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El Zitromax no es una cura segura para la sífilis

Los investigadores aconsejan precaución al usar esta penicilina oral

MIÉRCOLES 7 de julio (HealthDayNews) -- Los doctores confían cada vez más en una penicilina de administración por vía oral llamada Zitromax para tratar a los pacientes de sífilis en vez de la terapia tradicional, dos dolorosas inyecciones de penicilina G benzatina en los glúteos.

Sin embargo, un informe que aparece en la edición del 8 de julio del New England Journal of Medicine sugiere que la terapia más reciente, conocida por su nombre genérico azitromicina, podría no siempre funcionar.

"El mensaje básico de este estudio es que este medicamento particular, la azitromicina, el cual está siendo utilizado cada vez más por los médicos para tratar la sífilis, podría no ser la mejor opción", afirmó la autora del estudio, Sheila A. Lukehart, profesora de investigación de medicina en la Universidad de Washington en Seattle.

El Dr. Edward W. Hook III, experto en enfermedades infecciosas en la Universidad de Alabama en Birmingham, afirmó que se necesitan más estudios pero estuvo de acuerdo con que la nueva investigación significa una importante nota de precaución.

"Un uso incontrolado de la azitromicina no debería llevarse a cabo a menos que se realice un completo y cuidadoso seguimiento", dijo.

Si bien la azitromicina no está actualmente recomendada por los U.S. Centers for Disease Control and Prevention para el tratamiento de la sífilis, el medicamento se hizo popular entre los clínicos como una alternativa conveniente y efectiva a la terapia tradicional.

"La están usando [la azitromicina] debido a que el medicamento actualmente recomendado, la penicilina benzatina, no es un medicamento agradable de administrar o recibir", explicó Lukehart. "Es un volumen muy grande, es espeso, es doloroso de recibir".

La sífilis es una enfermedad transmitida sexualmente, causada por la bacteria Treponema pallidum. Actualmente, es particularmente común en hombres homosexuales, muchos de los cuales están infectados con el VIH.

Las autoridades de salud de los Estados Unidos reportaron más de 32,000 casos de sífilis en 2002, según el Center for HIV, STD and TB Prevention de los CDC. Este número incluye a 6,862 casos de sífilis primaria y secundaria.

En su etapa primaria, la sífilis se caracteriza por una sola lesión o varias lesiones en el pene, la vagina, el ano o la boca de la persona. Si no se trata a tiempo o de manera adecuada, puede llegar a la etapa secundaria, marcada por una erupción en una o más partes del cuerpo. Otras señales de sífilis secundaria pueden incluir fiebre, glándulas linfáticas hinchadas, dolor en la garganta, caída parcial del pelo, dolores de cabeza, pérdida de peso, dolores musculares y fatiga.

Sin el tratamiento, la infección permanece en el cuerpo, aunque la persona no muestre síntomas. La sífilis en etapa avanzada puede dañar los órganos internos, llevando a dificultades en la coordinación de los movimientos musculares, parálisis, pérdida de la sensibilidad, ceguera gradual, demencia e incluso muerte.

La penicilina continúa siendo el mejor tratamiento para luchar contra la sífilis. Hasta la fecha, no ha habido reportes documentados de ninguna cepa de la bacteria T. pallidum que sea resistente a la penicilina.

Pero, ¿es la azitromicina tan efectiva como la penicilina G benzatina para eliminarla?

Lukehart, quien había estado recolectando muestras de bacterias de la sífilis para un estudio no relacionado con el actual, comenzó a hacerse esta pregunta luego de asistir a una conferencia científica con el Dr. Jeffrey D. Klausner, director de Prevención de ETS y Servicios de Control en el Departamento de Salud Pública de San Francisco, y coautor del nuevo reporte.

"Me mencionó que había visto un par de pacientes que pensaba que habían fallado en la terapia con azitromicina para la sífilis", recontó Lukehart.

También recordó investigaciones previas que identificaron una cepa del T. pallidum resistente a la eritromicina, un antibiótico de la misma clase de medicamentos que la azitromicina.

¿Podría la mutación genética que causó la resistencia a la eritromicina ser responsable por las aparentes fallas con la azitromicina? Muestras de T. pallidum obtenidas de clínicas de ETS en San Francisco, Seattle, Baltimore y Dublin, Irlanda, confirmaron que la misma mutación genética estaba presente.

La frecuencia de la mutación entre las cepas muestreadas varió de una localización geográfica a otra. En Dublín, el 88 por ciento de las muestras contenían la mutación. En San Francisco, la proporción de las muestras que contenían la mutación saltó del 4 por ciento en 1999 al 37 por ciento en 2003.

Lukehart explicó que una cepa de T. pallidum ha llegado a una población donde se está diseminando, o hay alguna presión que está animando a cepas seleccionadas a sobrevivir.

Por otro lado, el estudio de Lukehart describe a pacientes que fueron descubiertos porque no les iba bien con la azitromicina, anotó Hook. No está claro cuántas personas en las cuatro ciudades fueron tratadas exitosamente.

Un ensayo actual patrocinado por el National Institute of Allergy and Infectious Diseases comparando la azitromicina con la penicilina benzatina para el tratamiento de la sífilis en sus etapas iniciales debe proveer algunas respuestas, anotó.

"Si los resultados de ese análisis hubieran mostrado una tasa de fallos significativamente mayor entre los pacientes tratados con azitromicina, este estudio hubiera sido detenido", añadió Hook.

Más Información

La American Social Health Association tiene más información sobre la sífilis.

Traducido por HispaniCare

FUENTES: Sheila A. Lukehart, Ph.D., research professor, medicine, Division of Allergy and Infectious Diseases, University of Washington, Seattle; Edward W. Hook III, M.D., professor, medicine and epidemiology, University of Alabama at Birmingham, and medical director, STD Control Program, Jefferson County Department of Health, Birmingham, Ala.; National Center for HIV, STD and TB Prevention, Division of Sexually Transmitted Diseases; U.S. Centers for Disease Control and Prevention; July 8, 2004, New England Journal of Medicine
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