La sinceridad ayuda a un niño cuando uno de sus padres está muriendo

Según los expertos, el proceso nunca es fácil, pero el acceso y la honestidad son clave

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Reportera de HealthDay

JUEVES 27 de julio (HealthDay News/HispaniCare) -- La muerte de uno de sus padres es uno de los eventos más estresantes que un niño podría enfrentar.

Pero, según los expertos, una palabra honesta, una sonrisa, y tiempo junto a su mamá o papá enfermo puede ayudar a los niños a pasar por esto.

Con una educación y preparación apropiadas, se pueden hacer cosas para mitigar el daño, concluyen los autores de una revisión de los datos sobre el tema.

El artículo provee una actualización de los métodos actuales para ayudar a los niños en tres grupos de edades distintos: de 3 a 5, de 6 a 8 y de 9 a 11. En particular, el artículo subrayó incluir a los niños en el proceso de la muerte, como sea apropiado para la edad.

"Ciertamente esto es consistente con el método de hospicio en que el paciente no se concibe sólo como la persona con la enfermedad terminal, sino como la familia completa", señaló el Reverendo Paul A. Metzler, director de educación pública y servicios de duelo comunitario del Servicio de Atención de Hospicio y Enfermeras Visitantes de Nueva York. "Si hay niños de edad escolar en la casa, hay que incluirlos, darle respuestas, ofrecerles apoyo y proveerles con información apropiada a su edad para que también ellos puedan prepararse emocionalmente".

"La inclinación protectiva natural es sacar a los niños del proceso, y lo que este artículo dice es que entrarlos es sabio y juicioso", continuó. "Incluya a los niños. Y aunque sea difícil, es mejor para ellos formar parte del proceso".

El artículo aparece en la edición de julio y agosto de CA: A Cancer Journal for Clinicians. La reseña fue escrita en conjunto por Grace H. Christ, de la Universidad de Columbia, y el Dr. Adolph E. Christ, del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) , ambos en la ciudad de Nueva York.

El artículo incluye las voces de niños que pasaron por esta terrible experiencia. Un niño, al escuchar sobre la muerte de su padre, afirmó que "me sorprendió, pero sabía que iba a suceder porque mi mamá me mantuvo informado".

Los expertos anotan que los niños tienden a estar más angustiados en los días finales de la vida de su padre, y no después de la muerte en sí.

Eso puede ser difícil para los niños, porque los avances en la medicina significan que los "días finales" de un padre pueden ahora durar semanas, meses o más. Esta realidad introduce todo un nuevo conjunto de desafíos para las familias que se enfrentan a una pérdida.

Los expertos exhortan a la "comunicación abierta" con los niños de entre 3 y 5 años de edad, pero subrayan que esto no significa una expresión completa de duelo intenso frente al niño. Una niña de 3 años tenía miedo de entrar en la habitación de hospital de su papá porque sus padres tendían a llorar juntos. Entonces, una trabajadora social ayudó a estructurar las visitas y también ayudó a los padres a controlar sus emociones para que la niña tuviera visitas más placenteras.

Los niños de 6 a 8 años son más propensos a tener "ansiedad de anticipación" en lugar del duelo de anticipación más común entre adolescentes y adultos. Se daban cuenta de que iba a suceder algo y se preocupaban de que la familia no lo sobreviviera. Un niño de 8 años cuyo papá estaba terminalmente enfermo se preocupaba de que sus abuelos y madre también murieran y de que "el mundo entero iba a terminarse, y no quedaría nada".

Este grupo de edad también se benefició de las visitas planificadas con anticipación al hospital y describieron la importancia de un abrazo, apretón en el brazo y afirmación de amor final, tal vez incluso más que el adiós final. Una niña de 7 años se iba a dormir durante meses con la memoria de su madre apretando sus manos antes de morir.

Luego de la muerte de un padre, los niños en este grupo de edad tendían a oscilar entre la actividad regular y el duelo. "Los niños sienten duelo, y se acercan al duelo anticipatorio o posterior a la muerte de manera muy intermitente, y permitir ese tipo de conducta como 'voy a jugar con mis amigos' es realmente saludable, apropiado y de esperarse", aseguró Metzler. "Los padres deben ser flexibles y sentirse relajados sobre el hecho de que un niño podría estar llorando un minuto, y querer encender la televisión un instante después. Eso es necesario y está bien. Es un descanso, una barrera, una zona de seguridad para el niño".

Recibir información también fue importante, especialmente para los niños de 8 a 11 años, que tienen una necesidad de información "cuidadosamente secuenciada" acerca de la condición de su padre. Sin información adecuada, un chico de 11 años sentía que su papá estaba enojado con él. Una vez le explicaron la situación, dejó de pensar que era así.

La importancia de la "información incremental" fue ejemplificada por la experiencia de los niños que perdieron padres en los ataques del 11 de septiembre en el World Trade Center. Se abrumaron completamente con lo inesperado del evento, porque no tuvieron advertencia.

Los autores hicieron varias recomendaciones para ayudar a los niños de todas las edades durante la enfermedad terminal de un padre, entre ellos planificar las visitas durante una hospitalización prolongada; ver la comunicación como un proceso de "dosificación" apropiada de la información, en lugar de un único evento; y permitir a los niños y adolescentes experimentar su duelo de forma intermitente.

"Hay muchos niños que pierden a su papá o su mamá", señaló Metzler. "En un nivel, es el infierno, pero esto también indica que los niños tienen mucha capacidad de recuperación, y por tanto, con una mediación adecuada, podemos realmente ayudarlos".

Más información

Para más información, diríjase al Dougy Center for Grieving Children and Families.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare

FUENTES: Rev. Paul A. Metzler, D.Min., director, Public Education and Community Bereavement Services, Hospice Care/Visiting Nurse Service of New York, New York City; July/August CA: A Cancer Journal for Clinicians

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