Ensayo examina el tiempo oportuno para administrar anticoagulantes a pacientes de ataque cardiaco

Según los hallazgos, es mejor usarlos después, pero no antes

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Reportero de Healthday

MARTES 13 de febrero (HealthDay News/HispaniCare) -- Un estudio reciente halla que los medicamentos utilizados en las salas de emergencia para reducir el riesgo de coagulación de los pacientes cardiacos también pueden incrementar las probabilidades de hemorragias peligrosas.

El ensayo importante, en el que participaron más de 9,200 personas tratadas en 17 países, halló que los médicos quizá deban esperan para administrar estos medicamentos, llamados inhibidores de la glicoproteína IIb/IIIa, a los pacientes hasta justo antes de someterlos a la angioplastia para reducir el riesgo de hemorragias.

"Mucha gente estaba indecisa, no sabía cuál era la mejor manera de tratar a los pacientes", aseguró el Dr. Gregg Stone, autor líder del estudio y profesor de medicina del Colegio de médicos y cirujanos de la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York. "Los médicos pudieron preferir no comenzar con [los medicamentos] desde el principio porque implicaba otra IV, un costo adicional y mayor riesgo de sangrado, pero no sabían si era seguro o no. Así que estos resultados van a ser bastante reconfortantes".

Aún así, los hallazgos, publicados en la edición del 14 de febrero del Journal of the American Medical Association, no son contundentes a la hora de administrar inhibidores de la glicoproteína IIb/IIIa ni antes ni después y muchos médicos quizá opten por seguir tomando sus decisiones caso por caso, recomendó otro experto.

"Según esta información, no me parece que vaya a cambiar fundamentalmente la manera como se usan estos medicamentos en los pacientes de síndrome coronario agudo por ahora", aseguró el Dr. Kenneth Mahaffey, profesor asociado de medicina del Centro Médico de la Universidad de Duke en Durham, Carolina del Norte. Mahaffey no participó en el estudio pero coescribió un comentario acerca de la investigación para la publicación.

El síndrome coronario agudo (SCA) incluye eventos como dolor repentino en el pecho e incluso ataque cardiaco. Los pacientes de SCA deben ser gestionados de tal manera que no se acumulen los coágulos que pudieran desencadenar un accidente isquémico, como un accidente cerebrovascular o un ataque cardiaco. Estos coágulos son particularmente problemáticos durante los procedimientos invasivos, como la angioplastia.

La mayoría de los pacientes de SCA ya reciben algún tipo de anticoagulante, como heparina, en cuanto son ingresados a un hospital. Pero los inhibidores de la glicoproteína IIb/IIIa, entre los que se encuentran abciximab o eptifibatida, también pueden ayudar a reducir los riesgos de coagulación.

"Las directrices recomiendan el uso rutinario de inhibidores de la glicoproteína IIb/IIIa en un régimen basado en heparina", explicó Stone. "Pero el problema es si se deben administrar a todos los pacientes tan pronto llegan a la sala de emergencia o si se debe esperar hasta el laboratorio de cateterismo y sólo usarlos en los que van a ser sometidos a angioplastia".

Una buena razón para pensar en retrasar el uso de inhibidores de la glicoproteína IIb/IIIa es que pueden aumentar el riesgo de hemorragias. Un sangrado puede implicar peligros graves para la salud, sobre todo en los pacientes de mayor edad.

Para ayudar a decidir el asunto, Stone, en colaboración con investigadores de los EE.UU., Alemania y Nueva Zelanda, comparó los resultados a un año de 9,207 pacientes tratados en 450 centros de todo el mundo.

Los pacientes de riesgo entre moderado y alto de SCA recibieron tratamiento con heparina, y abciximab o eptifibatida, con la gran diferencia de que algunos recibieron un inhibidor de la glicoproteína IIb/IIIa inmediatamente, mientras que otros lo recibieron en promedio cinco horas después.

"El hallazgo principal fue que si se esperaba para dar los medicamentos desde el principio, y sólo se administraban a los pacientes que los necesitaban durante la angioplastia no sólo se podían usar menos de estos agentes, 55 por ciento en lugar de 97, sino también que se podían utilizar por un periodo de tiempo mucho más corto y con menos hemorragias", aseguró Stone. Los índices a treinta días de sangrado considerable bajaron del 6.1 por ciento en los pacientes del grupo que recibió más pronto los anticoagulantes al 4.9 por ciento entre los que recibieron estos medicamentos algunas horas más tarde.

Pero, ¿aumentó el riesgo de isquemia al posponer la administración de estos anticoagulantes?

Stone aseguró que, entre los pacientes del grupo de "administración retrasada", "hubo una ligera tendencia hacia un incremento mínimo de complicaciones isquémicas adversas". En general, el 7.9 por ciento de los pacietnes del grupo de administración retrasada sufrió un evento isquémico durante el mes siguiente al tratamiento invasivo, en comparación con el 7.1 por ciento de los que recibieron el medicamento anticoagulante con anterioridad.

"Aún así, esta diferencia no alcanzó significación estadística y el único tipo de complicación isquémica que tendió a aumentar fue la más leve de todos los tipos que medimos", anotó Stone".

Así que tomando en cuenta los hallazgos, "parece que ambas estrategias son aceptables, pero la que más preferimos, sobre todo en pacientes mayores con alto riesgo de hemorragias, es aplazar la administración de los medicamentos, esperar por los resultados del angiograma y luego administrar el medicamento a los que en definitiva lo necesiten", aseguró Stone.

Mahaffey se mostró más ambivalente. Considera que las decisiones sobre cuándo usar los inhibidores de la glicoproteína IIb/IIIa siguen dependiendo de las características de cada paciente.

"Aún es un asunto de equilibrio entre esperar y tener un índice ligeramente menor de hemorragia o comenzar antes y tener un índice ligeramente menor [de ataques cardiacos]", expuso.

La información a más largo plazo de éste y otros ensayos "podría ponernos en el camino de escoger una opción o la otra", aseguró Mahaffey. "Pero no creo que vayamos a tener realmente una evidencia definitiva sobre una u otra opción a partir de de estos datos".

Más información

Para saber más acerca del síndrome coronario agudo, diríjase a la American Heart Association.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare

FUENTES: Gregg Stone, M.D., professor, medicine, Columbia University College of Physicians and Surgeons, New York City; Kenneth Mahaffey, associate professor, medicine, Duke University Medical Center, Durham, N.C,; Feb. 14, 2007, Journal of the American Medical Association

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