Las personas mayores que no conducen son más propensas a requerir cuidados

Un estudio sugiere que estar atado al hogar podría poner a los mayores en riesgo

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Reportero de HealthDay

MIÉRCOLES 31 de mayo (HealthDay News/HispaniCare) -- Si se pregunta si su padre que envejece terminará en un hogar de ancianos o de jubilados, fíjese si anda paseando en coche o si permanece en la casa.

Los hábitos de conducción de una persona mayor, o la falta de ellos, podrían ofrecer un vistazo a su futuro, según sugiere un nuevo estudio.

Los investigadores que estudiaron a las personas mayores que vivían en un pequeño pueblo de Maryland encontraron que los que habían dejado de conducir eran casi cinco veces más propensos a requerir asistencia con las comidas o atención de enfermeras, incluso cuando se tomaban en cuenta ciertos otros factores de salud. Los que nunca conducían o vivían en hogares sin conductores también fueron más propensos a necesitar cuidados.

"Esperamos que los adultos mayores tomen buenas decisiones sobre cuándo deben dejar de conducir, pero no reconocemos completamente las dificultades de no poder conducir para los adultos mayores", escribieron los autores del estudio.

Examinaron los resultados de una encuesta de 1993 a 1995 de adultos entre los 65 y 84 años de edad que vivían en o cerca de Salisbury, un pueblo con 23,000 habitantes. Revisaron qué sucedía con esos mayores hasta 2003 y recibieron casi 1,600 respuestas.

Los que habían dejado de conducir eran 4.85 por ciento más propensos a haber ingresado a un cuidado a largo plazo, que se definió como un hogar para ancianos, una institución de vida asistida o un hogar de jubilados que ofreciera transporte, servicios de alimentación o ambos, en comparación con individuos que continuaban conduciendo.

Los que nunca habían conducido eran 3.53 veces más propensos a estar en cuidado a largo plazo y los que vivían en hogares sin conductores eran 1.72 veces más propensos a necesitar cuidado.

Los hallazgos del estudio aparecen publicados en la edición de julio del American Journal of Public Health.

Ellen Freeman, autora principal del estudio e investigadora en la Universidad de Johns Hopkins en Baltimore, advirtió que el estudio no confirma una relación directa de causa y efecto entre no conducir y terminar en cuidado a largo plazo. Si bien los investigadores ajustaron sus cifrar para tomar en cuenta varios factores de salud, podrían haber olvidado algunos, apuntó.

Freeman añadió que los hallazgos del estudio "sólo deben ser generalizados a ciudades pequeñas como Salisbury que, en ese momento, no tenían transporte público". La situación podría ser diferente en una ciudad más grande donde es más fácil para los mayores moverse, apuntó.

Yael Harris, asesora principal de políticas de los Centers for Medicare and Medicaid Services, afirmó que los hallazgos del estudio podrían ser "razonables", aunque el número de personas mayores estudiadas fue bastante reducido.

Está claro que no conducir puede contribuir a una pérdida de la independencia y conllevar un "mayor declive" en los mayores, señaló Harris, quien también advirtió que sus comentarios no reflejan las opiniones de su agencia. "Si usted no conduce a ninguna parte, es menos probable que salga de la casa y las personas que se quedan en casa son más propensas a deprimirse", afirmó.

No conducir también podría evitar que los mayores obtengan atención médica, apuntó. "Es difícil ir al médico y esperan hasta que [sus problemas médicos] sean realmente malos".

Hay maneras de ayudar a los mayores que tienen problemas para salir de la casa, aseguró Freeman. "Los hijos pueden ayudar a sus padres mayores a descubrir maneras de mantenerse móviles aún después de que ya no conduzcan. Además, las comunidades y gobiernos pueden ayudar a crear alternativas a la conducción organizando conductores voluntarios y ofreciendo un fondo para transporte público dirigido a los mayores", señaló.

Más información

La American Geriatrics Society ofrece más información sobre las personas mayores y la conducción segura.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare

FUENTES: Ellen Freeman, Ph.D., researcher, Johns Hopkins University, Baltimore; Yael Harris, Ph.D., senior policy adviser, Centers for Medicare and Medicaid Services, Baltimore; July 2006 American Journal of Public Health

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