La vacuna contra el estreptococo muestra un potencial prometedor en una prueba inicial

Concede la inmunidad sin serios efectos secundarios

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Reportera de HealthDay

MARTES 10 de agosto (HealthDayNews/HispaniCare) -- La infección de garganta por estreptococos y la costumbre siempre impopular de realizar pruebas de estreptococos puede ser que algún día sea una cosa del pasado.

En un primer paso hacia esta meta, investigadores informan que una vacuna contra el estreptococcus del Grupo A funcionó muy bien en un pequeño ensayo diseñado para estudiar su seguridad y eficacia.

"Esta vacuna incluyó proteínas de seis tipos diferentes de estreptococos, y encontramos que estimulaba la inmunidad para todos los diferentes tipos de estreptococos", reveló la coautora del estudio, la Dra. Karen Kotloff, una profesora de pediatría y medicina del Center for Vaccine Development en la Facultad de Medicina de la Universidad de Mayland en Baltimore. Los resultados aparecen publicados en la edición del 11 de agosto del Journal of the American Medical Association.

"Este estudio abre la puerta a más pruebas y con fortuna, en pocos años, tendremos una vacuna buena, efectiva y segura contra el estreptococo", indicó Kotloff.

El estreptococcus del grupo A es responsable de millones de infecciones cada año. Es la bacteria responsable de la infección de garganta por estreptococos y de la infección cutánea, impétigo. El estreptococos del grupo A también puede causar más infecciones serias, tales como la neumonía, meningitis, el síndrome de shock tóxico y la fascitis necrotizante.

"Necesitamos definitivamente una vacuna contra el estreptococcus del Grupo A. Es una importante entidad de enfermedad", señaló el Dr. Michael Pichichero, un profesor de microbiología e inmunología, pediatría y medicina del Centro Médico de la Universidad de Rochester en Nueva York. Pichichero escribió un editorial sobre el estudio en el mismo número de la revista.

La vacuna en el estudio actual está constituida a base de porciones de una proteína denominada como proteína M. La proteína M se encuentra en el exterior de la bacteria del estreptococcus del Grupo A, y ayuda a la bacteria a esconderse del sistema inmunológico humano, explicó Kotloff. Con el tiempo, el cuerpo detecta la bacteria y crea unos anticuerpos para combatirla. Debido a que la proteína M varía de alguna manera de cepa a cepa de estreptococcus del Grupo A, los investigadores incluyeron porciones de seis diferentes cepas.

La preocupación, sin embargo, es que a veces el cuerpo sobre reacciona a la bacteria de estreptococcus y crea una respuesta autoinmune que puede causar fiebre reumática y otros desórdenes. Por tanto, cualquier vacuna diseñada para activar al cuerpo a crear anticuerpos contra el estreptococcus puede teóricamente también provocar que algunas personas tengan serias reacciones autoinmunes.

En ensayos clínicos de una vacuna basada en una proteína diferente en 1960, los hermanos de niños que experimentaron fiebres reumáticas fueron vacunados. Algunos de estos niños desarrollaron fiebres reumáticas, presumiblemente debido a la vacuna, y los ensayos fueron suspendidos, indicó Pichichero.

"Presumimos que este producto ha eliminado los componentes que producían los anticuerpos reactivos cruzados en el pasado", afirmó Pichichero, pero añadió que los investigadores necesitan proceder con precaución.

En el actual estudio, Kotloff y sus colegas examinaron la vacuna en 28 adultos sanos. Todos recibieron tres dosis de la vacuna, pero con distintas potencias: ocho recibieron una dosis de 50 microgramos; a 10 se le suministraron 100 microgramos, y a 10 se le administraron 200 microgramos.<!- p>

Para aquellos con la dosis menor, la segunda dosis se les proporcionó 28 días después de haber iniciado la prueba y la tercera 56 días tras la primera vacunación. En el grupo de dosis más fuerte, la segunda y la tercera dosis les fueron administradas a los 28 y 112 días respectivamente.

Las vacunas fueron bien toleradas, nadie tuvo efectos secundarios serios, y ninguno desarrolló fiebre reumática, indicaron los investigadores.

Todos los voluntarios del estudio experimentaron un aumento en la inmunidad contra el estreptococo del Grupo A. Aquellos que recibieron la dosis más alta alcanzaron los niveles más altos de inmunidad.

"Observamos buenas respuestas inmunológicas en adultos", apuntó Kotloff, que además añadió, "existe una buena oportunidad al llegar a poblaciones que no han estado expuestas, como los niños pequeños, de que ocurra lo mismo".

En el estudio, los autores escribieron que se necesitan realizar investigaciones de una mayor envergadura de 10,000 a 60,000 personas antes de que se apruebe una vacuna para el uso en masas.

Pichichero agregó que junto a esta vacuna, se están estudiando otras vacunas contra el estreptococcus del Grupo A.

Otro estudio publicado en el mismo número de la revista, sin embargo, examina una alarmante posibilidad: la eliminación de una bacteria puede permitir que otra florezca.

Investigadores israelíes compararon la presencia de un tipo diferente de bacteria estreptococcus, la Streptococcus pneumoniae, a la presencia de otra bacteria, la Staphylococcus aureus, en niños. La S. aureus es una de las bacterias que están desarrollando resistencia a muchos antibióticos, informó el estudio.

Los investigadores encontraron que los niños que no eran portadores del S. pneumoniae tenían casi el doble de probabilidad de portar el S. aureus. Los autores afirmaron que estos hallazgos deberían impulsar más investigaciones, en especial ya que el uso de una vacuna contra el S. pneumoniae (la vacuna neumocócica) se ha hecho más generalizado.

"Cuando se estudie una nueva vacuna efectiva, además del efecto directo de la vacuna en la tasa de la bacteria específica, deberá estudiarse el efecto indirecto en otras bacterias existentes en la misma área", indicó el Dr.Gili Regev-Yochay, un especialista en enfermedades infecciosas del Sheba Medical Center en Ramat-Gan y coautor del estudio.

Más Información

Para saber más información sobre el estreptococos del Grupo A, visite los U.S. Centers for Disease Control and Prevention.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare

FUENTES: Karen Kotloff, M.D., professor, pediatrics and medicine, Center for Vaccine Development, University of Maryland School of Medicine, Baltimore; Michael Pichichero, M.D., professor, microbiology and immunology, pediatrics and medicine, University of Rochester Medical Center, Rochester, N.Y.; Gili Regev-Yochay, M.D., infectious disease specialist, Sheba Medical Center, Ramat-Gan, Israel; Aug. 11, 2004, Journal of the American Medical Association

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