Soldado herido se libra de la diabetes con un trasplante de emergencia

Una cirugía improvisada salvó su vida y podría llevar a nuevas opciones para tratar la diabetes tipo 1

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Reportero de Healthday

MIÉRCOLES, 21 de abril (HealthDay News/DrTango) -- En la primera operación de su tipo, un soldado herido cuyo páncreas dañado tuvo que ser extirpado pudo recibir el trasplante de sus propias células insulares productoras de insulina, lo que lo salvó de una vida con la forma más grave de la diabetes tipo 1.

En noviembre de 2009, el Aviador Mayor de 29 años Tre Porfirio prestaba servicio en un área remota de Afganistán cuando un insurgente que simulaba ser un soldado del ejército afgano le disparó tres veces a corta distancia con un rifle de alta velocidad.

Tras someterse a dos cirugías en el campo para detener el sangrado, Porfirio fue transferido al Centro Médico Walter Reed del Ejército en Washington, D.C. Como parte de la cirugía en el campo, una porción del estómago, la vesícula biliar, el duodeno, y una sección del páncreas de Porfirio tuvieron que ser extirpados.

En el Walter Reed, los cirujanos esperaban reconstruir las estructuras del abdomen que habían resultado dañadas. Sin embargo, rápidamente se dieron cuenta de que la porción restante del páncreas dejaba escapar enzimas pancreáticas que disolvían partes de otros órganos y vasos sanguíneos, según el informe que aparece en la edición del 22 de abril de la revista New England Journal of Medicine.

"Cuando entré a la cirugía con Tre, mi intención era reconectar todo, pero descubrí una situación muy peligrosa", afirmó el Dr. Craig Shriver, jefe de cirugía general del Walter Reed.

"Ahora sabía que tendríamos que extirpar lo que quedaba del páncreas, pero también sabía que eso lleva a una forma de diabetes potencialmente letal. Shriver explicó que el páncreas produce insulina y glucagón, que eliminan los extremos de glucemia muy alta y muy baja".

Debido a que no quería dejar al soldado con esta afección tan grave, Shriver consultó con su colega del Walter Reed, el cirujano de trasplantes Dr. Rahul Jindal.

Jindal dijo que Porfirio podía recibir un trasplante de páncreas de un donante compatible en un futuro, pero eso requiere el uso de por vida de medicamentos inmunosupresores. Otra opción, señaló Jindal, era trasplantar usando las células insulares del propio Porfirio. Éstas son células dentro del páncreas que producen insulina y glucagón. El procedimiento se conoce como trasplante autólogo de células insulares. Jindal comentó que dicho procedimiento nunca se había realizado en este tipo de situación.

"Llamé a uno de mis colegas del campo de trasplantes, el Dr. Camilo Ricordi [jefe de trasplante celular del Instituto de Investigación de la Diabetes de la Universidad de Miami], y se mostró dispuesto a intentarlo. Nos quedaba como la mitad del páncreas, que extirpamos y enviamos a Miami, como haríamos para una donación de órgano", contó Jindal.

Mientras tanto, como era la noche antes de Acción de Gracias y mucha gente se había marchado antes a casa, Ricordi tuvo que reagrupar un grupo de tecnólogos para cosechar las células insulares de Porfirio. El trasplante de células insulares se desarrolló al inicio con la esperanza de curar la diabetes tipo 1. Y aunque es temporalmente útil para los que sufren de la enfermedad, el ataque autoinmune que causó la diabetes en primer lugar eventualmente destruye también las células trasplantadas. Los investigadores también han usado trasplantes de células insulares para ayudar a pacientes de pancreatitis crónica.

"Estaba preocupado", apuntó Ricordi. "Era la primera vez que habíamos hecho un procedimiento remoto en que no hay un centro de procesamiento de células humanas para recibirlas. Pero pensé que no importaba, lo que podíamos devolver en células insulares sería una buena ayuda. No predije que lo podríamos sacar de la terapia con insulina por completo".

Menos de 24 horas después, las células insulares cosechadas estaban de vuelta en el Walter Reed, listas para ser infundidas en Porfirio. Segú Ricordi, el procedimiento para infundir las células insulares en el hígado es relativamente sencillo. Se infunden en una vena portal del hígado, y luego se "siembran" en el hígado y eventualmente toman su propio suministro de sangre de ese órgano. Una vez están en su sitio, las células comienzan a producir insulina y glucagón.

"Tengo que decir que me di cuenta de lo que sucedía tres días tras la cirugía", aseguró Porfirio. "Es increíble que pudieran hacer algo así".

Shriver, del Walter Reed, comentó que "más o menos lo improvisamos. Conllevó a tres personas con gran experiencia crear este plan la noche antes de Acción de Gracias, y seis tecnólogos dispuestos a renunciar a su tiempo para ayudar a un guerrero herido. Ver a Tre vivo y mejorando ahora es realmente la recompensa".

Sorprendentemente, los niveles de glucemia de Porfirio son ahora normales, y no requiere ninguna terapia de insulina. Todavía le esperan varias cirugías, según Shriver, además de los quince procedimientos mayores que ha sufrido para reconstruir otras áreas de su abdomen.

En marzo, Porfirio volvió al hospital para una ocasión mucho más feliz, el nacimiento de su primer hijo.

Y el procedimiento improvisado de trasplante podría algún día llevar a un nuevo método de tratamiento que tal vez "prevenga la diabetes y las complicaciones secundarias si se puede salvar incluso una pequeña porción del páncreas", escribieron los médicos en la revista.

Más información

Para más sobre la historia de Tre Porfirio, vea esta video del Instituto de Investigación sobre la Diabetes.


Artículo por HealthDay, traducido por DrTango

FUENTES: Craig D. Shriver, M.D., colonel, chief, general surgery, Walter Reed Army Medical Center, Washington D.C.; Rahul Jindal, M.D., Ph.D., transplant surgeon, Walter Reed Army Medical Center, Washington D.C.; Tre Porfirio, Senior Airman, U.S. Air Force, Wright-Patterson Air Base, Ohio; Camillo Ricordi, M.D., chief, division of cellular transplantation, and chief academic officer, Diabetes Research Institute, University of Miami Miller School of Medicine, Miami, Fla.; April 22, 2010, New England Journal of Medicine

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