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El consumo episódico excesivo de alcohol podría ser la mayor amenaza que representa, según una encuesta

Estudio en Nuevo México sugiere que es un problema más grave que el alcoholismo

JUEVES 25 de enero (HealthDay News/HispaniCare) -- Una encuesta de todo el estado de Nuevo México sugiere que la mayoría de los estadounidenses que beben en exceso probablemente, de hecho, no sea alcohólica, sino que tenga un consumo episódico excesivo de alcohol.

Aunque la encuesta reveló que el 16.5 por ciento de los residentes del estado beben en exceso, sólo el 1.8 por ciento de los hombres y las mujeres entrevistados cumplieron con la definición oficial de dependencia del alcohol.

A su vez, se encontró que la mayoría de estas personas que beben en exceso participan en "consumo episódico excesivo de alcohol", lo que se define como consumir cinco o más bebidas una detrás de la otra.

"El consumo episódico a corto plazo, y no el alcoholismo, es el problema predominante relacionado con el alcohol", afirmó Jim Roeber, coautor del estudio y epidemiólogo del alcohol del Departamento de Salud de Nuevo México en Santa Fe.

En un informe en la edición de febrero de Alcoholism: Clinical & Experimental Research, los autores hicieron referencia a las cifras de 2001 de los U.S. Centers for Disease Control and Prevention (CDC), resaltando el trágico impacto del abuso grave de alcohol.

En ese año, se calcula que 75,000 estadounidenses perdieron la vida debido a un consumo excesivo de alcohol, apuntaron los investigadores.

Según los CDC, los hombres que consumen un promedio de más de dos bebidas al día se consideran "bebedores excesivos". Para las mujeres, esa definición comienza con más de una bebida al día.

Tanto los autores del estudio como los CDC señalaron que el consumo excesivo de alcohol se relaciona con la aparición de muchos problemas graves de salud, como cirrosis hepática, pancreatitis, varios tipos de cáncer, hipertensión arterial, además de elevar el riesgo de depresión y suicidio.

El abuso del alcohol también promueve una variedad de conductas peligrosas, como conducir u operar maquinaria bajo los efectos del alcohol.

Para evaluar la naturaleza del problema en Nuevo México, Roeber y sus colegas analizaron una encuesta telefónica de 2002 llevada a cabo por el Departamento de Salud de Nuevo México, con ayuda de los CDC.

Los investigadores se enfocaron en la conducta de consumo de alcohol en el mes anterior a la entrevista y pidieron a casi 4,800 residentes del estado mayores de 18 años que recordaran con qué frecuencia habían realizado un consumo episódico excesivo, bebido en demasía o conducido un vehículo bajo los efectos del alcohol. También se evaluó la dependencia del alcohol.

Se definió a las personas identificadas como "dependientes" como aquellas que habían experimentado tres o más problemas relacionados con el alcoholismo el año anterior, un aumento en la tolerancia al alcohol, síntomas de abstinencia al no consumir alcohol, deseo persistente de consumir alcohol, beber más de lo que inicialmente se planeaba, dedicar tiempo excesivo a la bebida, evitar otras actividades sociales o relacionadas con el trabajo debido al consumo de alcohol, desarrollar problemas psicológicos relacionados con el alcohol o no poder dejar de beber.

Conducir bajo los efectos del alcohol se definió como conducir por lo menos una vez cuando "tal vez se había bebido demasiado" en los 30 días anteriores.

Roeber y su equipo encontraron que, si bien el 55 por ciento de los entrevistados era bebedor actualmente, menos del 2 por ciento era en realidad alcohólico. El alcoholismo fue más prevalente entre los hombres jóvenes, los que contaban con educación universitaria y los que no eran blancos.

Esto fue en un marcado contraste con el casi 17 por ciento de los entrevistados que bebían en exceso, entre quienes el consumo episódico excesivo era por mucho el problema más común, evidente en casi el 88 por ciento de ese grupo.

Los investigadores encontraron que aunque sólo el dos por ciento de los entrevistados había conducido en estado de embriaguez, casi el 12 por ciento de los bebedores excesivos y poco más del 17 por ciento de los alcohólicos lo había hecho en el mes anterior.

Aún así, los investigadores concluyeron que, a pesar de tener uno de los índices de alcoholismo más altos de los Estados Unidos, la mayor parte del problema de Nuevo México con el alcohol se da en función de la bebida en exceso y no, de hecho, por el alcoholismo.

Roeber espera que el hallazgo sobre Nuevo México conduzca a un cambio nacional en política de salud pública. Actualmente, la política destina aproximadamente $4 mil millones al tratamiento de alcoholismo, mientras que apenas mil millones se destinan a la prevención del abuso del alcohol.

"Hay toda una variedad de maneras distintas de intervenir y tratar de prevenir el consumo episódico excesivo, lo que es muy distinto a tomar a una personas que tiene dependencia del alcohol y brindarle tratamiento", apuntó.

Entre algunas de las maneras específicas de controlar la bebida excesiva se encuentran aumentar el precio del alcohol, mejorar la aplicación de las leyes de edad mínima para beber y fortalecer la vigilancia contra la bebida excesiva en los bares, señaló Roeber.

Deborah Dawson, epidemióloga del National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism de Washington, D.C., estuvo de acuerdo con ese punto de vista.

"Nuestros propios estudios muestran una situación similar a nivel nacional, así que diría que los hallazgos de Nuevo México son un patrón representativo de todos los Estados Unidos", señaló Dawson. "Entonces, idealmente necesitamos asignar dinero tanto para la prevención como para el tratamiento y no sólo para uno de éstos".

El Dr. Timothy Naimi, médico de salud pública de Nuevo México que trabaja como parte del Equipo de alcohol de los CDC, también estuvo de acuerdo.

"¿Prevenimos los ataques cardiacos esperando en las salas de emergencia que la gente llegue con dolor de pecho?", preguntó. "No. Para prevenirlos, tratamos la hipertensión y el colesterol. No hacer lo mismo con el alcohol es tonto. De otra manera siempre será muy tarde y el esfuerzo será en vano".

Naimi afirmó que el estudio es una importante llamada a la acción tanto para los bebedores como para los profesionales médicos.

"Una defensa típica de alguien que tal vez beba de manea arriesgada, cuando un ser querido o médico les pregunta sobre su consumo de alcohol, es decir que no es un alcohólico", anotó Naimi. "Y el punto es que eso tal vez sea verdad, pero no significa que esas personas que beben demasiado no están en riesgo de problemas relacionados con el alcohol".

"Entonces, necesitamos reconocer que los riesgos de beber en exceso comienzan mucho antes de que las personas alcancen la etapa de alcoholismo", añadió Naimi. "Porque aunque no todos los bebedores excesivos se convertirán en alcohólicos, ese es apenas uno de la gran cantidad de resultados negativos que provienen de beber en exceso. Y, por supuesto, los alcohólicos no nacen así. De hecho, todos fueron alguna vez personas que bebían en exceso de una manera menos grave".

Más información

Para más información sobre el exceso de bebida y el alcoholismo, visite el U.S. National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare
FUENTES: Jim Roeber, M.S.P.H., alcohol epidemiologist, New Mexico Department of Health, Santa Fe; Timothy Naimi, M.D., public health physician, Alcohol Team, Centers for Disease Control & Prevention, Atlanta; Deborah Dawson, Ph.D., epidemiologist, National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism, Washington, D.C.; February 2007, Alcoholism: Clinical & Experimental Research.
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