Un experimento mejora la salud de los presidiarios y reduce los costos

Se observan mejoras en enfermedades tales como el asma y la diabetes en las prisiones de Texas

MARTES 27 de julio (HealthDayNews/HispaniCare) -- Un experimento de atención de salud en las prisiones de Texas ha producido resultados inesperados: costos disminuidos en conjunto con una mejor calidad.

Por lo menos esa es la opinión de los que realizan el experimento.

"Es algo real", dijo el Dr. Ben Raimer, autor principal del estudio que aparece en la edición del 28 de julio del Journal of the American Medical Association y jefe médico ejecutivo y vicepresidente de atención de la salud correccional administrada de la Extensión Médica de la Universidad de Texas (UTMB) en Galveston.

Otros expertos no están tan seguros.

"Generalmente se hacen declaraciones muy positivas sobre el estado general de las cosas en las prisiones", afirmó Donna Brorby, una abogada de San Francisco que fue asesora jurídica entre 1978 y 2002 de un grupo de prisioneros de Texas que demandaron sobre la base de que la calidad de la atención era tan mala que violaba la Octava Enmienda, la cual prohíbe el castigo cruel e inusual.

La atención de la salud en las prisiones de EE.UU. fue principalmente ignorada hasta los 70, cuando la American Public Health Association publicó los primeros estándares nacionales completos de atención de la salud para las instalaciones correccionales. La American Medical Association también estableció los estándares, a la vez que una cantidad de decisiones de juzgados obligaron a hacer reformas.

"Las historias de problemas con la atención de la salud [en el sistema de prisiones] son muchas y muy sorprendentes. Hay personas que mueren por causas trágicamente ridículas", afirmó Jamie Fellner, director del U. S. Program en la Human Rights Watch en la ciudad de Nueva York. "Un individuo murió en Misisipí a causa de lesiones por estar en la cama. Empeoraron tanto que nadie pudo hacer nada".

Hace cerca de una década, el Texas Department of Criminal Justice contrató a UTMB para ofrecer el 78 por ciento de la atención a los reclusos de todo el estado, mientras que el restante 22 por ciento fue adjudicado al Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad Tecnológica de Texas.

Texas tiene uno de los sistemas correccionales más grandes del mundo occidental, con 145,000 reclusos. Para comenzar, la salud de los reclusos no era muy buena. Según un estudio de reclusos apresados entre agosto de 1997 y julio de 1998, el 60 por ciento de los prisioneros fueron diagnosticados con por lo menos una condición médica, incluyendo asma, diabetes, hepatitis, VIH y varias condiciones psiquiátricas.

Bajo el nuevo sistema, se ofrecen varios niveles de atención, como clínicas ambulatorias primarias en las mismas prisiones, 16 enfermerías en todo el estado, centros médicos regionales y una prisión hospital en UTMB, construida en 1983, la primera prisión hospital localizada dentro de un centro médico académico. También existen programas de tratamiento especializado en diferentes unidades y un uso extensivo de la telemedicina, incluyendo conferencias telefónicas con especialistas.

Según el estudio, esta organización ha causado un cumplimiento general más amplio con los estándares de la atención, de un 40.1 por ciento en 1994 a un 96.8 por ciento en 2003. Además, el nivel promedio de glucosa en los pacientes con diabetes tipo 1 disminuyó, así como los niveles de colesterol de los pacientes con presión sanguínea alta. Además, la tasa de muertes relacionadas con el SIDA disminuyó de 1.5 muertes por cada 1,000 reclusos en 1995 a 0.24 muertes por cada 1,000 reclusos en 2002. Y la tasa de muertes relacionadas con el asma disminuyó de 3.3 por cada 1,000 reclusos en 1999 a cero en 2002.

Finalmente, según un cálculo citado en el estudio, el programa ha permitido ahorros de $750 millones en 10 años. El sistema correccional de Texas gasta la suma relativamente baja de $315 millones por año en atención de la salud, en comparación con $1,000 millones en California, que tiene alrededor de 160,000 reclusos, según el estudio.

Sin embargo, Brorby señaló que el artículo no detalló suficientemente los pasos específicos llevados a cabo por el programa para mejorar la salud en el sistema de prisiones.

"No creo que el artículo nos dé suficiente información para decir si el cumplimiento ha aumentado", dijo Brorby. "Parece como una reducción increíble en las tasas de muerte por asma, pero cuando se obtiene este tipo de resultado dramático, realmente hay que hacerse preguntas. Puede haber sido un cambio en la manera en que codifican las muertes".

En el transcurso de su demanda, Brorby dijo haber descubierto que la excelente atención que se ofrecía en el centro hospitalario de UTMB no era necesariamente continuada en las prisiones. "Había fallos en la supervisión", apuntó.

Sin embargo, los autores del estudio, junto con el autor del editorial acompañante, el Dr. Newton Kending de la Oficina de Prisiones federal, sugirieron que el modelo se use para otras poblaciones que no reciben suficientes servicios, tales como Medicaid, Medicare y el Children's Health Insurance Program. Otros sistemas de prisiones, incluyendo el de California, también están observando este programa como algo que imitar.

Más Información

Para más información general sobre las prisiones y los derechos de los reclusos, visite la American Civil Liberties Union.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare
FUENTES: Ben G. Raimer, M.D., chief physician executive and vice president, correctional managed healthcare, University of Texas Medical Branch, Galveston; Jamie Fellner, director, U.S. Program, Human Rights Watch, New York City; Donna Brorby, attorney, San Francisco; July 28, 2004, Journal of the American Medical Association
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