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Los niños que sufren lesiones también pueden sufrir heridas mentales duraderas

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Por
Reportera de HealthDay

LUNES, 7 de mayo de 2018 (HealthDay News) -- Si su hijo acaba en el hospital con una lesión accidental, una nueva investigación sugiere que debería observar si aparecen señales de que podría tener dificultades para afrontar lo que le pasó.

Los investigadores encontraron que en los niños tratados por lesiones graves en un hospital pediátrico, las probabilidades de que les diagnostiquen una afección de salud mental aumentaron un 63 por ciento en el año siguiente.

Los hallazgos no demuestran que las lesiones provocaran estos problemas de salud mental, indicaron los investigadores.

Pero en general, los diagnósticos de los niños fueron coherentes con una "respuesta de estrés" a su experiencia, dijo la investigadora principal, la Dra. Julie Leonard, del Hospital Pediátrico Nacional en Columbus, Ohio.

Los aumentos más grandes se observaron en los trastornos "de ajuste", trastornos de conducta, problemas de sueño, trastornos de la conducta alimentaria y dificultades de aprendizaje.

Los hallazgos, publicados el 7 de mayo en la revista Journal of Pediatrics, se suman a las evidencias que vinculan las lesiones físicas de los niños con unos efectos en su salud mental.

Pero los estudios pasados, dijo Leonard, se han centrado en gran medida en las lesiones en la cabeza, que a veces pueden provocar problemas a través de un traumatismo directo en el cerebro.

Los nuevos hallazgos sugieren que los niños hospitalizados con otros tipos de lesiones físicas pueden estar en riesgo, indicaron los investigadores.

Los resultados se basan en los expedientes médicos de más de 2,200 niños y adolescentes que fueron hospitalizados por lesiones accidentales en el Hospital Pediátrico Nacional entre 2005 y 2015. Todos estaban en Medicare, el programa de seguro médico del gobierno para los estadounidenses con ingresos bajos.

En general, la tasa de diagnósticos de salud mental fue de aproximadamente 96 por cada 1,000 niños al año antes de sufrir la lesión. Esa cifra aumentó a uno poco menos de 157 diagnósticos por cada 1,000 niños en el año posterior a la lesión.

Las lesiones en la cabeza y las quemaduras se asociaron con unos aumentos particularmente altos.

Los niños con lesiones en la cabeza tenían entre 2 y 5 veces más probabilidades de recibir un diagnóstico de salud mental el año posterior a la lesión, en comparación con el año anterior, dependiendo de la edad.

Las probabilidades también aumentaron entre los niños que sufrieron quemaduras. Los niños menores de 5 años tenían 8 veces más probabilidades de que les diagnosticaran un problema de salud mental después de una quemadura.

Con niños tan pequeños, dijo Leonard, no hay buenas formas de evaluar los problemas de salud mental. "Así que dependemos de lo que los padres nos dicen sobre su conducta", explicó.

Es posible, según Leonard, que algunos niños tuvieran problemas de salud mental preexistentes que se detectaron porque las familias pasaron más tiempo con los profesionales de atención de la salud después de la lesión.

De hecho, eso es probable, según Reshma Naidoo, directora de neurociencia cognitiva en el Hospital Pediátrico Nicklaus de Miami.

Todos los niños del estudio tenían Medicaid, indicó, y se trata de un grupo "desfavorecido" cuando se trata de la atención de la salud. Así que algunos niños podrían haber sido diagnosticados porque sus padres entraron en contacto con profesionales que "les hicieron las preguntas adecuadas", dijo Naidoo.

En otros casos, dijo, el trauma de la lesión y ser hospitalizado por eso, podría haber exacerbado la ansiedad u otros problemas que el niño ya tenía.

Con las quemaduras, indicó Naidoo, la recuperación puede ser muy dolorosa, y eso podría obviamente afectar al sueño, la conducta y el pensamiento de los niños.

Hay ciertas señales de advertencia que los padres pueden observar después de que un niño haya sido hospitalizado por una lesión, según Leonard. Entre ellas están los problemas para dormir, problemas con el trabajo escolar y la "hipervigilancia", cuando los niños intentan controlarlo todo en su entorno y evitan situaciones que les recuerden la lesión.

Si un niño tiene problemas de salud mental, eso no tiene que significar que les darán medicación, enfatizó Leonard.

"Mucho de esto puede dirigirse no al niño, sino a los padres", explicó.

Por ejemplo, dijo Leonard, los padres podrían necesitar consejos sobre lograr que su hijo regrese a una rutina estructurada o para "poner límites" a la conducta de su hijo.

Según Naidoo, los padres deberían comprender que su hijo "necesita un tiempo para curarse", así que presionarles para que se pongan al día en la escuela o para que vuelvan a las actividades normales no es una buena idea.

Pero tampoco lo es mimarlos. "Si los sobreprotege", dijo Naidoo, "eso podría exacerbar en realidad la ansiedad de su hijo".

Más información

El Hospital Pediátrico de Filadelfia tiene consejos para los padres sobre cómo ayudar a los niños a recuperarse de una lesión.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

© Derechos de autor 2018, HealthDay

FUENTES: Julie Leonard, M.D., M.P.H., associate director, Center for Pediatric Trauma Research, Nationwide Children's Hospital, Columbus, Ohio; Reshma Naidoo, Ph.D., director, cognitive neuroscience, Nicklaus Children's Hospital, Miami; May 7, 2018, Journal of Pediatrics

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