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¿Por qué los negros y otras minorías son los más afectados por la COVID-19?

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Reportera de HealthDay

MIÉRCOLES, 6 de mayo de 2020 (HealthDay News) -- El nuevo coronavirus ataca de forma desproporcionada a las poblaciones minoritarias, sobre todo a los negros urbanos y a los amerindios Navajo que viven en su reserva. Los expertos señalan que unos factores socioeconómicos que anteceden a la crisis de la COVID-19 podrían ayudar a explicar los motivos.

"Encontramos que había importantes disparidades en la proporción de personas en riesgo de la COVID-19 en las poblaciones minoritarias y con ingresos bajos", comentó la autora del estudio, Julia Raifman, profesora asistente de derecho, política y gestión de la salud de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Boston.

Raifman cree que décadas de desigualdades en la educación, la vivienda, el trabajo y los niveles de estrés han contribuido a un exceso de riesgo de enfermedad crónica basado en la raza, la etnia y los ingresos. Y esos mismos problemas exacerban la crisis de COVID-19.

El Dr. Gary LeRoy es presidente de la Academia Americana de Médicos de Familia (American Academy of Family Physicians). Comentó que "la pandemia de COVID de verdad ha puesto un foco en las discrepancias en los resultados de la atención de la salud en las personas de color y con un estatus socioeconómico más bajo, y este estudio plantea algunos puntos muy válidos sobre esas discrepancias".

Un vistazo a las cifras

En Nueva York, los negros conforman un 33 por ciento de las hospitalizaciones por la COVID-19. Pero los negros conforman apenas un 18 por ciento de la población del estado, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. Los datos iniciales de la ciudad de Nueva York sugieren que los negros tienen el doble de probabilidades de fallecer de la COVID-19 que los blancos. Los CDC también reportaron que, en la ciudad de Nueva York, las tasas de muerte son significativamente más altas entre los hispanos y latinos que entre los blancos.

Otras áreas muy afectadas por la COVID-19 han observado tendencias similares en las muertes de las personas negras. La población de Luisiana está compuesta por más o menos un tercio de negros, pero alrededor de un 70 por ciento de las muertes por la COVID-19 ocurrieron en negros, según el The New York Times. En Illinois, un 15 por ciento de la población es negra, pero un 43 por ciento de los que fallecieron de COVID-19 eran negros. La población de Michigan tiene alrededor de un 15 por ciento de negros, pero los negros conforma un 40 por ciento de las muertes por COVID-19 del estado.

La Nación Navajo tiene una población de menos de 300,000 personas en Nuevo México, Arizona y Utah. ABC News reportó que aunque los amerindios conforman apenas un 5 por ciento de la población de Nuevo México, representan un 20 por ciento de los casos de COVID-19 del estado.

Los ingresos parecen ser clave

El estudio de Raifman observó la prevalencia de factores de riesgo de la COVID-19, como el asma, la enfermedad cardiaca y la diabetes. Los investigadores revisaron datos de 2018 que incluían a más de 330,000 personas de un grupo nacionalmente representativo.

Entonces, los investigadores estimaron que un 43 por ciento de los adultos estadounidenses tienen al menos un factor de riesgo de la COVID-19. Eso equivale a alrededor de 97 millones de personas. Más o menos un 18 por ciento tienen dos o más factores de riesgo, lo que equivale a unos 40 millones de personas.

Cuando los investigadores observaron a los menores de 65 años, encontraron al menos un factor de riesgo en: un 33 por ciento de los adultos negros, un 42 por ciento de los adultos amerindios, y un 27 por ciento de los adultos blancos.

Apenas un 8 por ciento de los adultos blancos tenían factores de riesgo múltiples, en comparación con un 11 por ciento de los adultos negros y un 18 por ciento de los adultos amerindios.

Las marcadas diferencias raciales también se encontraron en el grupo de a partir de 65 años.

Los investigadores encontraron que, entre las personas menores de 65 años, los adultos con unos ingresos bajos presentaban casi el doble de probabilidades de tener uno o más factores de riesgo que los adultos con unos ingresos más altos. Los que tenían unos ingresos bajos tenían más del doble de probabilidades de presentar factores de riesgo múltiples.

Los autores del estudio anotaron que otras desigualdades (como que generaciones múltiples vivieran en hogares hacinados, tener un trabajo en una industria de servicio que no se pueda realizar de forma remota, y tener que usar el transporte público para ir al trabajo) pueden contribuir a un riesgo más alto de COVID-19.

Un factor contribuyente importante de las infecciones en la Nación Navajo es que alrededor de un 30 por ciento de las viviendas en la reserva no tienen agua corriente, lo que hacer que lavarse las manos con regularidad resulte difícil, según el informe de ABC News.

LeRoy, que no participó en el nuevo estudio, anotó que también es probable que la falta de acceso a la atención de la salud tuviera un rol. En las etapas tempranas de la pandemia de COVID-19, las personas no podían acceder con facilidad a una prueba sin la remisión de un médico. Eso significaba que alguien tendría que pagar una visita al médico, obtener una remisión y entonces buscar la prueba, probablemente incurriendo en un mayor costo. E incluso si averiguaban que tenían el virus, quizá no hayan podido hacer una cuarentena efectiva si vivían en un hogar hacinado.

"No podemos chasquear los dedos y hacer que todo el mundo tenga los recursos para refugiarse en casa de forma efectiva", lamentó LeRoy. Añadió que no prevé que haya ninguna solución rápida para estos problemas a largo plazo.

Las condiciones de trabajo también son un factor crucial en las disparidades de salud, agregó LeRoy. Muchas personas de color o con unos ingresos más bajos tienen trabajos en la industria de los servicios que requieren un contacto cercano con los demás, por ejemplo los asistentes de enfermería en las residencias de ancianos. Los trabajos industriales también pueden mantener a las personas en un contacto cercano, dijo, y apuntó a las altas tasas de infección de las personas que trabajan en plantas de procesamiento de carne.

Una mirada al futuro

"Espero que salgamos de esta pandemia como una comunidad global más inteligente, pero debemos resolver estas flagrantes discrepancias de salud", apuntó LeRoy. Un punto de partida podría ser que las pruebas de anticuerpos estén más comúnmente disponibles. Las pruebas de anticuerpos muestran si una persona ha tenido o no la infección con la COVID-19, pero todavía no está claro si eso significa que no puede volver a infectarse. Dijo que la prueba está disponible en algunas áreas, pero que quizá algunas personas no tengan un acceso fácil, y que el costo es de 65 dólares.

"No se necesita la remisión del médico para esta prueba, pero muchas personas no pueden pagar los 65 dólares", advirtió LeRoy.

Raifman dijo que a medida que las ciudades, los condados y los estados comiencen a pensar en reabrir sus economías, "es importante pensar sobre cómo todos estamos interconectados. Las políticas que protegen a las minorías y a las personas con unos ingresos bajos ayudan a proteger a todo el mundo. Si podemos prevenir la enfermedad en las comunidades con un riesgo alto, creo que prevendremos las muertes en general, y también podremos sentirnos más cómodos al reabrir la economía".

El estudio de Raifman fue publicado en una edición en línea reciente de la revista American Journal of Preventive Medicine.

Más información

Aprenda más sobre cómo las infecciones con la COVID-19 afectan a las minorías en los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

© Derechos de autor 2020, HealthDay

FUENTES: Julia Raifman, Sc.D., assistant professor, health law, policy and management, Boston University School of Public Health; Gary LeRoy, M.D., president, American Academy of Family Physicians; April 30, 2020, American Journal of Preventive Medicine, online

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