Una inyección de adrenalina puede salvar vidas cuando un corazón se para, pero se cobra un alto precio

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Reportero de HealthDay

JUEVES, 19 de julio de 2018 (HealthDay News) -- Una inyección de adrenalina puede reiniciar el corazón si deja de latir de repente, pero un ensayo reciente muestra que hay probabilidades de que, si sobrevive, quizá usted no tenga una vida demasiada buena.

Las personas que sufrieron un paro cardiaco y fueron resucitadas con adrenalina tuvieron un riesgo de casi el doble de daño cerebral grave, encontraron los investigadores.

"Encontramos que la adrenalina no aumenta las probabilidades de sobrevivir sin un daño cerebral grave", señaló el investigador principal, el Dr. Gavin Perkins, profesor de medicina de atención crónica en la Facultad de Medicina de la Universidad de Warwick, en Inglaterra. "De hecho, de los supervivientes, el doble tienen un daño cerebral grave".

Los hallazgos deberían animar a las sociedades médicas importantes a replantearse las directrices para el uso de la adrenalina (o "epinefrina") para reiniciar un corazón cuando se ha parado, dijo Perkins.

Un experto cardiaco, el Dr. Vinay Nadkarni, concurrió en que la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association) y el Comité Internacional de Consenso sobre la RCP (International Liaison Committee on Resuscitation) deben tomar en cuenta a este ensayo clínico en las revisiones futuras de las directrices de tratamiento del paro cardiaco.

"Hay inquietudes de que con el método pragmático actual haya un riesgo de más supervivientes con un deterioro neurológico grave, algo que el público no querría", dijo Nadkarni, presidente de medicina de atención crítica pediátrica del Hospital Pediátrico de Filadelfia.

"Pero eso no significa que necesariamente debamos descartar lo bueno con lo malo", siguió Nadkarni. "[La adrenalina] podría todavía tener un rol importante en un momento anterior de la reanimación, o en combinación con otras terapias efectivas".

Cada año, ocurren más de 350,000 paros cardiacos en comunidades de EE. UU., según la Asociación Americana del Corazón. Solo más o menos una de cada 10 víctimas sobrevive.

Durante el ensayo, los paramédicos de cinco servicios de ambulancias de Reino Unido administraron al azar adrenalina o un placebo a más de 8,000 pacientes con un paro cardiaco después de que la reanimación cardiopulmonar (RCP) ni la desfibrilación lograran reiniciar sus corazones.

El ensayo fue inspirado por evidencias que emergieron en años recientes que sugieren que la adrenalina podría dañar al cerebro al reiniciar el corazón, dijo Perkins.

"Algunos datos experimentales muestran que la epinefrina es útil para elevar la presión arterial y potencialmente reiniciar el corazón, pero reduce el flujo sanguíneo a los pequeños vasos sanguíneos del cerebro, lo que es posible que empeore la lesión cerebral", apuntó Perkins.

La adrenalina mejoró ligeramente las probabilidades de supervivencia de una persona, mostraron los hallazgos. Más o menos un 3.2 por ciento de los pacientes que recibieron adrenalina seguían con vida un mes tras el paro cardiaco, en comparación con un 2.4 por ciento de los que recibieron un placebo.

Lamentablemente, esa ventaja para la supervivencia conllevó un costo para el cerebro.

Alrededor del 31 por ciento de los supervivientes en el grupo de la adrenalina tuvieron un daño cerebral moderado o grave, frente a un 18 por ciento de los del grupo del placebo, según el informe.

Esto incluye un daño cerebral grave en alrededor de un 21 por ciento de los que recibieron adrenalina, frente a un 9 por ciento de los que recibieron el placebo, apuntaron los investigadores. En esa categoría, los supervivientes están confinados a la cama, son incontinentes y necesitan cuidados de enfermería y una atención constantes.

"Encontramos que la adrenalina podía reiniciar el corazón, pero no era buena para el cerebro", dijo Perkins. "Los supervivientes adicionales tienen un estado neurológico malo".

Perkins cree que muchas personas no desearían sobrevivir en ese estado, basándose en una encuesta que su equipo realizó antes del ensayo clínico.

"Más o menos un 95 por ciento de las personas con quienes hablamos dijeron que sobrevivir sin un daño cerebral es más importante que simplemente sobrevivir", enfatizó Perkins. "Se trata de una cuestión muy compleja que depende en parte del valor que un individuo o que la sociedad le da a la supervivencia versus la supervivencia sin un daño cerebral".

A los expertos les iría mejor si promueven otros métodos que salvan vidas para tratar el paro cardiaco, que se ha probado que son más efectivos que la adrenalina, dijo Perkins. Éstos implican sobre todo educar a todos los testigos potenciales para que:

  • Reconozcan un paro cardiaco y llamen al 911, que es 10 veces más efectivo que la adrenalina.
  • Inicien la RCP solo con compresiones, que es 8 veces más efectivo que la adrenalina.
  • Utilicen un desfibrilador automático, que es 20 veces más efectivo que la adrenalina.

"Ya contamos con cosas que son mucho más efectivas, pero que los miembros de nuestra comunidad no utilizan de forma universal", lamentó Perkins. "En los minutos antes de la llegada de una ambulancia, en realidad lo que puede hacer una gran diferencia respecto a salvar vidas son nuestras comunidades".

Nadkarni se mostró de acuerdo en que hay que enfocarse en esas respuestas centradas en los testigos ante el paro cardiaco.

Pero la adrenalina podría seguir siendo útil si se administra antes en el tratamiento de un paro cardiaco, en lugar de después de que otros intentos de reanimación hayan fracasado, añadió Nadkarni.

"No creo que debamos abandonarla del todo", dijo Nadkarni.

Los hallazgos aparecen en la edición en línea del 18 de julio de la revista New England Journal of Medicine.

Más información

La Asociación Americana del Corazón ofrece más información sobre el paro cardiaco.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

© Derechos de autor 2018, HealthDay

FUENTES: Gavin Perkins, M.D., professor, critical care medicine, University of Warwick Medical School, U.K; Vinay Nadkarni, M.D., chair, pediatric critical care medicine, Children's Hospital of Philadelphia; July 18, 2018, New England Journal of Medicine, online

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