Los desfibriladores pueden controlar una peligrosa afección cardiaca

La cardiomiopatía hipertrófica, un trastorno genético, con frecuencia ataca a las personas jóvenes

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Reportero de Healthday

MARTES 24 de julio (HealthDay News/Dr. Tango) -- Los desfibriladores implantables pueden reducir el riesgo de muerte súbita entre los pacientes de alto riesgo que tienen cardiomiopatía hipertrófica, un engrosamiento del músculo cardiaco relacionado con la genética.

Y varias personas que se beneficiaban de los desfibriladores cardioversores implantables (DCI) sólo tenían un factor de riesgo de muerte cardiaca súbita, lo que significa que más personas podrían beneficiarse, según sugiere un estudio reciente.

"La cardiomiopatía hipertrófica es la causa más común de muerte súbita entre los jóvenes, incluso los atletas, y ha resultado que un desfibrilador les da la oportunidad de cambiar el curso natural de la enfermedad y prevenir la muerte súbita", señaló el Dr. Barry Maron, director del Centro de cardiomiopatía hipertrófica de la Minneapolis Heart Institute Foundation. "En cierto modo, esto enfatiza el uso y la efectividad del dispositivo en esta enfermedad genética en estos pacientes jóvenes y aumenta la cantidad de pacientes que pueden ser elegibles para al menos considerar un desfibrilador".

Maron fue el autor principal del estudio, que aparece en la edición del 25 de julio del Journal of the American Medical Association.

Sin embargo, otros expertos apuntaron que gran parte de la información en el estudio ya se conocía.

"Algunos de estos datos habían sido publicados con una cantidad menor de pacientes. Este estudio confirma algo que ya se había hecho", afirmó el Dr. Jose Joglar, director de electrofisiología clínica y profesor asociado de medicina del Centro médico Southwestern de la Universidad de Texas, en Dallas. "Esto no expandirá el uso de desfibriladores".

La cardiomiopatía hipertrófica es una enfermedad genética que hace que el músculo cardiaco se haga más grueso de manera anormal. A su vez, esto puede dañar el sistema eléctrico del corazón y causar trastornos del ritmo potencialmente mortales llamados arritmias.

Los desfibriladores implantables (DCI), que acaban con los peligrosos trastornos del ritmo, se han vuelto rutinarios durante los últimos años en los pacientes de alto riesgo que tienen cardiomiopatía hipertrófica. Pero no siempre es fácil identificar a las personas que tienen cardiomiopatía hipertrófica que se beneficiarían de un desfibrilador.

"Es tradicionalmente difícil determinar con precisión cuáles pacientes entre todos los que padecen esta enfermedad están en alto riesgo y merecerían consideración para un DCI, porque la CMH [cardiomiopatía hipertrófica] es una enfermedad particularmente heterogénea", explicó Maron. La mayoría de los pacientes de alto riesgo no tienen síntomas o sólo síntomas leves, y son, en promedio, 25 años más jóvenes que los que tienen enfermedad coronaria. Y no hay ningún factor de riesgo único que haya surgido, como en la enfermedad coronaria después de un ataque cardiaco".

"Debido a que los pacientes son más jóvenes, la decisión sobre estos DCI es más importante porque el periodo que lo llevarán es mayor", continuó.

Aunque el estudio reciente no es el primero en evaluar los DCI en pacientes de cardiomiopatía hipertrófica, sí es el de mayor tamaño.

Maron y sus colegas analizaron datos de un registro internacional de múltiples centros de los desfibriladores implantados entre 1986 y 2003 en 506 pacientes de cardiomiopatía hipertrófica. Los pacientes, cuya edad promedio era de 42, se consideraban de alto riesgo de muerte súbita, aunque el 87 por ciento tenía sólo síntomas leves o ningún síntoma. El periodo medio de seguimiento fue de 3.7 años. Los desfibriladores fueron implantados tanto en pacientes que nunca habían tenido un problema (prevención primaria) como en pacientes que ya habían tenido un problema (prevención secundaria).

El veinte por ciento de los pacientes experimentaron uno o más incidentes en que el DCI terminó la fibrilación ventricular (un ritmo cardiaco anormal que causa paro cardiaco) o taquicardia ventricular (latido cardiaco anormalmente rápido).

El desfibrilador terminó ritmos cardiacos anormales en 10.6 por ciento de los pacientes anualmente que habían recibido un dispositivo para la prevención secundaria y el 3.6 por ciento de los pacientes por año para la prevención primaria.

La probabilidad de que un desfibrilador interviniera después de cinco años de implantación era de casi 25 por ciento, encontró el estudio.

Más del 40 por ciento de los pacientes en los que el dispositivo intervino apropiadamente tenían menos de 40 años.

El 35 por ciento de los pacientes que recibieron el desfibrilador para prevención primaria se había sometido a la implantación a partir de un solo factor de riesgo. La probabilidad de que el dispositivo interviniera fue similar en los pacientes que tenían uno, dos, tres o más factores de riesgo.

Los factores de riesgo evaluados en el estudio incluían antecedentes de muerte súbita relacionada con la cardiomiopatía hipertrófica en uno o más parientes menores de 50 años, desmayos y un ritmo cardiaco anormalmente rápido.

"Se trata de una población selecta de pacientes. Los factores de riesgo eran bastante significativos y los pacientes probablemente estaban más enfermos", apuntó Joglar. "La gran mayoría de los pacientes que tienen CMH tendrán un mejor pronóstico que ese".

Los autores del estudio advirtieron que los desfibriladores no necesariamente deben ser implantados en todo el que padezca cardiomiopatía hipertrófica. Los pacientes tendrán que seguir confiando en el juicio de los médicos individuales.

Más información

Visite la Food and Drug Administration para más información sobre los desfibriladores implantables.


Artículo por HealthDay, traducido por Dr. Tango

FUENTES: Barry J. Maron, M.D., director, Hypertrophic Cardiomyopathy Center, Minneapolis Heart Institute Foundation, Minneapolis; Jose Joglar, M.D., director of clinical electrophysiology, and associate professor of medicine, University of Texas Southwestern Medical Center at Dallas; July 25, 2007, Journal of the American Medical Association

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