Hallan que los desfibriladores implantados son rentables

Aseguran que los hallazgos podrían permitir mayor cobertura de Medicare

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Reportero de HealthDay

MIÉRCOLES 5 de octubre (HealthDay News/HispaniCare) -- Investigadores concluyeron que implantar desfibriladores a los pacientes de alto riesgo no sólo salva vidas sino que tiene sentido desde el punto de vista financiero.

En un análisis de datos de ocho estudios, los investigadores compararon la cantidad de años de vida adicionales de las personas que recibieron los dispositivos contra el costo de implantarlos o reemplazarlos.

Hallaron que los desfibriladores cumplen con los requisitos actuales de rentabilidad, que establecen el valor en dólares por cada año de vida de calidad en $50,000, según un informe publicado en el New England Journal of Medicine.

"Estos dispositivos son bastante costosos, pero si se utilizan en los pacientes adecuados, su valor se justifica", aseguró Gillian D. Sanders profesora asociada de medicina del Centro Médico de la Universidad de Duke.

La conclusión podría tener implicaciones financieras enormes, pues el gobierno estadounidense autorizó este año que Medicare y Medicaid pagaran por estos dispositivos. Se calcula que unos 500,000 estadounidenses de mayor edad podrían ser idóneos para que se les implanten desfibriladores, cuyos costos promedio de implantación se acercan a los $28,000.

Los desfibriladores, que emiten una descarga eléctrica para mantener un ritmo cardiaco regular, se implantaban originalmente sólo a quienes hubieran sufrido un ataque cardiaco, pero su uso se hizo rápidamente extensivo para otros pacientes de problemas cardiacos graves. La U.S. Food and Drug Administration calcula que se implantaron unos 416,000 desfibriladores entre 1990 y 2002.

"Los médicos comenzaron a darse cuenta de que no tenían que esperar a que la gente se muriera y que podían utilizar los dispositivos como una herramienta de prevención", aseguró el Dr. Mark Hlatky, coautor del estudio, profesor de investigación y políticas de salud de la Universidad de Stanford.

Como los ochos estudios incluían a pacientes con distintos problemas cardiacos, los resultados debieron ser analizados por individual y no colectivamente. Dos de los ocho ensayos no mostraron una tasa de mortalidad reducida con desfibriladores implantados. Pero los otros seis mostraron que el uso del desfibrilador aumentaba entre 1.01 y 2.99 años de vida al paciente. El costo por año adicional de vida se ubicó entre los $34,000 y los $70,000 , muy por debajo de los $100,000 que se considera que son el punto "no va más" en cuanto a la rentabilidad, según hallaron los investigadores.

En comparación, los desfibriladores de emergencia instalados actualmente en las aerolíneas comerciales costaron unos $36,000 por año adicional de vida, mientras que el uso de dilatadores, esos tubos metálicos que mantienen las arterias despejadas luego de un ataque cardiaco, alcanzan unos $24,000 por año adicional de vida, anotaron los investigadores.

Costará miles de millones implantarle estos dispositivos a quienes realmente lo necesitan, aseguró Sanders, y "si los médicos extienden el uso de los desfibriladores cardioversores implantables (DCI) a los pacientes de bajo riesgo, para los que la rentabilidad no es tan favorable, los costos para la sociedad aumentarán aún más".

Aún así, el estudio muestra que lograr que el gobierno pague por los desfibriladores "probablemente sea una buena decisión, un buen uso de los recursos de Medicare", aseguró.

El gobierno no tomó la decisión según el análisis entre el costo y el beneficio, anotó el Dr. Lee Goldman, profesor de medicina de la Universidad de California en San Francisco. En cambio, tomó la decisión por presiones políticas, dijo.

"Es vergonzoso que Medicare no pueda tomar la decisión por rentabilidad", opinó Goldman.

Más información

Para más información sobre los desfibriladores implantables, visite la U.S. Food and Drug Administration.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare

FUENTES: Gillian D. Sanders, Ph.D, associate professor, medicine, Duke University Medical Center, Durham, N.C.; Lee Goldman, M.D., professor, medicine, University of California at San Francisco; Oct. 6, 2005, New England Journal of Medicine

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