Es verdad que la peor medicina con un poco de azúcar gustará

Algunos niños tienen una aversión evolutiva a los remedios y alimentos amargos, halla un estudio

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Reportero de Healthday

JUEVES, 21 de agosto (HealthDay News/Dr. Tango) -- Si su hijo no se toma su medicamento y evita el brócoli en la mesa, su cuerpo podría estar programado para responder de esa manera.

"Los niños rechazan los medicamentos que saben mal debido a la biología básica. Su sistema está diseñado para rechazar ese sabor, porque muchas sustancias tóxicas son amargas y de mal sabor", explicó la investigadora del gusto, Julie Mennella, del Centro Monell de sentidos químicos de Filadelfia.

Mennella presentó los últimos hallazgos sobre el sabor amargo y los niños el jueves en la reunión de la American Chemical Society en Filadelfia.

En una investigación anterior, Mennella y sus colegas identificaron una variación en un gen del sabor llamado TAS2R38, y hallaron que los niños que habían heredado un alelo de uno de los padres eran más propensos a ser sensibles a los sabores amargos, mientras que los tenían un alelo de ambos padres tenían eran muy sensibles a los sabores amargos.

Mennella apuntó que esto significa que si se pudiera bloquear de alguna manera la acción de este gen del sabor amargo, se podría bloquear la acción de uno de los receptores en la boca. El problema es que hay 25 receptores del sabor amargo, de acuerdo con Mennella. Por el contrario, apenas dos receptores del sabor se han asignado al sabor dulce, destacó.

"Nuestra biología básica nos dice que rechacemos lo amargo, porque es un veneno. En realidad estamos diseñados para rechazar estas cosas", aseguró.

En su última investigación, Mennella evalúo a más de 900 personas de 5 a 50 años. Hallaron que los niños con un alelo para el sabor amargo eran más sensibles que los adultos con la misma estructura genética, y Mennella apuntó que estas diferencias se desarrollan en la adolescencia.

"En muchos de los sentidos, la niñez es la etapa de mayor sensibilidad. La preferencia por sabores dulces y salados empieza a cambiar en la adolescencia", dijo Mennella.

Entre otros hallazgos se encuentran:

  • Cerca del 57 por ciento de los blancos y el 70 por ciento de los negros tienen un alelo del sabor amargo, lo que hace que sientan que el sabor de la verdura es más amargo.
  • 160 de los niños menores de 8 años tenían dos alelos para el sabor amargo, y estos pequeñines eran más propensos a aprender a tragarse las pastillas, probablemente para evitar el sabor de los medicamentos, dijo Mennella.

Entonces, ¿en qué ayuda este hallazgo a los padres que necesitan que sus hijos se tomen su medicación?

La Dra. Evelyn Reis, del Hospital infantil de Pittsburgh, recomienda a los padres que traten de enmascarar el sabor amargo lo mejor que se pueda. Primero, apuntó, pregúntele a su farmaceuta si hay algo que pueda hacer para hacer que el sabor del medicamento sea más agradable. Desde luego, destacó Reis, tampoco es deseable que la medicina tenga un sabor demasiado sabroso. "Recomiendo a los fabricantes de las medicinas que procuren que su sabor no sea demasiado sabroso, si no, los niños pensarán que son dulces", advirtió.

Si el farmaceuta no puede ayudar, usted puede mezclar los medicamentos con pequeñas cantidades de helado, compota de manzana o flan.

"Mi truco favorito es el sirope de chocolate antes y después del medicamento", dijo Reis.

En cuando a la aversión a las verduras, tanto Mennella como Reis recomiendan ofrecer una variedad de alimentos una y otra vez.

"Muchas veces, los niños rechazan un alimento y los padres se dan por vencido y no se lo dan de nuevo. Sin embargo, los padres deben perseverar y ofrecer los alimentos de nuevo. La exposición repetida podría ayudar", dijo Reis.

Mennella señaló que el sabor de las verduras podría desarrollarse en el útero, así que consuma una gran variedad de alimentos cuando esté embarazada y durante la lactancia.

Más información

Para saber más sobre el sentido del gusto, visite la Society for Neuroscience.


Artículo por HealthDay, traducido por Dr. Tango

FUENTES: Julie A. Mennella, Ph.D., member, Monell Chemical Senses Center, Philadelphia; Evelyn Reis, pediatrician, Children's Hospital of Pittsburgh; Aug. 21, 2008, presentation, American Chemical Society national meeting, Philadelphia

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