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Ratones revelan una clave para la infertilidad

Descubrimiento de células uterinas podría conducir a nuevos tratamientos

MIÉRCOLES 4 de mayo (HealthDay News/HispaniCare) -- Estudios en hembras de ratón infértiles están ayudando a los científicos a comprender por qué a veces las mujeres no pueden concebir.

Los roedores han sido manipulados especialmente para que carezcan de un receptor específico en las células de la matriz, conocido como receptor de ácido lisofosfatídico (ALF). Aunque producen óvulos de manera normal, tras la fertilización éstos embriones de por sí saludables enfrentan problemas al implantarse en una matriz con deficiencia de este receptor.

El hallazgo podría aplicarse en mujeres, porque también cuentan con receptores ALF en la superficie de sus células uterinas. Los investigadores del informe que aparece en la edición del 4 de mayo de Nature señalan que su descubrimiento podría abrir nuevas áreas de investigación y tratamiento para la fertilidad.

"Existen influencias por identificar que pueden ayudar en la implantación, fertilidad y nacimiento", dijo el investigador principal, el Dr. Jerold Chun, profesor de neurociencia del Instituto de Investigación Scripps en La Jolla, California. "Hemos empezado a observar una nueva vía de señalización basada en las grasas".

"Cuando se aísla sólo un receptor de grasa, designado como LPA3, éste produce un cambio en la habilidad del ratón para implantar de forma correcta los embriones", sostuvo Chun. "Eso fue sorprendente, porque este sistema de señalización particular no había sido observado por nadie en términos de influenciar la implantación".

En sus experimentos con ratones carecientes del receptor ALF, el equipo de Chun halló que la forma en que los embriones eran colocados en la matriz había cambiado, así que el número de embriones implantados se redujo. En vez de una implantación normal, los embriones se agruparon, y muchos de ellos compartían la misma placenta.

"Estos hallazgos sugieren que puede haber algunas otras estrategias para mejorar el éxito de la implantación", declaró Chun. Sin embargo, advirtió que ahora mismo no existe ningún dato humano que respalde esa teoría.

Entre los factores que podrían alterar el ALF en humanos se encuentran problemas autoinmunes y factores genéticos, agregó el investigador de California.

Aunque Chun considera que el hallazgo podría explicar por qué ocurren la mayoría de fracasos en las implantaciones. "Quizás haya factores por identificar que influyen en las tasas de fracasos de los implantes", puntualizó.

Los expertos en fertilidad tuvieron reacciones mezcladas sobre los hallazgos.

El Dr. Jaime A. Grifo, director de la División de Endocrinología Reproductiva en el Centro Médico de la Universidad de Nueva York, advirtió que los hallazgos en ratones no siempre se extrapolan a los humanos.

"Todo este sistema se da en ratones, y aún no está claro qué tan operativo sea en la producción de infertilidad en ratones normales", especificó Grifo. "Lo siguiente en investigar sería, ¿se presenta en humanos de la misma manera?, y de ser así, ¿tiene el mismo impacto?".

Grifo también señaló que esos problemas de implantación constituyen sólo un pequeño porcentaje de los problemas de fertilidad. "La mayor parte de los problemas son del embrión, y no de implantación", explicó.

Otro experto, el Dr. Robert Taylor, jefe de obstetricia y ginecología de la Universidad Emory, comentó que, si los hallazgos resultan válidos, las mujeres que usan analgésicos como la aspirina y Celebrex también corren un alto riesgo de infertilidad, ya que estos medicamentos pueden inhibir la vía del ALF.

"Una de las preguntas es '¿Qué tan seguros son estos medicamentos, en términos de ejercer un efecto sobre la implantación?'", dijo. "Este es otro estudio que nos hace pensar que puede existir un riesgo en estos medicamentos de uso común. Teóricamente, esto podría perjudicar el implante en alguien que ya tenga un problema de implantación".

Taylor tampoco está seguro de que tratar esta vía para mejorar la implantación sea lo más acertado. "En mi opinión, este estudio levanta más preocupaciones sobre la investigación en torno a esta vía, en vez de tratar de usarla como una forma de ofrecer cierto tipo de terapia".

Un tercer experto que trabaja con proteínas similares halló que el estudio es importante. "No es del todo sorprendente que una molécula en esta vía pueda estar involucrada en la implantación", dijo el Dr. Hugh Taylor, profesor asociado de obstetricia y ginecología de la Facultad de Medicina en la Universidad de Yale.

No está de acuerdo con Grifo en que los problemas de implantación afectan sólo a un pequeño número de mujeres con problemas de fertilidad. "El mayor obstáculo es el proceso de implantación", manifestó. "Y para los tratamientos de fertilidad, constituye aún el mayor peligro. No lo entendemos. Podemos estimular una gran cantidad de óvulos, podemos forzarlos para que sean fértiles, pero no podemos implantarlos".

El investigador de Yale anotó que los problemas de implantación son la razón por la que los médicos usan múltiples embriones durante la fertilización in vitro (FIV). Esto a menudo resulta en nacimientos de gemelos o trillizos que suele ser tan común en la FIV, agregó.

"Este el principal problema de la tecnología reproductiva de hoy en día", aseguró. "Cualquier cosa que podamos aprender sobre lo que regula la implantación es enormemente importante, y este hallazgo puede conducir a mejoras en el tratamiento de fertilidad".

Más información

El National Women's Health Information Center tiene más información sobre la infertilidad.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare
FUENTES: Jerold Chun, M.D., Ph.D., professor, neuroscience, The Scripps Research Institute, La Jolla, Calif.; Jaime A. Grifo, M.D., Ph.D., director, Division of Reproductive Endocrinology, New York University Medical Center, and professor, medicine, NYU School of Medicine, New York City; Robert Taylor, M.D., professor and chairman, obstetrics and gynecology, Emory University, Atlanta, Georgia; Hugh Taylor, M.D., associate professor, obstetrics and gynecology, Yale University School of Medicine, New Haven, Conn.; May 4, 2005, Nature
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