Los antipsicóticos aún se utilizan comúnmente en las residencias para personas mayores de EE. UU.

El uso de medicamentos fuera de etiqueta para controlar comportamientos parece formar parte de la 'cultura' de algunos centros, según un estudio

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Reportera de Healthday

LUNES, 11 de enero (HealthDay News/DrTango) -- Dos estudios recientes muestran que muchos estadounidenses que viven en residencias para personas mayores toman antipsicóticos muy potentes, a pesar de los intentos recientes del gobierno de EE. UU. por controlar esta práctica.

Este método puede controlar problemas de conducta, pero también puede poner en peligro la salud física. Desde que la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. instituyera la advertencia de "recuadro negro" en 2005, un estudio encontró una reducción de 19 por ciento en la prescripción de antipsicóticos atípicos en personas mayores con demencia. Sin embargo, los investigadores encontraron que en 2008, los antipsicóticos aún representaban el nueve por ciento de todas las recetas para este grupo.

"Lo que motivó la advertencia de seguridad [de 2005] fue un mayor riesgo de muerte entre los individuos que tomaban estos medicamentos, así que las ramificaciones de salud pública que se derivan del uso de estos fármacos en personas mayores con demencia, con frecuencia en residencias para ancianos y que se considera como una población vulnerable, son preocupantes", señaló el Dr. E. Ray Dorsey, profesor asistente de neurología del Centro Médico de la Universidad de Rochester y autor principal de uno de los estudios que aparece en la edición del 11 de junio de la revista Archives of Internal Medicine.

Los antipsicóticos, que se desarrollaron para tratar afecciones psiquiátricas como el trastorno bipolar y la esquizofrenia, se utilizan ampliamente fuera de etiqueta para controlar comportamientos difíciles en personas mayores con demencia.

De hecho, Dorsey señaló que sospecha que una gran mayoría del uso documentado en su investigación fue fuera de etiqueta.

En Estados Unidos, los antipsicóticos no están aprobados para tranquilizar la conducta, aunque un medicamento, la risperidona (Risperdal), se aprobó para ese fin en Canadá. Sin embargo, es poco común que los medicamentos con advertencias de recuadro negro se utilicen fuera de etiqueta.

"Existe una desconexión real entre la evidencia y los patrones de receta", destacó Becky A. Briesacher, coautora del segundo estudio, que también aparece en la edición del 11 de enero de Archives, y profesora asociada de medicina en la Facultad de medicina de la Universidad de Massachusetts en Worcester.

El estudio de Briesacher concluyó que las personas mayores que fueron ingresadas en residencias de la tercera edad ya tenían altas tasas de receta de antipsicóticos y que también eran más propensas a recibir estos medicamentos, lo que indica que una "cultura organizacional" podría estar impulsando la tendencia.

No obstante, de acuerdo con el Dr. Davangere Devanand, director de psiquiatría geriátrica del Instituto de Psiquiatría del Estado de Nueva York y del Colegio de médicos y cirujanos de la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York, no hay muchas alternativas para controlar la agresión y la agitación.

"Los únicos medicamentos que funcionan según las pruebas son los antipsicóticos, pero el problema es que tienen efectos secundarios, así que se pueden tener casos en los que sean efectivos en algunos pacientes, mientras que en otros puede causar efectos secundarios significativos. Es una cuestión de equilibro", dijo.

El estudio de Dorsey analizó principalmente el uso de antipsicóticos atípicos, es decir medicamentos de segunda generación. La clozapina, el primer antipsicótico atípico, se introdujo en Estados Unidos en 1989 y posteriormente le siguió la risperidona, la olanzapina y la paliperidona, de acuerdo con la información de fondo del estudio.

Los investigadores analizaron el número de veces que se sacaba el tema de los antipsicóticos durante las consultas médicas.

Entre comienzos de enero de 2003 y marzo de 2005, estas menciones crecieron a una tasa de 34 por ciento al año, 16 por ciento entre los pacientes mayores con demencia.

Al año siguiente después de la emisión de la advertencia, la mención de medicamentos atípicos descendió un dos por ciento en total y en 19 por ciento entre la población con demencia. Los descensos fueron evidentes al mes de la publicación de la advertencia.

Y para 2008, el uso de antipsicóticos entre la población de edad avanzada se había reducido en más de 50 por ciento.

No está claro si ese descenso fue "suficiente" o si los medicamentos aún se recetan de más, dijo Dorsey.

"El hecho de que el descenso de 19 por ciento sea apropiado se puede cuestionar", apuntó. "Podemos decir que los antipsicóticos atípicos se recetan con mucha frecuencia, que no están indicados para este uso y que la evidencia sobre su eficacia es limitada", agregó.

Devanand señaló que el "exceso de uso" aún es difícil de definir. "No creo que tengamos algún modo de saber qué constituye un exceso de uso. Nadie sabe cuál debería ser el uso", destacó.

El segundo estudio encontró que casi un tercio de los que viven en residencias para personas mayores reciben recetas para antipsicóticos y que un tercio de ese número no tenía demencia ni psicosis.

Los residentes que habían ingresado recientemente eran los más propensos a recibir este tipo de medicamentos si estaban en una residencia para personas mayores que recetaba de manera rutinaria tales medicamentos, lo que sugiere una cultura organizacional y que los pacientes no son los que impulsan a esta tendencia.

"Si se ingresa en una residencia para personas mayores que tiene una alta proporción de pacientes que toma antipsicóticos, se es más propenso a recibir estos medicamentos", apuntó Briesacher.

Más información

El Instituto Nacional de Salud Mental de EE. UU. tiene más información sobre los medicamentos para la salud mental.


Artículo por HealthDay, traducido por DrTango

FUENTES: Becky A. Briesacher, Ph.D., associate professor, medicine, University of Massachusetts Medical School, Worcester, Mass.; E. Ray Dorsey, M.D., assistant professor, neurology, University of Rochester Medical Center, Rochester, N.Y.; Davangere Devanand, M.D., director, division of geriatric psychiatry, New York State Psychiatric Institute and Columbia University College of Physicians and Surgeons, New York City; Jan. 11, 2010, Archives of Internal Medicine

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