Demasiados ensayos de medicamentos se suspenden prematuramente

Estudio halla que los 'beneficios' de estos tratamientos altamente publicitados son, con frecuencia, transitorios

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Reportero de HealthDay

MARTES 1 de noviembre (HealthDay News/HispaniCare) -- Es una escena común en el mundo de la investigación médica: los investigadores anuncian en un importante boletín que el medicamento que han estado evaluando ha resultado ser tan eficaz que han detenido el ensayo prematuramente, para brindar los beneficios del medicamento a todos los pacientes involucrados.

Cuando este tipo de "descubrimiento" aparece en primera plana, significa publicidad para todos los involucrados: el equipo de investigación, el medicamento, su fabricante, e incluso el boletín en el que aparece el estudio.

Sin embargo, una nueva investigación publicada en la edición del 2 de noviembre del Journal of the American Medical Association sugiere que, en la mayoría de los casos, el supuesto "beneficio" para los paciente es exagerado o se evapora en el largo plazo.

"Incluso cuando las cosas se hacen bien, los ensayos detenidos prematuramente corren el riesgo de sobreestimar sustancialmente los efectos del tratamiento y ese riesgo se hace aún mayor cuando las cosas no se hacen bien", afirmó el autor del estudio, el Dr. Gordon Guyatt, profesor de medicina de la Universidad McMaster en Hamilton, Ontario, Canadá.

Guyatt lideró un equipo internacional de expertos independientes que revisaron 143 ensayos publicados durante los últimos 15 años en boletines médicos de "alto impacto". Todos esos ensayos aleatorios controlados fueron detenidos prematuramente debido a un anuncio de un beneficio del tratamiento para los pacientes.

Y sin más información de fondo, el médico (y el paciente) promedio toma estos dramáticos resultados de los ensayos como verdaderos, con frecuencia cambiando sus patrones de tratamiento, apuntó el equipo.

Pero en su propia observación cercana, los revisores concluyeron que con demasiada frecuencia los ensayos fueron terminados demasiado pronto, antes de obtener el valor estadístico para determinar si el "beneficio" era real, o simplemente un golpe de suerte estadístico transitorio.

Y Guyatt dijo que el problema está creciendo, pues su equipo encontró que el porcentaje de ensayos detenidos prematuramente publicados en boletines importantes se ha más que duplicado durante los últimos 15 años, de 0.5 por ciento en 1990 a 1.2 por ciento para 2004.

"Este artículo es una verdadera llamada de atención a todos los grupos involucrados para que afirmen 'miren, como van las cosas, hemos cometido un error'", apuntó Guyatt.

Su equipo de expertos canadienses, estadounidenses y europeos hizo una rigurosa evaluación a los datos de los 143 ensayos detenidos prematuramente. Típicamente, se trataba de ensayos de medicamentos patrocinados por el sector farmacéutico, concentrados en dolencias mortales comunes como la enfermedad cardiaca, el cáncer y el VIH/SIDA. La mayoría fue publicada en boletines respetados de alto perfil, como el New England Journal of Medicine (55 estudios), The Lancet (27 estudios), y el Journal of the American Medical Association (6 estudios).

Terminar un ensayo antes de su fecha planificada de terminación usualmente significaba detener el proceso de reclutamiento de participantes anticipadamente, dado que la mayoría de los ensayos continúan reclutando nuevos participantes incluso después de que ya se está llevando a cabo.

De hecho, los ensayos habían reclutado un promedio del 63 por ciento de su cohorte planificada para cuando se detuvieron, reportan los investigadores. Y si bien muchos ensayos están diseñados para recolectar datos durante años, los que fueron detenidos prematuramente debido a buenos resultados lo hicieron con un promedio de sólo 13 meses.

En casi todos los casos, los investigadores que publicaban sus resultados no suministraron (y los editores de los boletines no insistieron en que lo hicieran) una justificación estadística detallada de por qué terminaban prematuramente el ensayo.

"Eso es parte del propósito de este informe, animar a las personas a tener estándares más estrictos para reportar por qué se detienen precozmente", apuntó Guyatt.

En demasiados casos, añadió, el número de "eventos" (puntos finales como la muerte, un ataque cardiaco, apoplejía u otro marcador importante) que formó parte de la decisión para detenerse prematuramente, era demasiado bajo como para sacar cualquier conclusión firme de que el medicamento continuaría ofreciendo un beneficio a largo plazo.

"Cuando los tamaños de las muestras son pequeños, y el número de eventos bajo, corremos un alto riesgo de sobreestimar sustancialmente la magnitud del efecto y, a veces, al extremo, en realidad no hay ningún efecto en lo absoluto", señaló Guyatt.

Su equipo citó varios ejemplos, como un ensayo que comparaba el medicamento bisoprolol para los pacientes cardiacos que se sometían a cirugía vascular.

El ensayo se detuvo prematuramente, en un momento en que sólo 112 de los 266 pacientes planificados habían sido reclutados. Los investigadores anunciaron que los pacientes que tomaban bisoprolol habían experimentado una reducción del 91 por ciento en la muerte o ataque cardiaco. Sin embargo, Guyatt y sus colegas revisores notaron que un beneficio tan extremo, tan rápido, "probablemente era demasiado bueno para ser cierto".

Y así fue: Luego de que se calmó la fanfarria del ensayo, estudios subsiguientes a largo plazo encontraron que el abrumador "beneficio" no era más que un golpe de suerte estadístico a corto plazo, algo que los investigadores llaman un "aumento aleatorio".

Ejercitar precaución antes de detener los ensayos prematuramente es importante, "porque necesitamos las respuestas correctas", subrayó Stuart Pocock, profesor de estadística médica de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres y autor de un comentario relacionado sobre el estudio.

Más información

Para obtener más información sobre cómo se conducen los ensayos clínicos, diríjase a los U.S. National Institutes of Health.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare

FUENTES: Gordon Guyatt, M.D., professor, medicine, McMaster University, Hamilton, Ontario; Stuart Pocock, Ph.D., professor, medical statistics, London School of Hygiene and Tropical Medicine, U.K.; Nov. 2, 2005, Journal of the American Medical Association

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