La 'adicción' a la comida basura podría ser real

En un estudio con roedores, entre más comidas que engordan comían, más querían

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Reportero de Healthday

DOMINGO, 28 de marzo (HealthDay News/DrTango) -- Las personas obesas afirman con frecuencia que les gustaría comer menos, pero que se sienten casi impotentes para dejar de darse el gusto, y ahora, una investigación reciente sugiere que esa explicación tal vez sea verdad.

La teoría surge de un estudio llevado a cabo con ratas. Cuando los investigadores dieron a las ratas acceso ilimitado a una dieta de tocineta, pastel de mantequilla, barras de dulce y otras comidas basuras cargadas de calorías, las ratas aumentaron mucho peso con rapidez. A medida que engordaban, comer se convirtió en algo tan compulsivo que seguían tragando incluso cuando sabían que recibirían un desagradable choque eléctrico en los pies si lo hacían.

Mientras tanto, las ratas que se alimentaron con el equivalente a una dieta humana bien equilibrada y saludable, y a las que se dio apenas un acceso limitado a la comida basura, no aumentaron tanto de peso y sabían bien cuándo parar de comer al recibir la señal de que la aplicación de un choque en los pies era inminente.

Los investigadores informan que algo aún más sorprendente es que cuando les quitaron la comida basura a las ratas obesas y la reemplazaron por alimentos más sanos, las ratas obesas iniciaron algo parecido a una huelga de hambre. Se negaron a comer casi totalmente durante dos semanas.

"Entraron en inanición voluntaria", comentó el autor del estudio Paul Kenny, profesor asociado del Instituto de Investigación Scripps en Jupiter, Florida.

¿Qué podría decir esto sobre la conducta humana?

Los investigadores no están seguros de si sus resultados se aplican a personas que luchan por perder peso. Pero señalan que es posible que una dieta llena de alimentos que conllevan una recompensa alta (literalmente, salchichas, pastel de queso y otros alimentos altamente procesados) podría causar cambios en el sistema de recompensa del cerebro, en cuando a la saciedad.

Cuando dicho sistema se daña, el resultado no se limita al aumento de peso en las personas, sino que se sienten forzadas a buscar cada vez más comida basura.

Los hallazgos aparecen en la edición en línea del 28 de marzo de la revista Nature Neuroscience.

Cuando los investigadores observaron los cerebros de los animales obesos, notaron que hubo declives en el receptor de la dopamina D2, que otras investigaciones anteriores lo han implicado en la adicción a la cocaína y la heroína.

"Una característica de la adicción a las drogas es que lleva a cambios en la forma de funcionar del sistema de recompensa del cerebro", señaló Kenny. "Adicción es un término cargado, pero en este caso, hay evidencia de adaptaciones parecidas a la adicción".

Cuando los investigadores suprimieron el receptor de manera artificial mediante el uso de un virus en los cerebros de otras ratas, éstas comenzaron a comer comida basura de forma compulsiva.

"Lo que pensamos que sucede es que a medida que la persona se vuelve obesa durante un periodo de tiempo, los receptores D2 disminuyen, lo que tiene mucho que ver con convertirse en un comedor compulsivo", aseguró Kenny, y añadió que es casi seguro que otros factores también tengan algo que ver.

También podría haber algo en la misma grasa acumulada que altere el umbral de recompensa del cerebro, creando un "círculo vicioso" de sobrealimentación sin sentirse satisfecho, apuntó Pietro Cottone, profesor asistente del Laboratorio de trastornos de la adicción de la Facultad de medicina de la Universidad de Boston.

"La única forma de volver a la normalidad probablemente es una dieta durante un largo periodo de tiempo, para perder el peso corporal, y no comer comida basura", aseguró Cottone.

Éste no es el primer estudio en encontrar similitudes entre la reacción del cerebro a los pastelitos y a las drogas ilegales. Un estudio anterior de Cottone y colegas sugirió que quitarles a las ratas la dieta rica en calorías podría llevar a efectos similares, aunque no idénticos, en el cerebro, que privar de las drogas y el alcohol.

En ese estudio, los investigadores dieron a las ratas una dieta regular durante cinco días, y luego las cambiaron a un alimento con sabor a chocolate y rico en azúcar. Cuando se les privó del alimento azucarado, mostraron señales de ansiedad y sus cerebros actuaron como si estuvieran mostrando abstinencia de alcohol o drogas. El estudio fue publicado en noviembre pasado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

En el estudio actual, las ratas fueron criadas con alimentos sanos, pero sus preferencias cambiaron con rapidez al ofrecérseles comida basura. Durante el día hacían meriendas y mordisqueaban, y aumentaron de peso con rapidez. Mientras más aumentaban de peso, más comían.

"Esto plantea un grave problema para los humanos", aseguró Kenny. "Muestra lo potente que puede volverse esta conducta".

El Dr. Julio Licinio, director de la Facultad de investigación en medicina John Curtis de la Universidad Nacional de Australia, dijo que las respuestas del estudio constituían "una de las muchas piezas faltantes en el rompecabezas de la obesidad y la adicción".

"Ahora que está claro que áreas del cerebro que tienen que ver con la adicción también están implicadas en la obesidad, la siguiente pregunta es: ¿por qué esas áreas se desregulan en algunas personas, pero no en otras?", planteó Licinio. "Y algo importante es, ¿por qué algunas personas tienen una tendencia biológica a la adicción a las drogas, mientras que otras recurren al alcohol, y otras a la comida?".

Más información

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. ofrecen más información sobre la obesidad.


Artículo por HealthDay, traducido por DrTango

FUENTES: Paul Kenny, Ph.D., associate professor, department of molecular therapeutics, Scripps Research Center, Jupiter, Fla.; Pietro Cottone, Ph.D., assistant professor, pharmacology and psychiatry, and co-director, Laboratory of Addictive Disorders, Boston University School of Medicine, Boston; Julio Licinio, M.D., director, John Curtin School of Medicine Research, Australian National University, Canberra; March 28, 2010, Nature Neuroscience

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