La anatomía femenina podría tener un rol importante en el éxito del esperma

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Reportero de HealthDay

MIÉRCOLES, 13 de febrero de 2019 (HealthDay News) -- En la carrera de la concepción, el cuerpo femenino está preparado para separar el esperma débil del fuerte, reportan unos investigadores.

El sistema reproductor de una mujer presenta toda una carrera de obstáculos que constituye una prueba de estrés del esperma, garantizando que solo los nadadores más fuertes tengan probabilidades de llegar al óvulo de la mujer, según un estudio reciente.

Unos pasajes estrechos parecidos a compuertas dentro del tracto reproductivo femenino obligan al esperma en competencia a forzar la entrada, garantizando que el esperma débil y menos viable se quede atrás, explicaron los investigadores.

"Es la supervivencia de los nadadores más rápidos", comentó el Dr. Harry Fisch, profesor clínico de urología y medicina reproductiva en el Colegio de Medicina Weill Cornell, en la ciudad de Nueva York. Fisch no participó en el estudio.

"Los que nadan de forma adecuada y… pueden pasar por las aperturas del sistema reproductor femenino son los que tienen las mayores probabilidades de fertilización", explicó.

Este nuevo conocimiento ayudará a las parejas que tienen dificultades para concebir a un bebé, ya sea al ayudar a la concepción natural o al mejorar el proceso de la fertilización in vitro, afirmaron expertos en medicina reproductiva.

El conteo espermático ha sido un enfoque continuo en la medicina reproductiva, pero los médicos no han estado seguros sobre cuál de tres características principales es la más importante, dijo Fisch.

Los médicos que evalúan el esperma observan la concentración (el número de espermatozoides), la morfología (la forma de los espermatozoides), y la motilidad (el porcentaje de espermatozoides que nadan), indicó Fisch.

Para ayudar en la concepción, los médicos primero se enfocaron en la concentración del esperma, contando la cantidad de espermatozoides en la eyaculación de un hombre, dijo Fisch.

"Después de eso, se pensaba que la forma del espermatozoide era esencial", indicó Fisch. "El espermatozoide debía tener una cierta forma ovalada, una cierta longitud y ancho, sin defectos. Pensábamos que era incluso más crítico que la concentración del esperma".

El nuevo estudio indica que los médicos no han dado suficiente énfasis a la motilidad del esperma, comentó Fisch.

"En nuestro consultorio, vemos muchos espermatozoides que no nadan mucho. Nadan un poco, y pensamos que probablemente está bien", dijo Fisch. "Esto ofrece información de que, para la concepción natural, la motilidad es más importante de lo que pensábamos".

En este estudio, investigadores de la Universidad de Cornell crearon un dispositivo que replicaba las propiedades de la mecánica de fluidos de unas intercepciones microscópicamente estrechas dentro del tracto reproductor femenino. Las llaman "constricciones".

Los investigadores encontraron que el esperma tanto de los humanos como de los toros tiende a acumularse en las constricciones. En ese punto, la mecánica de fluidos organiza el esperma: el esperma que nada más lento es barrido hacia atrás, mientras que los nadadores más rápidos siguen hacia delante.

El esperma tanto humano como de toro se movía en un camino con forma de mariposa a lo largo de la entrada de la constricción, y solo los espermatozoides que podían alcanzar cierta velocidad parecían ser capaces de mantener un camino que los ayudaría a continuar a lo largo del tracto reproductivo.

"En la naturaleza, cuando se comienza con un ambiente normal en que entre 60 y 100 millones de espermatozoides intentan lograr la fertilización con un óvulo, millones de años de evolución han refinado un sistema que parece darnos los resultados más óptimos", señaló el Dr. Natan Bar-Chama, director del Centro de Salud Reproductiva Masculina en Reproductive Medicine Associates of New York. Bar-Chama también es profesor asociado en la Escuela de Medicina Icahn de Mount Sinai, en la ciudad de Nueva York.

Fisch dijo que la información obtenida en este experimento de laboratorio podría mejorar la reproducción asistida en laboratorio al hacer que se mantenga lo más natural posible.

Para que el esperma del hombre tenga más probabilidades, los médicos podrían inyectarlo más adentro del tracto reproductivo femenino, planteó Fisch. Esto proveería un atajo para pasar las constricciones, y también proveería cierta competencia entre los espermatozoides en su carrera por el óvulo.

Los médicos también podrían "lavar" el esperma como forma de mejorar su fuerza al nadar, anotó Fisch.

"Se toma la eyaculación y se elimina el fluido que la rodea, y se pone en un fluido distinto, para que los espermatozoides puedan moverse mejor", apuntó Fisch. "Es algo que se hace cada día, pero esto podría conducirnos a más investigación sobre mejores formas de potenciar el movimiento del esperma".

Estos hallazgos también podrían mejorar la fertilización in vitro, añadió Bar-Chama.

Actualmente, los médicos toman cualquier esperma y lo inyectan en un óvulo, dijo. Al someter al esperma a una prueba riguroso del tipo usado en este experimento, un experto en fertilidad podría elegir los espermatozoides más fuertes.

"Cuando tenemos estas potentes tecnologías que circunvalan a la reproducción natural, nos gustaría de cualquier forma optimizar la filtración y la selección, y potencialmente este tipo de investigación representa un avance en ese aspecto", dijo Bar-Chama.

Los hallazgos aparecen en la edición del 13 de febrero de la revista Science Advances.

Este video, ofrecido por el equipo de la investigación, muestra las trayectorias del esperma que se monitorizaron en el estudio.

Más información

La Oficina para la Salud de la Mujer de EE. UU. ofrece más información sobre los problemas de concepción y fertilidad.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

© Derechos de autor 2019, HealthDay

FUENTES: Harry Fisch, M.D., clinical professor, urology and reproductive medicine, Weill Cornell Medical College, New York City; Natan Bar-Chama, M.D., director, Center of Male Reproductive Health at Reproductive Medicine Associates of New York and associate professor, Icahn School of Medicine at Mount Sinai, New York City; Feb. 13, 2019, Science Advances

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