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Combinación para la enfermedad cardiaca abunda entre niños obesos

Gracias a la epidemia, más tienen ahora síndrome metabólico

MIÉRCOLES 2 de junio (HealthDayNews/HispaniCare) -- El síndrome metabólico, una constelación de condiciones que juntas aumentan el riesgo de enfermedad cardiaca más adelante en la vida, afecta a muchos más niños de lo que antes se pensaba.

Esta prevalencia en aumento puede deberse a la epidemia de obesidad, ya que casi el 50 por ciento de los niños y adolescentes severamente obesos que participaron en un nuevo estudio presentan los criterios del síndrome metabólico.

"A medida que más niños se vuelven obesos, tienden a desarrollar este grupo de complicaciones, y esto no es bueno porque sabemos que tener dos o tres o cuatro de estos factores de riesgo los coloca en un riesgo muy alto de enfermedad cardiovascular [en el futuro]", afirmó la autora del estudio, la Dra. Sonia Caprio, profesora asociada de endocrinología pediátrica en la Facultad de Medicina de Yale. Su reporte aparece en la edición del 3 de junio del New England Journal of Medicine.

"Es una llamada a la realidad y una advertencia", añadió el Dr. Gary Berkovitz, profesor de pediatría y director de endocrinología pediátrica en el University of Miami-Jackson Hospital. "Que sea el 50 por ciento es muy sorprendente. Ese es un número terriblemente alto".

De acuerdo al artículo, los adultos con obesidad severa tienen el doble de riesgo de morir que los adultos que son moderadamente obesos.

El síndrome metabólico, también conocido como síndrome X, generalmente se define como tener una o más de estas condiciones: resistencia a la insulina, obesidad abdominal basada en la circunferencia de la cintura (o en los niños, una índice de masa corporal alto), presión sanguínea alta, colesterol "bueno" bajo y triglicéridos altos.

Las causas subyacentes del síndrome metabólico son el sobrepeso o la obesidad, la inactividad física, y la predisposición genética.

"Lo que una vez se consideró una enfermedad de adultos tiene sus raíces en el grupo de edad pediátrica", dijo la Dra. Brenda Kohn, profesora asociada de pediatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York de esa ciudad. "Observamos un aumento en la presión sanguínea, la resistencia a la insulina, y la diabetes tipo 2. Hay enfermedades reales presentes, y, además de eso, vemos los marcadores de enfermedades continuadas desarrollándosw, los cuales, si se mantienen sin control y si la obesidad se mantiene sin control, continuarán en la edad adulta y predispondrán a los individuos a la arterosclerosis y otras enfermedades".

La American Heart Association estima que entre el 20 y el 25 por ciento de adultos estadounidenses tienen síndrome metabólico, pero es menos claro cuántos niños sufren de esta condición. La tercera encuesta de examinación de la salud y la nutrición nacionales (National Health and Nutrition Examination Survey) del gobierno, llevada a cabo entre 1988 y 1994, encontró un 6.8 por ciento de adolescentes con sobrepeso y un 28.7 por ciento de adolescentes obesos que fueron clasificados con síndrome metabólico.

Sin embargo, más personas jóvenes son más pesados hoy en día, lo que quiere decir que la prevalencia puede ser mucho mayor.

Para obtener un estimado más actualizado, los autores del estudio pasaron una prueba de tolerancia a la glucosa y midieron el tamaño, el peso, la presión sanguínea, el colesterol y otros indicadores en 439 niños y adolescentes obesos, 31 niños y adolescentes con sobrepeso, y 20 niños y adolescentes normales.

La prevalencia del síndrome metabólico aumentó a medida que los niños se hacían más pesados. En general, el 38.7 por ciento de los sujetos moderadamente obesos y el 49.7 por ciento de los participantes severamente obesos tenían síndrome metabólico. Ninguno de los niños o adolescentes con sobrepeso o no obesos sufrían del síndrome.

El síndrome metabólico está también asociado a una resistencia aumentada a la insulina y con niveles más altos de proteína reactiva C y de interleuquina-6 (marcadores que pueden predecir enfermedad cardiovascular futura). Los niveles de adiponectina, una molécula que previene ciertas placas, bajaron.

"Demostramos que a medida que un niño pasa de no tener sobrepeso a ser obeso y a ser obeso severo, se encuentran más y más de estos problemas", dijo Caprio. "Hay otros marcadores que el niño desarrolla, tales como marcadores de inflamación, que aún no se han asociado con los niños. Como estamos viendo una inflamación subclínica crónica baja ya en la niñez, se puede imaginar lo que puede causarle al niño si permanece así durante años".

El mensaje práctico no es nuevo. "Los hallazgos sugieren que si se reduce la obesidad, los problemas asociados con el síndrome metabólico también pueden reducirse", dijo Berkovitz.

"Vemos en nuestros pacientes diabéticos que incluso una reducción en obesidad de entre un 5 y un 10 por ciento mejora dramáticamente el control del azúcar en la sangre", añadió Gwen Enfield, una educadora sobre nutrición y diabetes en la división de endocrinología pediátrica en el University of Miami-Jackson Hospital.

¿Cómo se logra esto? Los dos pilares de la dieta y el ejercicio, combinados cada vez más con medicamentos, dijo Berkovitz. "A menos que haya un cambio muy muy grande en actitud en este país, la dieta y el ejercicio no serán la respuesta para todos", apuntó.

Ese cambio en la actitud podría ser la clave. "Tiene que haber una comprensión de que tener sobrepeso, aún a nivel moderado, es malo para la salud", declaró Enfield.

Más Información

La American Heart Association tiene más información sobre el síndrome metabólico.

FUENTES: Sonia Caprio, M.D., associate professor, pediatric endocrinology, Yale School of Medicine, New Haven, Conn.; Brenda Kohn, M.D. associate professor, pediatrics, New York University School of Medicine, New York City, and member, medical advisory board, Juvenile Diabetes Foundation; Gary Berkovitz, M.D., professor, pediatrics, and chief, pediatric endocrinology, University of Miami-Jackson Hospital, Miami; Gwen Enfield, R.D., C.D.E., nutritionist and diabetes educator, pediatric endocrinology, University of Miami-Jackson Hospital, Miami; June 3, 2004, New England Journal of Medicine
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