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Avances en medicamentos ayudan a combatir el alcoholismo

Estudios apoyan el uso de naltrexona y acamprosato

MIÉRCOLES 14 de julio (HealthDayNews/HispaniCare) -- Millones de estadounidenses con una historia de abuso del alcohol saben lo difícil que es dejar la bebida, pero dos avances médicos podrían ofrecerles muy pronto un poco más de ayuda.

Un medicamento, la naltrexona, funciona calmando la necesidad de beber y ha estado disponible en cápsulas en los Estados Unidos durante años. Sin embargo, una nueva inyección del medicamento una vez al mes podría muy pronto ayudar a los alcohólicos a tener su dosis diaria de naltrexona sin tener que tomarse una pastilla todos los días.

"La gente vino con la idea de que realmente quería intentar con esto porque les daba problemas recordar tomar el medicamento por sí misma", afirmó el Dr. Henry Kranzler, profesor de psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Connecticut e investigador líder.

Otro estudio investigó los efectos del acamprosato, un medicamento aprobado para su uso en Europa que aún espera aprobación de la U.S. Food and Drug Administration. Esa investigación fue dirigida por Elizabeth Houtsmuller, catedrática de biología del comportamiento de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins.

Ambos estudios aparecen en la edición de julio de Alcoholism: Clinical and Experimental Research.

Los grupos como Alcohólicos Anónimos (AA) y el apoyo de la familia y los amigos son fundamentales para ayudar a recuperar a loa alcohólicos para que se queden sobrios definitivamente.

Sin embargo, se han desarrollado agente farmacéuticos para ayudar a combatir la adicción. En los Estados Unidos, dos medicamentos, la naltrexona (vendida bajo la marca ReVia) y el disulfiram (Antabuse) son utilizados por muchos alcohólicos. La Naltrexona se desarrolló inicialmente para combatir la adicción a la heroína, pero los investigadores descubrieron que apaciguaba la necesidad de beber al bloquear los receptores de opiáceos del cerebro.

Aún así, el cumplimiento de los pacientes siempre es un problema con las terapias con medicamentos. Muchas veces, los alcohólicos dejan de tomar sus medicamentos "porque la bebida interfiere con su memoria o simplemente porque no quieren cambiar", dijo Kranzler. Lo que se necesita en casos como estos es algún mecanismo de emisión lenta, algo así como un parche, que no dependa de que el paciente recuerde o a los cambios en su estado de ánimo.

En su estudio, el equipo de Kranzler trató a 315 pacientes alcohólicos con naltrexona en una formulación intramuscular especial o con un placebo durante tres meses. Todos los pacientes asistieron a psicoterapia.

La inyección del "depósito" de naltrexona, administrada en el glúteo una vez al mes, está compuesta por pequeñas microcápsulas que liberan una cantidad constante del medicamento en el torrente sanguíneo con el correr del tiempo. El estudio fue financiado por el fabricante del producto, DrugAbuse Sciences Inc.

Según Kranzler, "el depósito de naltrexona de larga duración duplicó la tasa de abstinencia total, en comparación con el placebo, e incremento el número total de días de abstinencia en todo el grupo".

Los efectos secundarios fueron de poca importancia y el medicamento fue "bien tolerado en general", añadió. "Duele un poquito que te inyecten la nalga, pero la gente no parece molestarse mucho por eso".

En los Estados Unidos, la naltrexona está disponible para su uso actualmente únicamente en píldoras. Este estudio es parte de un esfuerzo para obtener la aprobación de la FDA para la formulación inyectable.

Sin embargo, los estudios han demostrado que la naltrexona no es para todo el mundo. "En general, para el alcoholismo, no hay un remedio que le funcione a todos", afirmó Houtsmuller, quien ayudo a investigar acerca del acamprosato, un medicamento contra el alcoholismo que actualmente se encuentra bajo revisión de la FDA. El estudio de su equipo fue financiado por una subvención del National Institute of Alcohol Abuse and Alcoholism.

La historia del acamprosato en Europa " ha sido bastante buena", sostuvo Houtsmuller. "Ha habido una cantidad de estudios clínicos grandes allá. Han mostrado más o menos de manera unánime que el acamprosato puede ayudar a la gente a abstenerse".

Lo que sorprende, sin embargo, es que los científicos no saben todavía cómo logra esto.

En su estudio de seis semanas, el equipo de Houtsmuller monitoreo de cerca los cambios fisiológicos y del comportamiento en 10 bebedores intensos que recibieron acamprosato diariamente y también tuvieron la oportunidad de beber varias veces durante el estudio.

Según Houtsmuller, el estudio funcionó mejor para revelar lo que el acamprosato no hace para evitar que la gente beba. "No altera la absorción o la eliminación del alcohol", dijo. "Tampoco parece que funcione cambiando los efectos subjetivos del alcohol, la 'experiencia' de beber".

Los individuos que bebieron mientras consumieron acamprosato parecían más sedados que de costumbre, pero no está claro si este efecto es suficiente para evitar que continúen consumiendo alcohol.

Una teoría que algunos expertos comparten es que el medicamento actúa en el sistema glutamato, un proceso neuroquímico del cerebro. El sistema glutamato parece afectar los antojos de los alcohólicos, lo que los ayuda a alcanzar esa sensación de "normalidad" que sólo beber les brinda. Aún así, el efecto del acamprosato, si lo hay, en el sistema glutamato, sigue siendo "especulativo", recalcó Houtsmuller.

En estos días, los medicamentos, la psicoterapia y los grupos como AA son recursos fácilmente disponibles para los alcohólicos comprometidos con cambiar sus vidas, sostuvo Kranzler.

"Vemos que la gente se mejora todo el tiempo", dijo.

Aún así, para muchos alcohólicos, la lucha contra su adicción requiere toda una vida de vigilancia. "Las recaídas son comunes", dijo Kranzler, "y deben nuevamente dedicarse a estar sobrios cada vez".

Más Información

Para mayor información sobre el alcoholismo y las maneras de permanecer sobrio, visite el National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism.

FUENTES: Henry Kranzler, M.D., professor of psychiatry, University of Connecticut School of Medicine, Farmington; Elizabeth Houtsmuller, Ph.D., assistant professor of behavioral biology, Johns Hopkins University School of Medicine, Baltimore; July 2004 Alcoholism: Clinical and Experimental Research
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