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Las barreras del idioma son un problema para casi la mitad de las farmacias de los EE.UU.

Un estudio encuentra que demasiadas farmacias no pueden ayudar con seguridad a los clientes que no hablan inglés

LUNES 6 de agosto (HealthDay News/Dr. Tango) -- Si la experiencia de un grupo de farmaceutas del área de Milwaukee es indicativa, casi la mitad de las farmacias de los EE.UU. no puede comunicarse ni suministrar información a los clientes que no hablen inglés.

Eso significa que hasta 168 millones de los 4 mil millones de recetas administradas cada año se dirigen a pacientes que no pueden comprender por completo la información que se suministra, lo que los pone en riesgo de errores de medicamentos potencialmente perjudiciales, según encuentra un estudio reciente.

Los hallazgos "deberían presionar un poco a la profesión médica y a las farmacias sobre la necesidad de que de verdad tienen que ayudar a sus pacientes a comprender cómo tomar sus medicamentos", señaló un experto, el Dr. Robert Schwartz, profesor de medicina familiar y salud comunitaria de la Facultad de medicina Miller de la Universidad de Miami. Schwartz no participó en el estudio.

La investigación, que aparece en la edición de agosto de Pediatrics, fue liderada por el Dr. Glenn Flores, profesor de pediatría y salud pública del Centro médico Southwestern de la Universidad de Texas en Dallas. Su equipo encuestó a 175 farmacias del condado de Milwaukee, Wisconsin, para determinar qué tipos de servicios ofrecen a los clientes que no hablan inglés.

De las 128 farmacias que respondieron a la encuesta, el 53 por ciento podía casi siempre o siempre suministrar etiquetas de recetas en un idioma que no fuera en inglés, el 46 por ciento podía casi siempre o siempre ofrecer paquetes de información que no fueran en inglés, y el 36 por ciento podía casi siempre o siempre comunicarse en un idioma que no fuera en inglés. Fue menos probable que las farmacias comunitarias pudieran comunicarse con los clientes que no hablaban inglés, mientras que era más probable que las que usaban servicios telefónicos de interpretación pudieran comunicarse.

De las farmacias que podían suministrar información escrita en un idioma extranjero, la mayoría (el 88 por ciento para las etiquetas de las recetas y el 95 por ciento para los paquetes de información) usaba software para hacerlo. Entre las farmacias que ofrecían comunicación verbal en un idioma extranjero, dos tercios usaban personal bilingüe, un tercio usaba intérpretes telefónicos y alrededor de uno de nueve usaba un miembro de la familia o amigo del paciente para hacerlo.

En general, el 55 por ciento de los encuestados afirmaron estar satisfecho o muy satisfecho con su capacidad para comunicarse con los clientes que no hablan inglés.

El estudio muestra que "hay importantes barreras en la actualidad [para los que no hablan inglés] para conseguir una atención de alta calidad", concluyó Flores.

La solución, afirmó, es que las farmacias contraten personal adicional que hable otros idiomas; aumenten la calidad y variedad de idiomas disponibles en su software y aumenten el uso de servicios telefónicos de interpretación.

"Estoy impresionado, porque trae a la luz pública un asunto muy importante", aseguró Schwartz. Sin embargo, considera que el equipo podría haber encontrado resultados distintos en una comunidad más étnicamente diversa. Según las cifras citadas en el estudio, el 16 por ciento de la población del condado de Milwaukee habla un idioma que no es el inglés en el hogar y el 7 por ciento tienen una competencia limitada en el inglés.

"Si se hiciera en Miami, probablemente habría resultados diferentes", apuntó Schwartz. "Hay muchas farmacias en Miami donde sólo se habla español. Es probable que un angloparlante tuviera también que pedir ayuda en esas farmacias".

Flores dijo que el tema del idioma y la comunicación precisa no está en la conciencia de muchos de los farmaceutas del país. "Siempre me sorprende negativamente cuando viajo por el país y los farmaceutas dicen que nunca se lo han planteado", afirmó.

Una farmacia que claramente ha pensado en el asunto es el Centro médico Maimonides de la ciudad de Nueva York, que ofrece servicios a una clientela de pacientes que hablan unos 60 ó 70 idiomas y dialectos, según la presidenta y directora ejecutiva Pamela Brier, quien no participó en el estudio.

Los servicios farmacéuticos del hospital ofrecen información (pero no etiquetas) sobre las recetas en cualquiera de 10 idiomas principales, inglés, español, mandarín, cantonés, ruso, italiano, urdu, árabe, francés y polaco, y también ha hecho un esfuerzo por contratar personal que sea fluido en esos idiomas, apuntó Brier. Los servicios de interpretación telefónica y el personal (no farmacéutico) bilingüe ayuda a cerrar las brechas. Por ejemplo, la clínica de mujeres ha observado un aumento en paciente de Bangladesh.

"Es un problema inmenso en la atención urbana", apunta Brier. "No veo cómo se puede atender gente si no habla el idioma y no comprende la cultura, simplemente no es posible".

Flores señaló que las barreras idiomático pueden tener consecuencias médicas reales. Mencionó el caso de una niña que tenía anemia por deficiencia de hierro que fue hospitalizada después de que sus padres hispanoparlantes le dieran una sobredosis de su medicamento de 2.5 veces, porque no entendieron bien la etiqueta de la receta. Decía "15 mg [miligramos] por 0.6 mL [mililitros], 1.2 mL al día". Supusieron que quería decir administrar 15 mL.

Una cosa que los pacientes que no hablan inglés pueden hacer para ayudarse a sí mismos, apuntó Flores, es pedirle a sus médicos que indiquen en sus recetas que la etiqueta y/o la información asociada sea suministrada en un idioma que el paciente comprenda. Además, deben informar al farmaceuta cuando no comprenden la información que les entregan.

"Creo que esta combinación podría ayudar a estimular a los farmaceutas para que sepan que se trata de un asunto importante. Esto compromete la seguridad del paciente, así que debemos hacer algo al respecto", afirmó.

Más información

Para más información sobre salud en español, o en nueve idiomas más, visite los U.S. Centers for Disease Control and Prevention.


Artículo por HealthDay, traducido por Dr. Tango
FUENTES: Glenn Flores, M.D., director, division of general pediatrics, and professor, pediatrics and public health, University of Texas Southwestern Medical Center and Children's Medical Center, Dallas; Robert Schwartz, M.D., professor and chair, family medicine and community health, University of Miami Miller School of Medicine; Pamela Brier, president and CEO, Maimonides Medical Center, Brooklyn, N.Y.; August 2007, Pediatrics
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