La franqueza de los médicos sobre pronósticos negativos es lo que mejor funciona

Conocer los hechos ayuda, incluso cuando el pronóstico es malo, según muestra una investigación reciente

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Reportero de Healthday

JUEVES 12 de julio (HealthDay News/Dr. Tango) -- Tal vez la única frase que es peor de oír que "es cáncer" son las palabras "no tiene cura".

Una investigación reciente revela que aquellos a quienes se les dirigen tales palabras tal vez ni las escuchen o entiendan.

Pero si el paciente terminal es un niño, otro estudio muestra que los padres se sentirían mejor cuando los médicos les dicen toda la verdad sobre lo que les espera.

Dar malas noticias sobre la supervivencia de manera exitosa no siempre es fácil y estos artículos de la reciente reunión anual de la American Society of Clinical Oncology en Chicago lo prueban.

En entrevistas grabadas en que participaron individuos a los que se les había diagnosticado recientemente cáncer terminal de pulmón o gastrointestinales, el 74 por ciento de los médicos del Hospital Brigham & Women's de Boston informaron a sus pacientes que su enfermedad no tenía cura.

Sin embargo, sólo el 32 por ciento de esos pacientes dijo después a los investigadores que había escuchado y comprendido ese importante factor en su reunión con el médico.

"Claramente, lo que sucede es que los pacientes no lo están comprendiendo y la pregunta interesante es por qué", planteó la Dra. Lisa Lehmann, investigadora principal y directora del Centro de bioética del hospital.

En el estudio, el grupo de Lehmann grabó las conversaciones entre 90 pacientes a los que se les había diagnosticado recientemente cáncer terminal y sus médicos.

Encontraron que "[la mayoría] de los médicos en realidad están siendo muy honestos y abiertos sobre el pronóstico de sus pacientes, por lo menos en cuanto a la posibilidad de cura de estas enfermedades", señaló.

Sin embargo, casi un tercio de los pacientes no logró, en las entrevistas de seguimiento con los investigadores, recordar que el médico les hubiera dicho explícitamente que su enfermedad no tenía cura.

Lehmann dijo que las cintas mostraban que las palabras que los médicos usaban eran simples y francas, de manera que el problema no era el lenguaje. "Simplemente no sabemos si la información que se les comunica en cuanto a la expectativa muy baja de vida los traumatiza", añadió.

El estudio sí descubrió una pista posible: Los pacientes que dijeron a los investigadores que la información pronóstica era "muy importante" para ellos eran más propensos a recordar que les dijeron malas noticias.

Para Lehmann, esto sugiere que esos pacientes comprendían lo vital que esta información es para las decisiones difíciles de atención de salud que les esperan. Por consiguiente, son más capaces de "asimilar" la información pronosticada cuando los escuchan, dijo.

Sin embargo, apuntó que los hallazgos son problemáticos porque sugieren que muchos pacientes de cáncer están tomando decisiones sin comprender del todo sus pronósticos.

"Los pacientes deben darse cuenta de que, a pesar del shock y el trauma de este tipo de información, es realmente importante escucharla", dijo Lehmann.

Qué tan importante es lo que señala el otro artículo de investigación.

La Dra. Jennifer Mack, oncóloga pediátrica del Instituto oncológico Dana Farber de Boston, y su equipo encuestaron a 194 padres de niños que tenían cáncer. Los niños habían recibido el diagnóstico durante los doces meses anteriores y aún seguían el tratamiento.

Los cuestionarios preguntaban a los padres sobre el tipo de información que esperaban recibir de los médicos de sus hijos y hasta qué punto habían recibido esperanza de la información que ya habían recibido. A los pacientes se les preguntó también sobre sus creencias personales sobre las probabilidades de curación de sus hijos.

El equipo de Mack encontró que "incluso si el pronóstico de un niño era malo, era más probable que los padres tuvieran esperanzas si también recibían información de pronóstico más excautiva", en comparación a cuando los médicos retenían información a propósito para mantener la esperanza con vida.

Ese hallazgo se mantuvo igual incluso cuando el pronóstico era malo y apuntaba a ninguna o poca probabilidad de cura.

"Realmente muestra el poder de la información para ser útil para las personas en este tipo de situación", afirmó Mack.

Según Mack, ya se acabaron los días en que los médicos les escondían las peores noticias a los pacientes, pero no se han olvidado del todo.

"Todavía existe esa tendencia a no dar toda la información o a dar información excesivamente optimista sobre el pronóstico", según Mack, quien es también profesora de pediatría en la Facultad de medicina de la Harvard.

"Pienso que proviene de la compasión", agregó. "Pero pienso que podría ser un instinto incorrecto. Porque, al final, no es bueno para los pacientes. Aún así, he sentido ese instinto yo misma porque dar noticias tan malas a alguien parece algo tan terrible".

¿Por qué saber más casi siempre es mejor en estos tipos de casos?

"Yo creo que con frecuencia la gente teme lo peor y cuando piensan que no están obteniendo información directa, tales temores simplemente continúan", dijo Mack. "Pero si podemos suministrarles información realista, entonces tienen una manera de enmarcar sus expectativas más razonablemente".

Los intercambios francos, sensibles y bien articulados entre médico y paciente también aumentan la confianza, añadió.

"Saben que tienen una relación con el médico que justifica su confianza", dijo Mack. "Con un poco de suerte, el médico seguirá con ellos y continuará ofreciendo información realista en adelante".

Lehmann comparte la opinión.

Saber si se va a sobrevivir, o por cuánto tiempo, es crucial para las decisiones que hay que tomar, por ejemplo elegir quimioterapia agresiva frente a atención paliativa, dijo.

"Sin embargo, los pacientes sólo pueden tomar esas decisiones si tienen cierta información sobre la expectativa de vida", añadió.

Para los pacientes que se enfrentan a lo que podría ser una mala noticia, aconsejan ir al médico con un familiar o amigo.

"Pueden realmente escuchar de una manera en que los pacientes mismos tal vez no puedan", observó.

Y sugirió que los médicos también tienen que darle seguimiento a los pacientes de manera periódica, para asegurarse que realmente comprenden por completo su enfermedad y el pronóstico.

"También tenemos que encontrar alguna manera de comunicarlo de manera que la gente esté dispuesta a escucharlo", concluyó Lehmann.

Más información

Para más información sobre el apoyo para los pacientes de cáncer, visite la American Cancer Society.


Artículo por HealthDay, traducido por Dr. Tango

FUENTES: Jennifer Mack, pediatric oncologist, Dana Farber Cancer Institute, and instructor, pediatrics, Harvard Medical School, Boston; Lisa Lehmann, M.D., Ph.D., director, Center for Bioethics, Brigham & Women's Hospital, Boston; June 2007 presentations, American Society of Clinical Oncologists annual meeting, Chicago

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