento.

"Nadie quiere ser sintomático", declaró Fox el jueves a Katie Couric, presentadora de noticias CBS. "Es como si te golpearan con un martillo".

Según los expertos, a medida que avanza, el cuidado de los pacientes de Parkinson se convierte en un acto de malabarismo extremadamente delicado entre controlar la enfermedad y los efectos secundarios de los medicamentos.

"La enfermedad en sí es crónica, progresiva y degenerativa", aseguró el Dr. Bruno V. Gallo, profesor de neurología de la Facultad de Medicina Miller de la Universidad de Miami. "A medida que avanza, las cosas no mejoran, empeoran", dijo.

Sin embargo, "si se tienen que enfrentar a no poderse mover o a moverse demasiado, casi todos los pacientes de Parkinson escogen lo segundo", sostuvo el Dr. Michael Kaplitt, director de cirugía para trastornos del movimiento del Colegio médico Weill Cornell de la ciudad de Nueva York. "Cualquiera que tenga Parkinson en fase avanzada intentará tomar sus medicamentos antes de enfrentarse a cualquier situación pública y aceptará el hecho de que tendrá disquinesia y movimientos porque, sin ello, todo sería mucho peor.

En la enfermedad de Parkinson, el cerebro pierde células que suministran generalmente dopamina a las áreas del cerebro que controlan el movimiento.

"Cuando se pierde esa dopamina, las redes se descontrolan y aparecen los síntomas clásicos del Parkinson, en particular parálisis, entumecimiento, temblor y problemas de equilibrio", aseguró Kaplitt.

Los síntomas exactos del avance de la enfermedad, así como las reacciones a medicamentos distintos, varían según la persona.

"No podemos predecir el avance porque la enfermedad misma es muy distinta según el paciente", sostuvo Gallo. "Cada persona es completamente distinta".

La mayoría de los pacientes en las etapas iniciales responden bien a la levodopa, que se transforma en dopamina en el cerebro, o a los "agonistas de la dopamina", que activan los receptores de dopamina del cerebro.

Sin embargo, a medida que la enfermedad avanza y se pierden más neuronas, los pacientes necesitan más medicamentos en dosis más altas y con mayor frecuencia.

"Con el tiempo, se transforma en una espiral descendente", sostuvo Kaplitt.

Según Gallo, las complicaciones relacionadas con los medicamentos comienzan a surgir aproximadamente a la mitad de los pacientes después de cinco años de haber comenzado la terapia. A los 10 ó 12 años, cerca de las tres cuartas partes ya habrá desarrollado dificultades relacionadas con los medicamentos.

La disquinesia, los movimientos agitados sin control de los brazos, las piernas y el tronco, es uno de los efectos secundarios más característicos del medicamento y, con menor frecuencia, de la enfermedad misma.

"Estas complicaciones de las terapias hacen que tratar a los pacientes de Parkinson sea un verdadero reto porque son los medicamentos mismos que recibe el paciente para ayudarle al principio de la enfermedad los que producen las complicaciones", aseguró Gallo, quien también es director de estimulación cerebral profunda y de monitoreo intraoperatorio del Hospital Jackson Memorial de Miami. "Es un verdadero reto para el médico. Sólo se puede imaginar el tipo de reto para los pacientes que tienen el trastorno y tienen que enfrentarse a tantos problemas".

"En cuanto comienza, los pacientes se vuelven muy sensibles a los medicamentos y con frecuencia tienen una ventana de oportunidad muy reducida para obtener beneficios sin efectos secundarios", agregó Kaplitt. "Si toman muy poco, no hay beneficio. Si toman demasiado, adquieren disquinesia".

El mejor momento es cuando el medicamento comienza a dejar de hacer efecto sin que los síntomas de la enfermedad hayan vuelto a aparecer.

"Cuando la curva comienza a ir hacia abajo y la disquinesia comienza a mejorar aunque todavía no hay parálisis, generalmente es el momento, durante una hora o algo así, en que se sienten bastante bien", aseguró Kaplitt. "A medida que pasa el efecto, la disquinesia desaparece, pero no se pueden mover". (Existe una operación que realiza Kaplitt que puede eliminar la disquinesia, pero no quiso hacer comentarios sobre los motivos de cada paciente para someterse o no a la cirugía).

Sin embargo, el colmo de la ironía, al menos para Fox y sus críticos, es que renunciar a la disquinesia en favor de los síntomas debilitantes del Parkinson pudo haber producido aún mayor simpatía en la teleaudiencia.

"Yo argumentaría que sería una manipulación aún más poderosa no tomar el medicamento antes de salir en televisión y estar completamente discapacitado hasta el punto en que ya uno no se puede mover ni hablar", sostuvo Kaplitt. "Sería imposible integrarse a las actividades de los lugares públicos, como trabajar o hablar en televisión, sin haber tomado los medicamentos, cosa que la mayoría de los pacientes acepta".

Más información

Para más información sobre la enfermedad de Parkinson, visite el National Institute of Neurological Disorders and Stroke.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare
FUENTES: Bruno V. Gallo, M.D., professor, neurology, University of Miami Miller School of Medicine and director, deep brain stimulation and intraoperative monitoring, Jackson Memorial Hospital, Miami; Michael Kaplitt, M.D., Ph.D., director, movement disorders surgery, Weill Cornell Medical College, New York City
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