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Salud servida a la mesa

La familia que cena unida permanece unida, encontraron investigadores españoles

Lunes, 21 de enero (HealthScouNews) -- Poniendo a un lado la calidad de la comida, las comidas familiares podrían ayudar a mantenerte emocionalmente saludable.

Los adolescentes con problemas de salud mental tienen menos probabilidad que sus compañeros emocionalmente estables en compartir al comer y en participar de importantes ritos con sus familias, indicaron investigadores españoles.

Su estudio, que aparece en la edición más reciente de "Journal of Epidemiology and Community Health", no muestra un vínculo de causa y efecto. Pero sí hace alusión a una conexión entre una familia unida y el bienestar mental y sugiere que tiene al menos algún crédito el cliché acerca de las familias que permanecen juntas.

"Hay un tipo de validez nominal en el informe", comentó el Dr. John Ashton, co-editor de la revista y director regional de Northwest England, un área que incluye Liverpool y Manchester. "Esto es algo que obviamente es de gran interés para las personas preocupadas de que los patrones modernos de comida chatarra, comidas rápidas y ver televisión hayan socavado la vida familiar".

Ashton señaló que los europeos se han enorgullecido durante siglos por las pausadas comidas familiares, pero ahora están alarmados por la usurpación de este pasado de banquetes por parte de la cultura estadounidense de come-y-vete. El resultado: Los padres tienen menos tiempo para compartir cara a cara con sus hijos adolescentes, y por consiguiente son menos capaces de brindarles apoyo y amparo.

"Los padres parecen recibir muchas sorpresas en estos días, porque no saben qué sucede en las vidas de sus hijos", expuso Ashton.

Conducidos por Elena Compañ Poveda, una investigadora de Alicante, los científicos encuestaron a 282 adolescentes y jóvenes adultos entre las edades de 14 y 23 acerca de sus rituales familiares. Ochenta y dos de los encuestados, todos los cuales vivían en sus hogares, estaban buscando tratamiento para la depresión, la ansiedad y otros problemas de salud mental en una clínica ambulatoria local. El resto fue escogido de escuelas de la ciudad.

Cuando se habla de hábitos alimentarios familiares, los dos grupos eran marcadamente diferentes. Los adolescentes emocionalmente inestables reportaron ingerir menos alimentos cada semana junto a sus padres y hermanos 4.5 vs. 6 para el otro grupo. Almorzaban aparte casi 14 por ciento del tiempo, en comparación con sólo 4.5 por ciento entre sus compañeros emocionalmente estables. Y pasaban cerca de un tercio de sus cenas lejos de sus familias, en comparación con 17.5 por ciento en el otro grupo. Faltar a comidas en los fines de semana y cenas en la semana, representaban el grueso de la diferencia.

Quienes visitaron la clínica también reportaron tener significativamente menos rituales familiares que sus contrapartes. Pasaban menos días feriados religiosos o seculares juntos, y reconocieron menos días especiales como aniversarios y fiestas de despedidas. Aunque reportaron observar tanta televisión con sus familias como los otros, tenían menos conversaciones con sus padres, menos viajes frecuentes, actividades religiosas ni otros paseos al aire libre en grupo.

En adición, comparado con sus contrapartes, los que buscaban cuidado de salud mental tenían un sentido mayor de disfunción familiar. Tenían seis veces mayor probabilidad de reportar disfunción severa, y mucho menos probabilidad de decir que su vida familiar era normal.

Los adolescentes quienes buscaron cuidado eran también más propensos que aquellos provenientes de hogares de padres solteros. Sus padres eran también tres veces más propensos a retirarse de lo que lo fueron los padres de otros adolescentes.

El informe del equipo español "ciertamente tiene sentido en términos de qué sabemos acerca de rituales familiares significativos y su capacidad de vacunar a las personas contra enfermedades mentales", expresó Evan Imber-Black, un terapeuta de la ciudad de Nueva York quien ha estudiado la importancia de rituales familiares.

Imber-Black, director del Centro para Familias y Salud del Instituto Ackerman para la Familia, señaló que estas actividades "proveen un sentido de cohesión, un punto de anclaje para los niños. Tienen un punto de regreso al cual volver" cuando los problemas acudan en su vida.

Pero Imber-Black enfatiza que estar juntos para comer no constituye un ritual significativo.

Las horas de las comidas ofrecen a los niños una oportunidad para hablar con sus padres acerca de cosas que los están preocupando, y una oportunidad para los padres para aprender qué ocurre en la vida de su hijo, argumentó. "No es sólo sentarse frente al televisor o sólo abastecer el motor de uno", añadió.

Qué hacer

Para más sobre la salud adolescente, visita este sitio del Instituto Nacional de Salud Mental.

El Centro para Servicios de Salud Mental es otro buen recurso.

Fuentes: entrevistas con John Ashton, M.D., profesor de salud pública, Universidad de Liverpool, director regional de salud, Northwest England; Evan Imber-Black, Ph.D., director, Centro para Familias y Salud, Instituto Ackerman para la Familia, ciudad de Nueva York; "Journal of Epidemiology and Community Health", febrero de 2002
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