Más pistas sobre la misteriosa enfermedad que aquejó al personal de la embajada de EE. UU. en Cuba

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Reportera de HealthDay

MARTES, 23 de julio de 2019 (HealthDay News) -- Hace casi tres años, los diplomáticos de EE. UU. en Cuba comenzaron a experimentar pérdida auditiva, mareos y problemas con la memoria; la administración de Trump lo atribuyó a un ataque de origen desconocido.

Ahora, los investigadores afirman que han detectado algunas "alteraciones" en la estructura y la función de los cerebros de los pacientes, aunque su significado, si lo tiene, es tema de disputa.

Los hallazgos provienen de 40 empleados de la embajada de EE. UU. que reportaron síntomas, entre 2016 y 2018, de lo que se llegó a conocer en los medios de comunicación como "el síndrome de la Habana". Sufrían de una variedad de síntomas parecidos a los de una conmoción cerebral, entre ellos problemas con el equilibrio, lapsus de memoria, dificultades para concentrarse, insomnio, dolores de cabeza y náuseas.

En 2017, el Departamento de Estado dijo que los empleados podrían haber sido víctimas de un "ataque sónico" que dañó sus cerebros. Según los informes, sus síntomas surgieron después de que escucharan sonidos intensos y de tono alto en sus viviendas o habitaciones de hotel.

Pero los supuestos eventos siguen sin esclarecerse. Y no ha habido evidencias objetivas de ninguna lesión cerebral.

Ahora, investigadores de la Universidad de Pensilvania afirman que han descubierto, potencialmente, esas evidencias en IRM del cerebro. Como grupo, los cerebros de los empleados de la embajada se veían y funcionaban de manera distinta, en ciertas formas, en comparación con un grupo de personas sanas "demográficamente similares".

En general, los empleados de la embajada tenían un volumen más bajo de materia blanca en el cerebro, que contiene las fibras que conectan a las distintas partes del cerebro. También mostraban una "conectividad funcional" más baja en áreas del cerebro implicadas en la audición y las habilidades visuales y espaciales.

La gran salvedad es que el significado de las diferencias grupales no está claro.

Los hallazgos en el cerebro "no representan ninguna patología conocida", apuntó la investigadora principal, Ragini Verma, profesora de radiología en la Universidad de Pensilvania.

Pero dijo que las diferencias se observaron en el cerebelo, una región del cerebro implicada en las tareas voluntarias, como caminar y escribir. Y eso encaja con el patrón de síntomas descrito por los pacientes, según Verma.

Pero discernir la causa es imposible.

"Las imágenes del cerebro solo pueden decir que hay diferencias", indicó. "No pueden decir el 'qué' ni el 'cómo'".

Verma dijo que lo importante es que los hallazgos de las IRM ofrecen un "respaldo objetivo" de los informes de síntomas.

Pero no todo el mundo está convencido. Las diferencias entre los dos grupos fueron pequeñas, y podrían ser hallazgos aleatorios, planteó la Dra. Sophia Frangou, profesora de psiquiatría en la Escuela de Medicina Icahn de Mount Sinai, en la ciudad de Nueva York.

Cuando uno se dispone a buscar ese tipo de disparidades en el cerebro, seguro que encuentra algo, según Frangou, cuya investigación usa técnicas de imágenes del cerebro.

"Parecen muchos hallazgos incidentales", señaló.

"Creo que querían hacer lo que pudieran por estos pacientes, y observaron todo", anotó Frangou. "Lamentablemente, no salió nada importante".

Los hallazgos, publicados en la edición del 23 de julio de la revista Journal of the American Medical Association, se basan en una revisión de escáneres cerebrales de 40 empleados de la embajada. Todos acudieron a la Universidad de Pensilvania a evaluar sus síntomas, y se sometieron a técnicas avanzadas de IRM que revelan detalles sobre la estructura y el funcionamiento del cerebro.

Los hallazgos de las imágenes se compararon con las de 48 individuos sanos que tenían una edad, una etnia y un nivel educativo similares.

Pero aunque hubo algunas diferencias entre los grupos, no hubo vínculos claros entre los hallazgos en los cerebros de los pacientes y sus síntomas. Un subgrupo de 28 pacientes recibieron pruebas del equilibrio, el movimiento de los ojos y otras habilidades. Los investigadores encontraron pocas conexiones entre las puntuaciones de esas pruebas y los hallazgos de las IRM.

"No había correlaciones", dijo Verma.

Pero, añadió, es difícil llegar a ese nivel, porque no se diseñó como un estudio de investigación. Los pacientes buscaron la evaluación en distintos momentos después del inicio de los síntomas, y no se sometieron uniformemente a las mismas pruebas y clasificación clínicas.

Aunque Frangou no vio significación en las diferencias en las IRM, no descartó los síntomas de los pacientes.

"Las imágenes no siempre se pueden correlacionar con los síntomas", dijo. "Creo que hay algunas cosas que no se explican".

Algunos pacientes se recuperaron de sus síntomas y volvieron a trabajar, mientras que otros aún siguen en rehabilitación, según Verma. Planteó que podría ser informativo realizar IRM después de la rehabilitación, para ver si los cerebros de los pacientes muestran "cambios compensatorios" con el tiempo.

Por ahora, el misterio sigue sin resolverse. Pero Frangou observó "noticias buenas, hasta cierto punto" en los hallazgos de las IRM. "A sus cerebros no les pasaba nada malo importante", añadió.

Más información

El Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares de EE. UU. ofrece más información sobre las lesiones en el cerebro.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

© Derechos de autor 2019, HealthDay

FUENTES: Ragini Verma, Ph.D., professor, radiology, University of Pennsylvania Perelman School of Medicine, Philadelphia; Sophia Frangou, M.D., Ph.D., professor, psychiatry, Icahn School of Medicine at Mount Sinai, New York City; July 23/30, 2019, Journal of the American Medical Association

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