Los supervivientes de cáncer infantil se enfrentan a un mayor riesgo de sarcoma

Un estudio halla que tienen nueve veces más probabilidades de desarrollar un tumor maligno secundario

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Reportero de Healthday

MIÉRCOLES 21 de febrero (HealthDay News/HispaniCare) -- Los supervivientes de cáncer pediátrico enfrentan nueves veces el riesgo normal de desarrollar un sarcoma al menos cinco años después del tratamiento para el cáncer inicial, según revela un estudio reciente.

El riesgo de desarrollar sarcoma, un cáncer del tejido conectivo o de soporte, es particularmente elevado entre los pacientes que tienen un historial familiar de cáncer o cuyo cáncer primario infantil era una forma de sarcoma, un tumor óseo o linfoma de Hodgkin, hallaron los investigadores.

El uso de radiación y ciertos tipos de medicamentos para la quimioterapia también estaba asociado con un mayor riesgo de sarcoma.

Estas observaciones aparecen en la edición del 21 de diciembre del Journal of the National Cancer Institute.

"Este estudio muestra algo inquietante", aseguró la autora principal, la Dra. Tara O. Henderson, del departamento de pediatría de la sección de hematología-oncología de la Facultad de medicina Pritzker de la Universidad de Chicago. "E indica que si un paciente tiene un historial de cáncer infantil y presenta posteriormente un quiste o bulto en cualquier parte de su cuerpo, hay que tener más sospechas de sarcoma que si se tratara de alguien de la población general".

De acuerdo con la American Cancer Society, más de tres cuartas partes de todos los pacientes de cáncer pediátrico sobreviven ahora cinco años o más.

Los autores destacan que investigaciones previas han mostrado que entre estos supervivientes, un cáncer secundario de cualquier tipo es la causa principal de muerte. Es bien sabido que el sarcoma es una amenaza particularmente sigilosa aunque poco común, cuyos síntomas no específicos dificultan su diagnóstico.

Henderson y su equipo analizaron datos de más de 14,000 pacientes estadounidenses y canadienses que participaron en un estudio de supervivientes del cáncer infantil (el Childhood Cancer Survivor Study), el análisis continuo más grande hasta la fecha sobre los pacientes de cáncer pediátrico.

Todos los pacientes del estudio tenían menos de 21 años al momento del diagnóstico del cáncer entre 1970 y 1986. Todos sobrevivieron al menos cinco años después de su diagnóstico inicial de leucemia, linfoma de Hodgkin, linfoma no Hodgkin, neuroblastoma, sarcoma, cáncer de riñón o de los huesos, o cáncer del sistema nervioso central.

Durante el periodo del estudio, cada participante completó tres cuestionarios con relación a su salud, tratamiento y antecedentes familiares. En este tiempo, se registraron todas las muertes y sarcomas que ocurrieron al menos cinco años después del tratamiento.

Henderson y sus colegas hallaron que se manifestaron 751 cánceres secundarios entre los participantes del estudio, de los cuales 108 eran sarcomas que afectaron a 104 pacientes. Tales sarcomas fueron diagnosticados un promedio de 11 años después del diagnóstico de cáncer pediátrico.

Henderson y su equipo pudieron clasificar la gravedad de los sarcomas secundarios en el 42 por ciento de los casos, y entre esos pacientes tan sólo más de la mitad tenía sarcoma en etapa avanzada al momento del diagnóstico. En conjunto, se determinó que los sarcomas secundarios fueron la causa definitiva de muerte para más de un tercio de los 104 pacientes de sarcoma secundario.

Los pacientes de sarcoma también eran más propensos a haber recibido radiación para cáncer pediátrico; a haber recibido dosis más altas de dos fármacos para la quimioterapia (antraciclina y alquilantes); a tener un historial familiar de cáncer o de otros cánceres secundarios ellos mismos; o a haber combatido tipos específicos de cáncer pediátrico, incluido el sarcoma.

Los autores resaltaron que se encontró un historial de cáncer entre parientes de primer grado en el 22 por ciento de los pacientes de sarcoma. También apuntaron que los pacientes que eran particularmente jóvenes al momento del primer diagnóstico del cáncer infantil (de menos de 4 años) parecían tener el riesgo más alto de desarrollar sarcoma posteriormente.

Los investigadores observaron que cerca del 80 por ciento de los 104 pacientes de sarcoma había recibido radiación, aunque sólo pudieron confirmar que el 56 por ciento de ellos había recibido radiación focalizada en el área en que el sarcoma secundario apareció finalmente.

Se encontró que aún los pacientes de cáncer pediátrico que nunca habían recibido radiación estaban en mayor riesgo de sarcoma que la población general.

Henderson sugirió que es probable que una constelación de factores incrementen el riesgo de sarcoma entre los supervivientes de cáncer infantil.

"Aunque confirmamos que la radiación es un riesgo y que la quimio podría ser otro también, es posible que estos pacientes en particular sean portadores de algunos elementos de susceptibilidad y predisposición al cáncer que aún no comprendamos", apuntó. "Descifrarlo será la siguiente fase de la investigación que necesitamos emprender".

Henderson enfatizó que estos hallazgos no constituyen una razón para crear una alarma infundada, ya que el sarcoma continua siendo un cáncer relativamente raro, incluso para los que están en alto riesgo.

El Dr. Kevin Oeffinger, director del Programa para supervivientes adultos de cáncer pediátrico del Centro contra el cáncer Memorial Sloan-Kettering de la ciudad de Nueva York, estuvo de acuerdo con ese punto.

"Es importante reconocer que el sarcoma es un cáncer poco común, así que su riesgo es de 1 entre un millón para algunos y de 9 entre un millón para otros, aún así es un resultado poco frecuente", aseguró.

"Y aunque la radiación fue el tratamiento asociado al mayor riesgo, es bueno recordar que la mayoría de la gente que recibe radiación en la infancia nunca tendrá un segundo cáncer", agregó Oeffinger. "Y que esa dosis de radiación con frecuencia es una parte de la terapia que salva la vida. Claramente, si no somos capaces de curar el primer cáncer, entonces hablar de un segundo cáncer no tiene sentido".

Sin embargo, Oeffinger advirtió a los pacientes de cáncer pediátrico que deben ser diligentes con la atención de seguimiento.

Anotó que su propio trabajo de investigación, realizado con el mismo conjunto de pacientes y que aparece en la edición de octubre pasado del New England Journal of Medicine, revela que dos de cada tres de esos supervivientes contraerá a fin de cuentas al menos un problema de salud crónico y a veces potencialmente mortal entre 20 y 30 años después del diagnóstico del cáncer.

"Así que el mensaje final es no preocuparse demasiado por este punto, pero sí estar consciente de que la atención de seguimiento a largo plazo (con un profesional de atención médica que esté familiarizado con los riesgos a largo plazo) es esencial para todos los supervivientes de cáncer pediátrico", señaló Oeffinger.

Más información

Para más información sobre los efectos a largo plazo del tratamiento contra el cáncer pediátrico, visite la American Cancer Society.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare

FUENTES: Tara O. Henderson, M.D., department of pediatrics, section of Hematology-Oncology, University of Chicago Pritzker School of Medicine, Chicago; Kevin Oeffinger, M.D., director, Program for Adult Survivors of Pediatric Cancer, Memorial Sloan-Kettering Cancer Center, New York City; Feb. 21, 2007, Journal of the National Cancer Institute

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