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Los médicos cuentan sus historias sobre las bombas de los terroristas en Londres

Recuerdan un día de terror y las lecciones que aprendieron

MIÉRCOLES 10 de agosto (HealthDay News/HispaniCare) -- Las austeras páginas de esta semana del New England Journal of Medicine recuentan una vívida historia de lo que significó ser un médico y enfrentarse a la carnicería de las bombas de los terroristas en Londres el 7 de julio.

Los médicos también ofrecen algunos consejos prácticos sobre el manejo de las consecuencias físicas y psicológicas de un ataque como este.

Uno de los cuatro informes sobre el sangriento día fue escrito por el Dr. Peter J.P. Holden, un médico familiar de Matlock y funcionario de la British Medical Association (BMA).

"Un cambio de planes de último minuto hizo que me quedara trabajando en la BMA House, preparando una reunión", recuerda Holden. "Fue algo del destino".

A medida que los colegas se juntaban para la reunión, comenzaron a surgir señales del problema. Los vehículos de emergencia se acercaban y un helicóptero médico sobrevolaba. "Encendimos la televisión y claramente estaba pasando algo importante. Sentí escalofríos. Estaba sentado en el mismo lugar cuando vi lo que pasó el 11 de septiembre", escribió Holden.

Entonces, a las 9:50, "todo pareció rosado momentáneamente. Hubo una enorme explosión. Algunos de mis colegas se veían aterrorizados. Podíamos ver el humo blanco y los escombros caer sobre la plaza".

La sede de la asociación está en Tavistock Square, donde una de las cuatro bombas colocadas ese día por los terroristas arrancó el techo de un autobús doble y mató a 13 pasajeros. Un total de 56 personas murió en las cuatro explosiones, las cuales también detonaron en las estaciones de metro.

Holden fue uno de los médicos que corrieron a ayudar a los supervivientes del ataque del autobús. Lo pusieron a cargo del grupo.

"Yo había recibido entrenamiento para una situación como esta durante 20 años, pero con la idea de que formaría parte de un equipo de rescate, apropiadamente vestido y equipado, y moviéndome con precisión casi militar", escribió. "En vez de eso, estaba en mangas de camisa y con un traje a rayas, sin bolígrafo ni papel, y técnicamente soy una víctima no herida. Todo lo que tengo es mi identificación, guantes quirúrgicos y las expectativas de mis colegas".

La mayoría de ellos "no había atendido una baja en 20 años. Aceptaron mis instrucciones sin un murmullo. Milagrosamente, establecí el mando".

El primer trabajo es una operación de clasificación, en la que se clasifican los heridos que necesitan el tratamiento con mayor urgencia, y luego "entregar a los pacientes a la cadena de rescate de manera ordenada". El atasco hace que los suministros y las ambulancias lleguen lentamente, pero se está haciendo el trabajo. Para el mediodía, las 15 personas que están siendo tratadas en la sede de la asociación y sus cercanías son trasladados a un hospital, en orden de prioridad clínica. Se reporta que seis heridos más están en un hotel cercano y éstos también son trasladados a hospitales. "Todas las víctimas que entraron a la BMA House, excepto una, han salido con vida y en mejor forma que a su llegada", anotó Holden.

"Creé una estación de clasificación de bajas a la sombra de una estatua conmemorativa a los médicos que prestaron servicio en la Segunda Guerra Mundial", escribió. "Espero que los hayamos hecho sentirse orgullosos".

Las lecciones médicas del día son descritas por los Drs. Jim Ryan y Hugh Montgomery del University College London. Se esperaba un ataque terrorista. "La pregunta, decían los expertos, no era si sucedería, sino cuándo".

Pero el alcance del ataque, cuatro explosiones simultáneas de bombarderos suicidas en diferentes lugares, la mayoría bajo el suelo, puso una enorme presión sobre los servicios de emergencia. Los médicos apuntaron que tales ataques pueden esperarse en el futuro, no sólo con explosivos sino también con agentes biológicos y gas venenoso.

Entonces, debe existir una capacitación coordinada, "no restringida a unos pocos expertos; muchos médicos que estaban cerca del lugar ayudaron con la atención de las bajas en cada una de las escenas. Se deben capacitar especialistas en nuevas habilidades, tales como rescate, clasificación y transporte". Y cada ciudad debe estar preparada para un ataque como estos, brindando capacitación y equipos de emergencia, afirmaron.

La respuesta a los efectos psicológicos de un ataque terrorista no tiene que ser tan rápida, anota un comentario del Dr. Simon Wessely, profesor de psiquiatría del Kings College London. Ensayos controlados con personas involucradas en accidentes vehiculares y otras experiencias traumáticas han demostrado que la consejería inmediata tiene poco o ningún efecto beneficioso, aseguró.

"En general, frecuentemente subestimamos cómo se comportarán las personas frente a la adversidad", afirmó Wessely. Aún en la peor situación, cuando quedaron atrapadas en el subterráneo en la oscuridad, pocas personas entraron en pánico.

Wessely dijo que una secretaria que trabajaba en la universidad y que quedó atrapada bajo el suelo por una de las explosiones le contó que incluso cuando comenzó a entrar humo en el carro oscuro, la mayoría de las personas permaneció en calma. Un hombre joven en el carro había perdido una pierna en la explosión; un empleado amarró su correa alrededor de su pierna, y salvó la vida del hombre al evitar que se desangrara.

Wessely anotó que los británicos han pasado por este tipo de cosas antes. Recuerda que la novelista Virginia Woolf, que vivió en Tavistock Square, llegó un día luego de que sonara el fin de alerta en octubre de 1940 y encontró que su casa había sido destruida por una bomba alemana durante un ataque aéreo. Y el Ejercito Republicano Irlandés hizo explotar una cantidad de bombas en la ciudad en décadas posteriores.

Pero el ataque del 7 de julio fue diferente a los llevados a cabo por el ERI, afirmó. "Con el ERI, había una sensación de que el juego tenía reglas", afirmó. "No intentaban matar el máximo número de civiles".

Pero los civiles británicos pueden animarse con el hecho de que el sistema de respuesta de emergencias funcionó y funcionó bien, anotó Wessely, y no tienen que estar asustados en el futuro.

"Debemos tener cuidado de no cambiar del lenguaje del valor, la resistencia y el orgullo bien merecido al lenguaje del trauma y la victimización", escribió. "Las bombas han creado más que suficientes victimas, es importante que no creemos más sin querer".

Más información

Para más sobre la preparación contra el terrorismo, visite el U.S. Department of Homeland Security.


FUENTES: Simon Wessely, M.D., professor, psychiatry, Kings College London; Aug. 11, 2005, New England Journal of Medicine
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