Diabetes galopante entre indígenas estadounidenses

La enfermedad es relativamente nueva en esa población, pero es manejable

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Reportera de HealthDay

LUNES 30 de agosto (HealthDayNews/HispaniCare) -- Antes de que Sally Van Haren fuera adoptada por una familia de blancos, vivía en su tribu Apache San Carlos.

"Siempre me entristecía un poco no poder participar de la cultura, las tradiciones y el idioma", afirmó. "Y cuando participaba, me sentía fuera de lugar".

A sus 36 años, van Haren ha descubierto inesperadamente algo en común con el resto de su tribu, la diabetes.

La diabetes tipo 2 está fuera de control entre las poblaciones de indígenas estadounidenses, muchas veces la cifra de afectados equivale a la mitad de los adultos en algunas tribus, afirmó el Dr. Donald Wane, profesor clínico de la Escuela de Administración y Políticas de Salud de la Escuela de Negocios W. P. Carey de la Universidad del Estado de Arizona en Tempe. Warne, un indígena Lakota de Dakota del Sur, trata a sus pacientes en una reserva al sur de Phoenix, la cual tiene la tasa de diabetes tipo 2 más alta del mundo.

Según los National Institutes of Health, al menos el 15 por ciento de los indígenas estadounidenses tiene la enfermedad, que los puede privar de la vista, de las extremidades, de los riñones y hasta de sus vidas. Ellos tienen 2.6 veces más posibilidades de recibir un diagnóstico de diabetes tipo 2 que los blancos no hispanos.

Esto cambia el panorama radicalmente en comparación con la primera parte del siglo XIX, cuando las encuestas sobre la salud de las tribus del suroccidente sólo encontraron un caso documentado de diabetes, relató Warne.

Considera que la razón de la epidemia actual es más de orden ambiental que genético.

En los años veinte y treinta, los ríos del suroccidente fueron represados para abrir paso a ciudades grandes, como Phoenix. Eso causó el fin de la agricultura tradicional entre las comunidades tribales. La pesca, la caza y la recolección fueron reemplazadas por productos suministrados por el gobierno, como harina y manteca. Las actividades relacionadas con la pesca y la siembra también desaparecieron inmediatamente.

"No hubo un gran cambio genético entre los años treinta y los setenta", explicó Warne. "Considerar esto un problema genético es un error. Eso es quitarle la capacidad a la gente para resolver sus problemas porque se ve la enfermedad como algo fatalista. Sí tenemos la capacidad para prevenirla".

La pobreza y la falta de fondos adecuados del gobierno son los principales obstáculos para prevenir y tratar eficazmente la diabetes entre los indígenas estadounidenses, sostuvo Warne.

Dice que ha estado en escuelas para indígenas en las que la parte preferida del desayuno es un rollo de canela enorme.

"No es una fórmula muy buena, porque en esta pobreza, los niños deben depender de sus escuelas para recibir el desayuno y el almuerzo. También debido a los programas federales de poco subsidio, la comida es muy mala y no tienen educación física", se lamentó.

Aún así, Warne reconoció que "cuando una persona adquiere diabetes, hay algo de elección personal. Todos podríamos tomar mejores decisiones para mejorar nuestra salud".

Tanto el manejo del peso como el ejercicio pueden prevenir y manejar la diabetes, como lo descubrió Van Haren.

A Van Haren le diagnosticaron diabetes tipo 2 hace seis años, cuando empezó a sufrir de visión borrosa. Sus niveles de azúcar en la sangre llegaban al asombroso número de 435 (cuando lo normal es que esté entre 70 y 100). Comenzó con los medicamentos y, luego de un par de semanas, se le aclaró la visión. "No sabía que iba a haber un cambio tan radical", dijo.

Van Haren ha reducido su consumo de tentempiés, se fija muy bien en el tamaño de sus porciones y camina entre treinta y cuarenta minutos cinco días a la semana con sus esposo y sus dos hijos. (Su hija de 13 años ya tiene problemas de azúcar y parece que va camino a la diabetes).

También es una "A1c Champion", porque educa a la gente sobre la importancia de la hemoglobina A1c, un examen de sangre que saca un promedio de los niveles de glucosa en la sangre durante un período de tres a cuatro meses. Lo ideal es que la gente tenga unos niveles de A1c por debajo de siete. El de van Haren es 6.5. Dará una conferencia sobre el tema en la reunión nacional sobre diabetes e indígenas estadounidenses en Santa Rosa, California, esta semana.

Van Haren también ha estado instando a su hermano biológico, que acaba de recibir el diagnóstico de diabetes tipo 2 este mes, para que haga ejercicio.

La mayoría de las necesidades del cuidado de la salud de Van Haren son cubiertas gratuitamente en la reserva cercana. "Veo cómo cambian las caras y las veo cada vez más jóvenes que cuando empecé", relató. "Me sorprendió mucho ver cuánta gente Apache San Carlos estaba en esa clínica".

Más Información

Visite la National Diabetes Information Clearinghouse para más información sobre la diabetes en la población indígena estadounidense.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare

FUENTES: Sally van Haren, Willcox, Ariz.; Donald Warne, M.D., clinical professor, School of Health Management and Policy, W.P. Carey School of Business, Arizona State University, Tempe

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