Un informe encuentra que la mayoría de directrices cardiacas está respaldada por evidencia poco firme

Expertos concuerdan en que el campo necesita ensayos más rigurosos para ayudar a los médicos

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Reportera de Healthday

MARTES, 24 de febrero (HealthDay News/Dr. Tango) -- La mayoría de las directrices para la atención cardiaca emitidas por la American Heart Association y el Colegio estadounidense de cardiología (American College of Cardiology) no están respaldadas por el tipo de evidencia que constituyen el estándar de excelencia, y que los médicos más respetan, encuentra un estudio reciente.

Esa conclusión no proviene de personas ajenas al tema. Un autor del informe, publicado en la revista Journal of the American Medical Association, es el Dr. Sidney Smith, profesor de medicina de la Universidad de Carolina del Norte y ex presidente de la asociación cardiaca y de la Fuerza de trabajo de directrices de AHA/ACC.

Los hallazgos fueron rápidamente respaldados por el Dr. Timothy J. Gardner, presidente actual de la AHA.

"Nos encontramos con muchas situaciones en que no tenemos una evidencia tan potente para las directrices como nos gustaría", apuntó Gardner, director médico del Centro para salud cardiaca y vascular del Sistema de atención de salud Christiana en Delaware. "No ha habido suficientes ensayos aleatorios".

Y demasiados de los ensayos cuidadosamente controlados que se están llevando a cabo actualmente son financiados por laboratorios farmacéuticos, apuntó el Dr. Pierluigi Tricoci, cardiólogo del Centro cardiaco de la Duke y otro miembro del equipo que llevó a cabo el estudio.

"La mayoría de los ensayos clínicos importantes son patrocinados por la industria farmacéutica porque desean llevar productos al mercado", afirmó Tricoci. "No tenemos una fuente de financiación para esas situaciones en las que tal vez la industria farmacéutica no esté interesada. No nos debe sorprender que la industria farmacéutica no esté interesada en ensayos que tal vez no resulten rentables".

Tricoci fue uno de los originadores del proyecto que evaluó la evidencia que respaldaba las directrices de atención cardiaca, que se han multiplicado en los últimos años. Los investigadores del proyecto examinaron 53 directrices sobre 22 temas, con un total de 7,196 recomendaciones.

La evidencia de estas recomendaciones se calificó de la A a la C. Una recomendación obtenía una A si su evidencia provenía de varios ensayos controlados, una B si la evidencia provenía de un solo ensayo aleatorio o de ensayos no aleatorios, y una C si la recomendación se basaba en el criterio clínico, con poca o ninguna evidencia científica.

Apenas el doce por ciento de las recomendaciones actuales obtuvieron una calificación de A, y 45 por ciento obtuvieron una C.

El estudio encontró que esas calificaciones han estado en descenso en años recientes. A pesar de que el número de recomendaciones aumentó en 48 por ciento durante los 24 años cubiertos por el estudio, ha habido un descenso constante en la evidencia de respaldo.

La falta de evidencia es mayor en el tratamiento de trastornos de las válvulas cardiacas, apuntó Tricoci. "Se trata del área con el mayor número de recomendaciones de nivel C", advirtió.

Tricoci enfatizó que los hallazgos no significan que los cardiólogos deben ignorar las directrices. "Lo que el artículo dice es que, en la práctica diaria, los cardiólogos se enfrentan a varias situaciones para las cuales no hay evidencia científica ni consenso sobre el abordaje óptimo", recalcó. "Esto cuantifica una brecha en el conocimiento con la que estoy seguro todo cardiólogo está familiarizado cada día".

Un ejemplo de la incertidumbre a la que se enfrentan es la recomendación para recetar el anticoagulante Plavix a alguien que acaba de recibir el implante de un dilatador tras un procedimiento para abrir una arteria, como una angioplastia, dijo Tricoci.

"Es incierto incluso en la directriz", dijo. "Aconseja 'al menos un año', pero ningún ensayo muestra durante cuánto tiempo se debe administrar Plavix".

"Esta discusión plantea muchos temas", apuntó Gardner. "Para nosotros, es una validación de la utilidad de las directrices, además de apuntar que no tenemos tantos ensayos aleatorios de múltiples centros como nos gustaría".

Pero las directrices existentes son básicamente las mejores que se pueden tener actualmente, aseguró Gardner. "A medida que nos acercamos a más áreas de la ciencia médica y la atención del paciente, a veces entramos en área para las que no hay ensayos clínicos primarios", dijo. "Cuando las directrices se basan en ensayos clínicos, que es la mejor evidencia que se puede obtener, se puede confiar en ellas con entusiasmo. Cuando nos vemos forzados a depender de una opinión experta, debemos respetar el hecho de que ensayos futuros podrían proveer más información".

El informe conlleva un ruego por más respaldo gubernamental para la investigación clínica, aseguró Tricoci, una opinión a la que se une en una declaración el Dr. W. Douglas Weaver, jefe de medicina cardiovascular del Hospital Henry Ford de Detroit y presidente del American College of Cardiology.

"Debemos continuar aplicando la mejor evidencia disponible diligentemente, pero necesitamos más investigación", dijo Weaver. "Este trabajo es un mensaje valioso e importante para la nueva administración, el Congreso y el país sobre la necesidad de invertir más en ciencias, en evidencia médica y en eficacia clínica comparativa".

Más información

La American Heart Association ofrece declaraciones científicas y directrices prácticas relacionadas al corazón.


Artículo por HealthDay, traducido por Dr. Tango

FUENTES: Timothy J. Gardner, M.D., director, Center for Heart & Vascular Health, Christiana Health Care System, New Castle, Del., and president, American Heart Association; Pierluigi Tricoci, M.D., cardiologist, Duke Heart Center, Duke University, Durham, N.C.; Feb. 25, 2009, Journal of the American Medical Association

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