Los problemas de identidad de género podrían dañar la salud mental de los niños, según un estudio

Sentir que son del sexo equivocado podría llevar a la depresión, el abuso y el trastorno por estrés postraumático

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Reportero de Healthday

LUNES, 20 de febrero (HealthDay News) -- Nuevos estudios muestran que los niños que batallan con la identidad de género también se enfrentan a mayores riesgos de abuso y problemas de salud mental, que incluyen el trastorno por estrés postraumático (TEPT).

Los niños con trastorno de la identidad de género sienten una incomodidad potente y persistente con su sexo biológico. Su identifican con, y muestran conductas usualmente observadas en, el sexo opuesto.

Un estudio, del Hospital Pediátrico de Boston, observó los problemas emocionales y conductuales de los niños y adolescentes referidos a su clínica especializada para la evaluación y un posible tratamiento médico.

"El estudio solo se enfoca en los niños que experimentan un distrés o [tristeza] profundos con sus cuerpos cambiantes, y las manifestaciones psiquiátricas de ese distrés incluyen riesgos mucho más elevados de conducta de automutilación, depresión, intentos de suicidio y ansiedad", señaló el Dr. Scott Leibowitz, psiquiatra pediátrico afiliado con el Servicio de Gestión de Género del hospital.

Se incluyó a 97 pacientes menores de 21 años, 43 que nacieron con sexo masculino y 54 con sexo femenino. De los pacientes, 43 ya tenían síntomas psiquiátricos, 20 reportaron automutilación y nueve habían intentado suicidarse.

Los estudios aparecen en línea y en la edición de marzo de la revista Pediatrics.

El Dr. Walter Meyer III, autor de un editorial acompañante en la revista, dijo que muchos problemas surgen de las reacciones a las que se enfrentan estos niños en casa y en la escuela.

"Estos niños en realidad son normales, simplemente desean ser del otro sexo", apuntó Meyer, psiquiatra que trabaja con pacientes transgéneros en la Rama Médica de la Universidad de Texas, en Galveston. "Los que están bien ajustados y son bien aceptados en sus familias y en la escuela no tienen problemas psiquiátricos".

El otro estudio, de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Harvard, observó datos a largo plazo sobre casi 10,000 adultos jóvenes, con una edad promedio de 23 años. Los que puntuaron alto respecto a la inconformidad de género en la infancia eran más propensos a reportar abuso físico, psicológico y sexual en la niñez. Tenían casi el doble de probabilidades de sufrir de TEPT en la adultez temprana.

La "conformidad de género" se relaciona con la forma en que los niños se expresan (a través de su ropa, sus intereses y sus gestos) y cómo esas conductas encajan con lo que es típico de su sexo biológico.

Un experto señaló que el estudio es "importante" y que ayuda a averiguar por qué estos niños tienen problemas para afrontar su situación.

"Evalúa uno de los factores claves propuestos, el abuso infantil", apuntó Stephen Russell, profesor de estudios de la familia de la Universidad de Arizona. "Ha habido preocupación de que los padres podrían reaccionar a la inconformidad de género de forma negativa. Este es quizás el primer estudio en mostrar evidencia de ello, y de las implicaciones duraderas para la salud".

El temor a lo desconocido es parte del problema.

"Hemos visto en estudios de jóvenes LGBT [lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros] inconformes con el género que lo que la mayoría de personas piensa que es abuso proviene de la preocupación y el temor por parte de los padres, o sea, creen que pueden ayudar a sus hijos 'endureciéndoles' o enseñándoles a 'adaptarse'", planteó Russell. "Muchos padres literalmente no tienen un marco conceptual para comprender la inconformidad de género en los niños".

Mientras tanto, Meyer aseguró que ve señales de una creciente concienciación y aceptación, impulsadas por los medios. Una vez los padres están de acuerdo, el tratamiento puede comenzar, a veces muy temprano, señaló.

"A los 5 o 6 años, el tratamiento consiste sobre todo en psicoterapia y en trabajar con la familia para ayudar [a los niños] a adaptarse", apuntó Meyer. "A veces esto significa consolarlos y dejarles que se disfracen en casa. Algunos podrían comenzar la escuela asumiendo un nuevo sexo".

Parece haber una necesidad acumulada de tratamiento.

Desde que el Hospital Pediátrico de Boston estableció el Servicio de Gestión de Género en 2007, la población de inconformes con el género que buscan tratamiento se ha cuadruplicado.

"Al ofrecer servicios clínicos especializados e interdisciplinarios, se provee un lugar para que los padres acudan y busquen tratamiento", dijo Leibowitz. "Esto saca a mucha gente del armario, por decirlo así, y muestra que se trata de un problema menos estigmatizado, de forma que las personas puedan obtener las evaluaciones y tratamientos adecuados que merecen".

Algunos niños reciben tratamiento para retrasar la pubertad y darles algo de tiempo mientras deciden si someterse o no a un cambio de sexo.

Los bloqueadores de la pubertad, que no están cubiertos por el seguro, son costosos. "Las inyecciones pueden costar más de mil dólares al mes", dijo Leibowitz. Los implantes más recientes cuestan unos 3,400 dólares por dos años.

Bloquear los cambios irreversibles de la pubertad plantea ventajas para los que eventualmente optan por una transición sexual completa, a través de hormonas de cambio de sexo o de cirugía de reasignación sexual, señaló Leibowitz. "En sus cuerpos y apariencia, la sociedad les percibirá con el sexo que afirman, y así tendrán resultados más sanos", explicó.

"Como individuos que no experimentamos una incongruencia entre nuestras mentes y nuestros cuerpos, damos por sentado lo fácil que es la vida", añadió Leibowitz. "Solo hay que conocer a un niño y a una familia para ver cómo esto afecta sus vidas".

Más información

Visite el sitio web de TransActive pare ver una lista de recursos para los jóvenes transgéneros.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

© Derechos de autor 2011, HealthDay

FUENTES: Scott Leibowitz, M.D., child and adolescent psychiatrist, Gender Management Service, Children's Hospital Boston; Walter J. Meyer III, M.D., department of psychiatry and behavior sciences, University of Texas Medical Branch, Galveston; Stephen T. Russell, Ph.D., Distinguished Professor of Family Studies and Human Development, University of Arizona, Tucson; March 2012 Pediatrics

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